Minimalismo

“Sobreemoticonosis”

¿Por qué abusamos de los emoticonos y del ‘jaja’? Se nos hace especialmente difícil terminar una conversación escrita sin poner una carita y, hasta tal punto hemos llegado, que los emoticonos se han introducido incluso en el ‘asunto’ de un correo electrónico y no ya solo en el cuerpo del mensaje. Y para más inri, hemos hecho cojines.

‘Jaja’, ‘jeje’, ‘jiji’ ¿Por qué inundamos nuestras conversaciones con muñecos?

Tardamos más en escribir, pasando de la pantalla alfabética a los símbolos y viceversa. Una y otra vez. No somos nada resolutivos y pequeños gestos como estos nos conducen a procrastinar y enredar. No nos basta la palabra y rebuscamos el icono correcto. ¿No te has preguntado nunca por qué hacemos esto? ¿Te reconoces abusando de los emoticonos?

Tenemos miedo. Nos da pavor la malinterpretación y esta es de lo más común en la mensajería escrita. Como no hemos aprendido a comunicarnos de manera escrita con un buen manejo de las emociones, ni hemos aprendido a enfatizar con consonantes y vocales, es bastante fácil que tu amiga se tome mal esa última frase, que tu pareja crea que no te ha sentado bien lo que te dijo o que te hayan herido aquellos modos de tu colega en WhatsApp.

Vivimos asustados e introducimos continuos chascarrillos, risas escritas y largas, muñecos amarillos contentos, muertos de risa, sonrojados, pensativos, tristes… Lo cierto es que si supiéramos manejar el contenido emocional de nuestras frases, podríamos obviar los emoticonos. Sabemos cuánto poder tienen las palabras y no obstante no nos esforzamos en aprender a manejarlas. Sin emoticonos, somos un mono con pistola. Podemos herir, confundir, ser osados, dejar perplejos o dar lugar a equívocos.

Con este panorama, sin duda la mejor opción resulta la conversación oral, y preferiblemente presente, cara a cara y conscientes de nuestra expresión facial y corporal. En lo posible, si quieres que tu mensaje (crucial o banal, lo mismo da) llegue en el tono correcto, llama. Descuelga el teléfono y cuéntalo sin caritas.

Pero la mensajería escrita es bien cómoda y efectiva. Hoy te propongo un ejercicio de minimalismo en los mensajes. Probemos una semana a expresarnos sin emoticonos, a poner especial hincapié en ‘cómo’ decimos lo que queremos transmitir. Esfuérzate por dejar claro el tono de tu voz con el sencillo uso de la palabra.

Juega a ser escritor y procura que los personajes de tu novela produzcan las sensaciones que tú deseas.

¿Te animas a mejorar tu expresión escrita y a prescindir de los ‘extras’? Vivir una vida sencilla en las tecnologías también es todo un reto. Porque usar menos cosas te obliga a ser mejor.

Menos objetos implica cuidarlos mejor.
Menos tareas implica volcarte plenamente.
Menos distracciones implica ser productivo.

Menos emoticonos implica expresarte mejor. ¡Menos es más!

 

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