Alimentación·Ayudas y trucos

Tú no tienes la culpa de que tu hijo no coma

Si crees que tu hijo podría morir de hambre porque come las porciones de una ardilla y cada día tienes peleas a la hora de comer y cenar, este puede ser un buen momento para empezar a relajarte. Para empezar a desprenderte de la culpa que te persigue. Porque no eres la culpable de que tu hijo no coma. O de que coma pero no lo que debería. Es probable que ya hayas pasado por el libro ‘Mi niño no me come’ de Carlos González y sabrás que el niño sí que come (si camina, sonríe y juega no está muriéndose de hambre) aunque no lo que nosotros quisiéramos. O no en la porción que esperamos.

Mi hijo come poco

En primer lugar, tenemos un concepto erróneo y muy estandarizado de las porciones. No queremos que comparen a nuestro hijo con ninguno. Y sin embargo queremos que coman todos por igual. Los tarros de comida para bebés no son una medida para todos los niños. Los tarros de fruta tampoco. En concreto cuando mis mellizos han tomado un tarro de este tipo estando fuera de casa, han compartido uno para los dos. Y a veces ni tan siquiera lo han acabado. Mandarina tiene una complexión normal pero Limón está como dirían las abuelas ‘fuerte’ así que no, no pasan necesidad. Los niños sobrealimentados son niños más tranquilos porque su cuerpo pasa tiempo de más enfocado en la digestión, pero no se trata de ‘cebar’ a tu hijo para poder tener una tarde de paz.

De hecho, los padres anulamos su sensación de saciedad desde muy pequeños porque no aceptamos el no. No aceptamos que deje de comer cuando solo lleva tres bocados. No aceptamos que no se vaya a comer el plato entero que has estado 30 minutos cocinando. Y no solo no lo aceptamos, sino que lo vivimos como un rechazo o desprecio hacia nuestro trabajo. Enfocamos su negativa como una ofensa personal: no le ha gustado lo que le he hecho, no le gusta cómo cocino, no quiere comer mi comida, no come nada de lo que le pongo…. ¡ya no sé qué ponerte!

¿Cuánto debe comer?

Nadie conoce a su hijo mejor que su mamá, con el tiempo entenderás qué porción sacia a tu hijo y, si bien no le pondrás menos de eso, tampoco esperarás que se lo coma todo siempre. A veces te sorprenderá y otras comerá justo lo que esperas pero ¿por qué ibas a ser más feliz cuando el plato está vacío que cuando está a la mitad? Que tu felicidad sea que tu hijo tenga comida a disponibilidad y sepa calcular cuándo su estómago está lleno. Esto es una fortuna para la edad adulta, en la que comemos por ansiedad, aburrimiento o pena y no sabemos decir basta ante un estómago repleto.

Olvida el percentil

Por encima del percentil o por debajo del percentil no debe preocuparte en absoluto. Lo importante es DENTRO del percentil. Si te soy sincera, no peso a mis hijos, no van al pediatra más que cuando toca revisión y hago poco caso a esto de los percentiles y las medidas. Mis hijos juegan, ríen, descansan y bueno… comen a su manera. Cada niño tiene un consumo calórico diferente y un apetito distinto (que fluctúa con las estaciones… mis hijos comen menos cuando hace calor y Limón sobrevive a base de teta).

Si mis hijos quieren, pueden repetir. Pero no tienen una cantidad mínima que tragar (Denaye Barahona nos aconseja aquí no instigarlos a comer ‘un bocado más‘). Si no te sientes bien cuando tu hijo te devuelve el plato casi entero, reduce las comidas a tres: desayuno, comida y cena. Y evita los snacks y meriendas para que llegue con más apetito a las grandes comidas. Si crees que no puede aguantar, usa la lógica de adelantar los horarios. Los mellizos desayunan a las 7.30, comen a las 12.30, meriendan a las 17.00 y cenan a las 19.00. Fresa desayuna a las 7.30, come a las 15.00 (toma un desayuno en el cole a las 11.00), merienda a las 17.00 y cena a las 19.00 con sus hermanos. Si meriendan mucho, no puedo esperar un gran éxito de platos vacíos en la cena y viceversa.

Mi hijo come mal

Muchos me han preguntado al ver mis fotos de Instagram si los niños también comen lo que yo y si comen estupendamente.

Para hacerte un resumen, mi marido me preguntó ayer por teléfono si los niños habían cenado y yo le contesté con un: yo les he puesto la cena. Nos reímos porque son cosas distintas lo que yo ponga en el plato y lo que ellos coman.

Yo añado verduras y ensaladas a sus platos que, salvo honradas excepciones nadie toca. ¿Por qué lo sigo haciendo entonces? Porque creo que ellos deben aprender qué cosas conforman un buen plato. Deben habituarse a los alimentos que ahora toman por enemigos y yo no les fuerzo a comerlos, como tampoco les fuerzo a comer todo lo demás. No quiero que crezcan con el miedo al verde. Fresa conoce el nombre de todas las verduras aunque solo sea capaz de comerlas en cremas o potajes. Pero definitivamente las verduras no son unas desconocidas en su vida.

¿Cuál es tu papel en todo esto?

Como madre interesada en la nutrición, soy la responsable de dar a mis hijos una alimentación saludable. Soy la responsable de ofrecer, surtir y proveer. Y salvo que tus hijos aún necesiten que les ayudes con los cubiertos, la responsabilidad acaba ahí. No eres la culpable de que no se tomen las verduras y sí el chocolate. Al contrario eres una buena mamá por ofrecerles una buena alimentación.

Es inevitable que a tu hijo le guste el dulce. Nacimos con una predisposición a este sabor, el pecho es dulce y dulces son los alimentos de más fácil consumo para los humanos, las frutas. Estamos biológicamente construidos para el dulce pero existe este sabor en alimentos limpios como las propias frutas. No puedes modificar la inclinación al dulce (ni tiene mucho sentido) pero puedes ofrecer en casa las opciones más saludables. Recuerda que tú te encargas de proveer. Cuando un niño tiene hambre, come. Esto es animal e indiscutible. Pero lo cierto es que nuestros hijos raramente llegan al punto de tener hambre profunda y real como para comer sin quejas.

Ahora pienso mucho en mi madre, en los disgustos que pude darle con la comida y en cómo le sorprendió que acabara haciéndome vegana. Yo que no probaba nada verde, que me alimenté mis primeros años prácticamente a base de jamón, que no podía comer fuera sin hacer espectáculo. Lo siento mamá, no era tu culpa.

La culpa no es tuya

En un apropiado artículo de Forks Over Knives planteaban una comida como un concierto de rock donde preparas todo a la perfección y cuando llegan tus diminutos comensales no recibes más que abucheos mientras te preguntas ¿qué he hecho mal? Pues nada, la culpa no es tuya.

Lee esto bien, mamá:

  • Si no quieren comerlo no es culpa tuya
  • Que no les guste no quiere decir que esté mal cocinado
  • …. o que el producto sea de mala calidad
  • … o que no lo hayas hecho con todo el cariño
  • Que no tengan hambre no está relacionado con que tu elección haya sido mala
  • Si hoy come no quiere decir que mañana lo haga y viceversa
  • Tú no tienes que adivinar lo que comerán o las cantidades

Cambia tu enfoque

Piensa en cuando van a la cama. Que tengan una cama no quiere decir que vayan a dormir cuando tu quieras, cuanto tú quieras, como tu quieras y que cada día hagan una norma del sueño. Esto está medianamente aceptado pero con la comida seguimos haciendo batalla interna. Y lo peor, sufrimos sin necesidad.

Hay cosas mejores que hacer en la comida que discutir sobre lo que comemos. Si gusta si no gusta si es poco si es mucho si no puedo o me duele la barriga o me da asco o yo no quería o hacemos un trato… bla, bla, bla, es agotador. Acordé con Fresa que no quería vivir ni una pelea más sobre la comida. ‘Yo te alimentaré sana y tú comerás lo que estimes’. Puede que no coma todo lo que hay en el plato pero sé que todo lo que hay en el plato es bueno. Lo que a nivel de nutrientes se haya dejado en el almuerzo, lo compensaré con lo que ofrezca para merendar o cenar.

Pero no elige ella, que no tiene la información. Elijo yo.

No presumas como cosa tuya lo que tus hijos comen. Acepta que son seres individuales, pequeños y en formación. Respeta su estómago y no tengas prisa en que comprendan qué es una buena elección.

Lo haces bien y lo haces poco a poco.

 

Si como yo crees que los adultos somos el gran ejemplo de nuestros hijos y necesitas mejorar tu relación con la comida, échale un ojo a mi programa Desapego Alimentario.

Y si crees que este post puede ayudar a una mamá sufridora a vivir una crianza sin agobios, ¡compártelo!

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7 comentarios sobre “Tú no tienes la culpa de que tu hijo no coma

  1. Muy buen post Bea. Yo aun no soy madre pero creo que este post puede ayudar mucho y yo aprenderlo para cuando sea. Tengo sobrinos pequeños y uno de ellos es malo para comer. Recuerdo mi madre y yo q sufriamos cuando veiamos que solo le entraban dos cucharadas a nuestro pequeño Juan y mi hermana decia pues ale ,lo q no comas ahora para mas tarde. Jejej. Era agotador darle de comer . Ahora tiene 7 años y come casi de todo. Un abrazo

  2. Viendo tu artículo veo que lo estamos haciendo bien! Nunca hemos obligado a la niña a comer ni a un bocado más, solo ella sabe cuando está llena. A mi no me gustaría que me obligasen a seguir comiendo estando llena, es horroroso o comer sin hambre aun peor! Lo que no querrías que hicieran contigo no se hace con los niños. Tampoco tengo hambre siempre a la misma hora ni hago todos los días las mismas comidas. Es como el pecho, ellos sabem cuanto y cuando comer. Me ha gustado mucho el artículo.

  3. Muy de acuerdo en todo. Mi peque, con 16 meses, también sobrevive a base de teta y fruta, así que se queda con lo mejor 🙂
    El pediatra está preocupado por el percentil bajo pero yo nada, le veo feliz, sano y con energía.
    Gracias por explicarte tan bien 🙂

    1. Gracias a ti, Paloma. Percentiles bajos son normales, fuera de percentil es preocupante. Como tú dices, un bebé sano, con energía y feliz, se escapa a cualquier medición. La vida es bastante más directa que los números. Abrazos.

  4. Primero me presento. Soy Paula, vegana y tengo dos niños omnívoros de 5 y 3 años. Tienes un blog precioso y super interesante. Que decirte con respecto a la comida… es toda una batalla, o por lo menos lo fue con la mas peque. Pero algo que aprendí fue a no obligarla a comer, porque obtienes el efecto contrario. Soy una mama afortunada con el tema de la aceptación de la comida, en el sentido de que comen toneladas de frutas y verduras y al mayor le encanta la espinaca cruda y la lechuga y se la come así nomas. Siempre pienso que pueden comer mejor, pero con mi marido mega omnivoro chatarrero es mas complicado (aun asi y todo, el reconoce que come mal, pero no quiere cambiar sus hábitos. En fin, felicitaciones y aqui me quedo

    1. ¡Paula! Cómo me he reído con tu marido ‘omnívoro chatarrero’ jaja. Es verdad que las mamás suelen ser el inicio de la transición pero al final, todos caen ¡o ese es mi objetivo! 😉
      Gracias por tu comentario, estás en tu casa. Como dices, eres una afortunada, y con 5 y 3 años ya tienes lo peor pasado. Han adquirido buenos hábitos. Te felicito. Recibe un abrazo

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