Minimalismo

Minimalismo y familia grande: un testimonio brutal

Este post sobre minimalismo y familia numerosa me hace especialmente feliz porque se trata de una traducción al español de uno de mis blogs minimalistas más admirados. Cait Flanders es una mujer inspiradora y muy capaz que ha tenido la amabilidad de darme permiso para traducir un post que me impactó no hace mucho. La contracción de una deuda le llevó a adoptar el minimalismo en su vida y a escribir su libro ‘The year of less’ donde el subtítulo ya nos dice mucho ‘Cómo dejé de ir de compras, dejé ir mis pertenencias y descubrí que la vida vale más que cualquier cosa que puedas comprar en una tienda’. ¿Intrigante, verdad? Te recomiendo que la sigas y hoy te dejo una traducción de un post invitado de su web.

Un año con la soga al cuello

Jillian es amiga de Cait y comenzó en el minimalismo como casi todos, sin intención o premeditación hace tres años y medio. Mientras tenía una exitosa entrevista de trabajo, fue consciente de que su cabeza estaba enormemente distraída con las llamadas perdidas y los mensajes de texto que iban a hacer estallar su móvil. Y es que, en ese mismo instante, una trabajadora social acababa de dejar un niño de 5 años en su casa. Un niño de grandes ojos color avellana que había pasado ya por cinco hogares.

“La trabajadora social estaba bastante segura de que tampoco nosotros podríamos manejarlo. Tengo una mirada suave y una sonrisa dulce que ocultan la profundidad de mi amor, tenacidad y agallas. Mencionó, casi sin darle importancia que tenía también dos hermanas pequeñas. Ninguna familia había conseguido mantenerlos juntos y el Estado no pretendía reunirlos de nuevo. Yo tan solo sonreí dulcemente y dije: Bueno, no somos las demás familias. Cuando estés lista, estamos listos para cualquier cosa. Fue una mentira. Nadie está completamente listo. Sus hermanitas se mudaron pocos meses después. El siguiente año viví con la soga al cuello.”

Jillian se vio con cuatro niños pequeños en casa (6, 5, 2 y 1 año). Además tuvo doce citas por semana para reuniones, terapias y otros profesionales. Incluso encuentros difíciles con los padres biológicos y citas en los juzgados. Trabajadores sociales, abogados, jueces… todo sumado a la incertidumbre de no saber qué le deparaba el futuro a estos niños que tanto amaba.

“Tenía las habilidades, el conocimiento, las herramientas y el amor que necesitaban. Pero estaba agotada”

Acababa sus días llorando en silencio hasta que las pesadillas de los niños comenzaron. Cada una o dos horas durante tres años.

En el artículo, Jillian cuenta una posición desgarradora donde describe a los niños como un cúmulo de terror, felicidad y conflictos. Niños que llaman ‘madre’ a varias mujeres en menos de dos años de vida. Así expresa cómo era prepararlos para sus visitas dos veces por semana con los padres biológicos: “Era como vestir a toda una camada de gatitos enojados con disfraces y sacarles una foto“. Vestirlos “para que fueran criticados, menospreciados o ignorados por la familia biológica. Yo sonreiría con mi dulce sonrisa y luego iría a llorar sola a mi mini furgoneta“.

Si ya de por sí el proceso de crianza es complicado, estos niños “vivían en un constante estado de ansiedad, sin saber si estarían con nosotros para el próximo cumpleaños, o en Navidad, o cuando comiencen las clases”.

“El minimalismo nos encontró”

Con tremenda situación, Jillian tuvo que apostar ese año por la opción más fácil en cada decisión. La prueba de fuego era preguntarse ‘¿Es esto más fácil o más difícil?’. He aquí algunas decisiones prácticas que tomó:

  • Dejó de usar ropa de color porque no tenía el tiempo o la habilidad para combinarla.
  • Dijo no y optó por declinar la mayoría de sus compromisos que, de hecho, eran opcionales.
  • Sacó a sus hijos de los deportes.
  • Comió el mismo desayuno cada día.
  • Le dijo a los maestros de sus hijos que no estaban haciendo ninguna tarea. NINGUNA. Ni en lectura, ni en cálculo… reconoció honestamente que ni siquiera iba a mirarlos. “Estaba muy agradecida por lo que los maestros estaban haciendo en la escuela pero no podía añadir ‘profesora’ a mi lista de cosas que apretar en nuestras tardes”.
  • Estableció límites con los profesionales. ‘No, no puedo cambiar nuestra cita cada semana. O mantenemos el tiempo establecido o lo omitimos’. Con doce citas en el calendario, las modificaciones no eran una opción.
  • Aprendió a ser minimalista en sus relaciones. “La mayoría de la gente fue increíblemente comprensiva, alentadora y entendieron la importancia de lo que estábamos haciendo. Y algunas personas… no lo hicieron. No tenía energía de sobra para escuchar ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Por qué no los devuelves? El sistema está tan roto, no deberías aguantar esto…” 

“Empecé a ser consciente de que vivo en un cuerpo humano real que necesita comida, agua, ejercicio y sueño. Empecé a acomodar estas demandas aparentemente irrazonables en mi cuerpo no-robot”.

Poco a poco su situación fue mejorando hasta ver auténticos brotes verdes. Entonces, en la misma semana de junio de 2015 les pidieron oficialmente que adoptaran a los niños y descubrieron que estaban embarazados. Tras siete años de intentos con largos y caros tratamientos de fertilidad, “Incluir un bebé no entraba definitivamente en mi lema ‘más fácil, no más difícil’“.

minimalismo y familia
Fotografía extraída de caitflanders.com

Minimalismo y familia ‘nivel ninja’

Con una familia de 6 personas viviendo en 153 metros cuadrados, empezaron a escuchar la frase “Entonces ¿cuándo os mudáis a un lugar más grande?. Pero el dicho ‘un bebé lo cambia todo’ es verdad”.

“Resulta que no queríamos más y mayor. Toda nuestra vida ya era ‘más y más grande’. Queríamos menos. En realidad, todos necesitamos menos. Menos desorden. Menos limpieza. Menos agotamiento. Menos perturbación. Menos compromisos.”

Más objetos y más espacio no le iban a dar lo que realmente necesitaban: creatividad, viajes, tiempo en el jardín, historias y mimos, tranquilidad…

Más no es mejor

Donaron el 50% de los juguetes de los niños y optaron por mantener fuera tres a la vez para jugar con ellos. En lugar de la ansiedad, las peleas y la frustración a la que los niños se enfrentaban cuando querían jugar ante un gran montón de juguetes, simplemente jugaron lenta y cuidadosamente con cada juguete. Ya no había que limpiar, recoger y ordenar cada noche así que este gesto les devolvió una montaña de energía emocional y relacional.

Para deshacerse de las cosas, se preguntó si los objetos eran ‘grandes trabajadores’ o ‘perezosos’, esto es, si según su uso valía realmente la pena la conservación. Porque no tenían espacio para objetos ‘perezosos’ o que se usaran poco. Asimismo se preguntaría ‘Si no tuviera uno de esos y lo viera en un mercadillo por 5 dólares ¿lo compraría instantáneamente y con alegría?‘. Si la respuesta era no, no merecía la pena colocarlo en casa.

“Al principio, el minimalismo es un acto de fe. Echamos nuestra vida abajo -citas, relaciones, clases, deportes, compromisos, cosas- sin garantía alguna de obtener un mejor resultado. No había ninguna promesa por escrito de que lo que ganaríamos sería mejor que lo que estábamos dejando ir.”

“Se necesita un poco de fe para dejar espacio. Para crear un margen y no correr a llenarlo de nuevo”. Se deshicieron de juguetes en perfecto estado (y una tonelada de juguetes de McDonald’s) en un momento de gasto. Verdaderamente es un acto de fe considerar que ‘menos es más’.

A los padres:

“En este punto, tan solo quiero daros un abrazo. Crié a seis niños (mi mayor falleció). Tengo que decir que la maternidad, en el fondo, es la parte más dura y hermosa de la vida. Ha sido mi trabajo por definición.

Así que, si cree que sus hijos darán patadas, gritarán y llorarán en un mar de lágrimas si tienen menos juguetes, menos clases, menos deportes, menos compromisos. Recuerde esto: Si estás al máximo, están al máximo.

Mis niños muy normales odian recoger juguetes. En realidad, creo que lo odiaban más que yo. Odiaban ser acorralados en la furgoneta. Odiaban la prisa y mis gruñidos: ¿Dónde demonios están tus zapatos? ¿Por qué están en la bañera? ¿¡Alguien puede contestarme!? ¡¿¡ESPERA!?! ¿Por qué estás lleno de pintura morada? DIOS MÍO, ni siquiera me importa. Venga. Vamos muy tarde. Por favor, por favor, por favor, ponte los zapatos. 

A pesar de lo que parece, el minimalismo es perfecto para las familias. Así es como comenzamos este viaje con los juguetes (¡porque a nadie le gusta vivir en una casa que luce como una guardería por la que pasó un tornado!). Tuve esta conversación con mis cuatro hijos que en ese momento tenían 3-8 años:

Creo que no he estado haciéndolo bien. Creo que tal vez os puse demasiado difícil recoger vuestra habitación. Simplemente es una tarea muy complicada. Y es mi culpa. Así que esto es lo que haremos. Recoged tantos juguetes como podáis. Luego vendré a limpiar el resto. Los guardaré en este juguetero. Cualquier cosa que podáis cuidar, simplemente cogedlo y llevadlo a vuestra habitación. La única regla es conservar únicamente lo que puedas manejar. Si es demasiado para que te encargues solo, lo dejaré ir”

Así fue como se las arreglaron para recoger alrededor de 5 juguetes. Todo lo demás lo sacó de su habitación y lo metió en un juguetero para que pudieran intercambiar juguetes si su habitación estaba limpia. También era sencillo ver qué juguetes podía dejar ir por la noche: aquellos que no hubieran utilizado durante meses no eran juguetes de gran valor.

“Para los padres que temen comenzar, se trata de algo fácil de conseguir. Y a mis hijos les encantó. Sin vergüenza, sin culpa. Solo haciéndoles la vida más fácil. No más limpieza, no más lágrimas por no ser capaces de ordenar su cuarto”

El minimalismo con familia es diferente

Jillian hace una preciosa observación y es que cuando uno entra a su casa, probablemente no lo identificará como un hogar ‘minimalista’ puesto que nada es blanco (incluidas cosas que eran blancas cuando las compraron). “Hay un montón de zapatos y abrigos y botas de invierno junto a la puerta”. Es una casa ruidosa con sonrisas, juegos, o incluso llantos donde un niño interrumpirá la conversación cada 90 segundos.

“Pero si miras de cerca verás a una familia floreciendo con menos. Felices, sanos y completos. Nuestros días están llenos de lectura, escritura, doblar ropa, senderismo, jardinería y viajes. Comemos comida de verdad, en una mesa. Tenemos aventuras el fin de semana y una noche de juegos cada viernes. Dormimos lo suficiente y tenemos conversaciones reales”.

*****

Puedes saber más de Jillian aquí, sobre su vida con intención, su independencia financiera, etc. Si como yo estás fascinada y contenta de haber leído su testiminio, comparte y arroja luz sobre otras vidas estresadas. Gracias de corazón.

Por otro lado, tengo algo importante que decirte: COMIENZA LA SEGUNDA EDICIÓN DE CRIANZA SIN AGOBIOS. Si como Jillian estás sobrepasada y necesitas vivir un proceso de transformación y calma para con tus hijos y tu modelo de crianza, este es un training de tres meses para aportarte paz, motivación y el encuentro con lo mejor de ti. Puedes informarte aquí o ponerte en contacto conmigo en info@mamavaliente.es 

crianza sin agobios

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10 comentarios sobre “Minimalismo y familia grande: un testimonio brutal

  1. Precioso articulo Bea, gracias por compartirlo!
    Me encanto lo de “una familia floreciendo con menos”. Otro hermoso ejemplo de que SE PUEDE!

    Un beso!

  2. Me a fascinado la historia , esta mujer si que es una heroína.
    Cuando pasas por situaciones extremas tienes que priorizar , hace 3 años pase por un momento de extres horrible , mi madre muy enferma en un hospital y a 100 km de mi pueblo , un niño de 2 año lactando , otro hijo que estaba muy nervioso siempre , una hermana con discapacidad física y psíquica a la que cuidar y un negocio que atender…fue horrible , lo primero que hice fue cerrar el negocio , buscar ayuda para atender a mi madre , y empecé a minimalizar en ropa ,hacer comidas más sencillas y lo que más me ayudó fue reformar mi casa . . ahora todo es sencillo y simple , con los muebles básicos … y sobre todo minimice mis relaciones ..fue duro porque algunas eran amigas desde hacía muchos años ,..
    Creo que el minimalismo salvo mi mente y mi cuerpo .
    Un beso

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