Crianza·Más que madres

Mujeres que se exigen demasiado

mujeres que

¿Eres mujer y te exiges demasiado? ¿Sientes que nunca eres tan buena como te propones ser? ¿O como se espera que seas? Hay un asunto de género inherente a la autoexigencia que deja a las mujeres exhaustas y con la sensación de ser permanentemente insuficientes. Puedo enlazarte artículos científicos que demuestran el alto porcentaje de estrés femenino frente al masculino (un 200% más) o cómo el ‘síndrome del impostor’ es más frecuente entre mujeres, o cómo el Burnout se ha convertido prácticamente en un síndrome de competencia femenina. Pero no necesitas leerlo indexado en una revista de primer cuartil: tú lo sabes.

Y aunque lo sabes, no peleas contra la autoexigencia porque es una de esas aptitudes que se ven favorecidas por la sociedad y se entienden como signo del éxito, del emprendimiento o del tesón. Así que, como está bien visto hacer encaje de bolillos con la agenda, ejercer de madre pulpo y buscar la perfección, aceptamos el perfeccionismo como animal de compañía, lo alimentamos y, aún peor, se lo inculcamos a los hijos.

Deja de hacer cosas

¿Puedes imaginarte tu día sin una tarea después de la que acabas de terminar? Enlazamos una con otra, nos convertimos en ‘hacedoras’ de cosas y, de forma habitual se trata de cosas para otros (hijos, pareja, trabajo, amistades, familia). En algún momento tienes que parar.

Voy a hacerte una adivinación que no es tal cosa, sino el retrato de las mujeres en la noche: Se acaba el día, el cuerpo está baldado, los párpados se cierran y ¡algo dentro de ti quiere impedirlo! Entonces vas a la cocina y comes algo que estire tu noche, o revisas el correo, pones una serie, te suscribes en YouTube a yo que sé cosa interesante, lees algo que no te tranquiliza sino que te incentiva y vas y tomas notas y recuerdas algo que debes comprar y sacas la agenda y vas al baño y entonces miras el espejo y… ¿dónde está tu sueño?

Duerme plácidamente cuando estés cansada, déjate vencer, deja de poner resistencia. Aprovecha tus momentos de ‘apagado’ en lugar de forzar la reactivación de tu mente con comida, estímulos digitales o tareas mecánicas nocturnas. Para.

Eres perfecta así y es hora de que lo creas

En nuestro lenguaje traicionero usamos diálogos de sustracción y resta, diálogos negativos. Del parto, por ejemplo, decimos que ‘sientes como que te rajan, te queman, te rompes, te partes’. Nadie dice que siente que se abra o que se expanda… no. Nombramos el sufrimiento y la fatiga como hacemos al hablar de la maternidad. Y entonces no das abasto, estás agotada, muerta y ¡esto es un castigo! Has perdido tu tiempo, has perdido tu cuerpo, tu libertad, tu ocio, incluso a tu pareja. ¡Vamos a dejar de restar! Tu realidad se alimenta de aquello mismo que te dices así que creerte insuficiente fortifica una versión mediocre de ti y te limita. Mientras que tú tienes vocación de ser grande, tu mente te convence de que no todos estamos hechos para destacar. O que hay gigantes con los que mejor no luchar. ¿Te suena?

Las mujeres más inteligentes llegan a la edad adulta sin entender cómo compaginar sus planes de desarrollo con el matrimonio y la familia: «Debido a la socialización recibida, tienen mayor empatía y mayor disposición a preocuparse por los seres significativos en sus vidas, y esta entrega generosa y extenuante a sus familiares lleva a parte de ellas al desbordamiento» (Jiménez, 2010: 103).

El momento en que me desbordé

Puede que hayas sentido tus valores comprometidos con tu desarrollo personal. Te imagino intentando compaginar en tu cabeza el deseo de hacer familia con las necesidades de acudir a guardería o dejarles ver la tele más de lo que te gustaría. Te imagino en una librería, compadeciéndote de todo lo que querrías leer y el tiempo que como madre no tienes.

Ahora el agua está tan agitada que mueve el barro del suelo pero llegará un momento en que las aguas serán claras y tranquilas. Y verás con más luz. Para entonces, nuestro dedo acusador nos culpará de no habernos relajado y habernos exigido tanto. ¿Por qué invertí tanta energía en parecer perfecta? En aparentar que todo iba bien.

Este fin de semana, una mamá del colegio me dijo: “Cuando nacieron los mellizos lo pasaste mal ¿verdad? estuviste muy delgada”. Y es verdad.

Cuando los niños tenían tres meses se rompió mi dique. Y entonces tomé la resolución de reducir mis niveles de exigencia. Consentí una casa menos limpia, unos tiempos expandidos, un ocio desestructurado, una falta total de literatura y un cuerpo blando. Después aquello me gustó, lo abracé y entendí que toda esa exigencia en mi vida me estaba impidiendo estar en la vida. Mientras vivas en tu cerebro por la conquista de un perfil extraordinario, no puedes ver belleza en unas rodillas negras o una bañera desbordada por tus hijos.

Criar sin agobios

En julio empezamos la quinta edición de Crianza sin Agobios donde hablamos de todo esto y más. De cómo el parto no se tragó tu cerebro, de cómo lo haces bien y lo haces poco a poco. De cómo no puedes esperar al felicidad de tu pareja, tus hijos o un cuerpo bonito, sino de la valentía de tomar el mando. Si te sientes llamada, inscríbete antes del 6 de julio. Si necesitas dejar de esforzarte para ser feliz, tengo cosas que contarte.

Envíame tus dudas a info@mamavaliente.es

¿Quieres tener acceso a contenido adicional? Mis suscriptores privados reciben un texto cada 15 días .

2 comentarios sobre “Mujeres que se exigen demasiado

Deja un comentario