Desarrollo personal

Como ser mejor amigo

mejor amigo

¿Y si te digo que ser mejor amigo está relacionado con la falta de expectativas? “Los amigos están para lo bueno y para lo malo” nos gusta decir. Sin embargo, ¿seríamos capaces de enfocar la amistad como un ofrecimiento más que como un contrato de reciprocidad? Imagina qué tipo de amistad brindaríamos si no esperáramos que el otro quede en la obligación moral de liberarnos del sufrimiento o escuchar nuestras quejas. Si tu entrega fuera tan absolutamente generosa como para no esperar la vuelta. Cuando damos limosna, sea en dinero o en bienes, no esperamos que la otra persona nos devuelva dinero y bienes. Escuchamos gratitud y hasta ahí nuestra expectativa. Pero de la amistad hemos hecho una suerte de vínculo igualitario al que no podemos faltar ni esperar que nos falten. Hemos establecido un contrato.

El ‘contrato’ del mejor amigo

Bajo este contrato, está silenciosamente pactado que pondremos en conocimiento todas nuestras buenas y malas noticias, que festejaremos los éxitos y que tendremos compañía en las dudas. Cuando un amigo falta a estas verdades contractuales, entramos en una profunda indignación. ¡Qué desleal! nos decimos. Y aumentamos nuestro sufrimiento por la carencia de algo. Es curioso pero el sufrimiento es algo que aparece más en la carestía que en la abundancia. Es más común sufrir por lo que nos falta que por lo que nos sobra (aunque los excesos también debuten en sufrimiento).

El contrato autoimpuesto de amistad nos exige ciertas normas como amigos y nos pone en alerta para que el otro, el amigo, las cumpla también ordenadamente. Estas normas incluyen palabras como incondicionalidad, perdón, disponibilidad, comprensión, aprobación o atemporalidad. Poco más y pedimos iluminación. Estos valores, que supondrían la realización plena de un ser humano desde el amor, son demasiado profundos y densos como para volcarlos en las expectativas de una relación humana. En realidad son las palabras de nuestra aspiración última.

Quiero decir que estos valores son propios de una persona, no de un concepto. Los conceptos no pueden ser incondicionales y la amistad es un concepto mientras la enfoquemos como un contrato. Si por el contrario nos desligamos de esta relación contractual de ida y vuelta y nos enfocamos en el amor, estamos dando crecimiento a algo que sí puede ofrecer perdón, disponibilidad y un largo etcétera. Actuamos sobre lo único que podemos modificar, nosotros mismos.

Cuando dirigimos a nosotros las palabras del ‘contrato’ y trabajamos cómo ser incondicionales, obrar perdón, tener disponibilidad para con el otro, desarrollar la comprensión y la aceptación, en suma la misericordia, desarrollamos el foco interno de la amistad. No podemos aspirar a cambiar al otro, sino a nosotros mismos. Tú puedes ofrecer amistad si como ser humano consciente, trabajas estos dones en ti.

El foco interno de la amistad

Es el momento de despegarnos de la idea de amistad como intercambio para comenzar a observarla como ofrecimiento y regalo. La amistad pues, es algo que podemos dar, una entrega de nuestra mejor versión al otro. Y no espera reciprocidad.

El foco interno de la amistad es uno mismo y somos responsables de conformar un hombre capaz de ofrecer los adjetivos que se esperan de un buen amigo. Cuando visualizamos la amistad como un regalo que podemos dar al otro, nos dedicamos a mejorar nuestras cualidades en lugar de hacer examen y observancia de los defectos y carencias en las cualidades del otro.

Nuestras expectativas en la amistad como contrato deben desaparecer y nuestro enfoque debe virar hacia una responsabilidad personal en la que nos construimos como amigos en potencia Como dadores en potencia.

La amistad pues, es algo interno. Es una preciosa capacidad. Probemos por un momento a observarlo de esta manera: la amistad ya no es una actividad recíproca sino un poder interno. Un valor. Un talento. Con esta visión nos hacemos responsables de nuestro propio desarrollo en virtud de ofrecer ‘el mejor amigo’.

El mal amigo

¿Qué viene a tu mente cuando te pregunto qué es un mal amigo? Es probable que tu respuesta sea ‘alguien egoísta‘. Egoísta porque solo piensa en su beneficio o porque no tiene en cuenta tus sentimientos o emociones. Este egoísmo que identificamos es la muestra de la falta de entrega. La persona cuya amistad cuestionas es una persona que no hace entrega de sus dones, está cerrada. No es una persona que falta a un contrato, de eso ya nos hemos librado. Es alguien que no ha cultivado y compartido el foco interno de la amistad que habita en sí mismo.

Pero cuidado, no puedes intervenir en el desarrollo interno de una persona, no puedes forzar su crecimiento. Tan solo puedes trabajar en tu propio cultivo y tu propio ofrenda. La manera de mejorar las relaciones entre amigos es el propio cultivo de la entrega y los dones. Solo cuando ofreces lo mejor, librado de la imposición de que te sea devuelto, ofreces al otro la visión de un amigo que alentará su propio crecimiento y entrega.

Queda fuera de lugar juzgar al otro de mal amigo por egoísta puesto que así seguimos apegados a la idea de contrato: el otro no me da lo que yo le ofrezco. La amistad, hemos visto, es una entrega personal sin expectativa alguna sobre el otro. Llamamos mal amigo a alguien que no ha hecho la entrega, que no ha ejercitado la amistad. Y no alguien que ‘no te devuelve lo que esperas’. 

¿Cómo puedes ser mejor amigo?

En realidad, el denominado ‘mal amigo’ nos señala a nosotros mismos como malos amigos pues, cuando señalamos con el dedo al otro y le decimos insensible y egoísta, nos estamos indicando qué adjetivos y dones están pobres en nuestro interior. Faltamos al don de perdón, al de comprensión, al de respeto, al de incondicionalidad en suma. Los defectos que ves en el otro como amigo, son indicativo de las fortalezas que te quedan por trabajar.

Si tienes hijos, tienes la oportunidad de transmitirle esto: la amistad es un regalo de uno mismo hacia los demás, nadie tiene que devolverte nada.

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2 comentarios sobre “Como ser mejor amigo

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