Alta Sensibilidad·Crianza

Beneficios de tener un hijo Alta Demanda

hijo alta demanda

Hoy quiero contarte lo que mi hijo alta demanda me ha dado. Si sospechas que tu hijo es un bebé de alta demanda, puedes leer una descripción aquí. Y si lo tuyo no es una sospecha sino una afirmación, vas a verte identificada en muchos de mis puntos. Gran parte de mis cambios estos últimos años de vida, se deben a la intensidad de mi hijo Limón. Y lo que en sus primeros meses de vida pensé que era una maldición, ahora sé que fue mi regalo.

Por mi hijo alta demanda nació Mamá Valiente

Limón fue la razón de que la web Mamá Valiente comenzara a andar. Fue después del parto de mellizos que tuve claro que debía comunicar algo. Debía contar cómo había tomado la firme decisión de simplificar mi vida. Y si había tomado esa decisión es porque sentí que sus llantos constantes la complicaban. Estaba llena de dudas y miedos. ¿Por qué eres así? ¿Qué te pasa? Las dudas llevan a la curiosidad, la investigación, la formación… y de aquellos barros estos lodos.

Fue por Limón que comencé a formarme en crianza más en profundidad y a desarrollarme en el minimalismo. Fue por él que descubrí qué era un niño de alta demanda y qué era una persona de alta sensibilidad. Fue por él que decidí formarme como experta en diagnóstico de altas capacidades y enfocarme en la detección prematura a través de la sensibilidad de estos niños. Aunque todos nuestros hijos nos ayudan a ser mejores, son los aparentemente problemáticos los que te incitan a devanarte los sesos.

El verdadero compromiso

Si Limón hubiera sido un niño tranquilo, seguiría pintando o trabajando en la universidad. Él nos hizo replantearnos las necesidades de nuestros hijos y atender a que ser justos no es dar a todos lo mismo, sino a cada uno lo que necesita. Si necesita más apego, más estimulación, más pecho… me comprometo y se lo daré. Con él he conocido el verdadero compromiso.

Vivir con un sueldo fijo, ser conscientes de que necesitamos menos, reducir las expectativas y necesidades, ahondar en el minimalismo… todo esto deviene del compromiso de criar conscientemente a hijos con necesidades específicas. A hijos de alta intensidad.

Mis niños no son mejores ni peores pero estoy comprometida a no desfallecer en el camino hasta comprenderlos. No se trata de aceptar mi maternidad. Se trata de comprometerme con ella. De implicarme en quiénes son mis hijos y qué necesitan. Un hijo que demanda más, te hace ser consciente de cuánto exactamente estás dando y con qué calidad.

El reencuentro con la espiritualidad

Mi hijo de alta demanda también supuso un reencuentro con mi espiritualidad. Necesité dar un espacio al silencio por el bien de mi salud mental. Muchas madres de alta demanda me escriben agotadas: No puedo más. El secreto no está en pretender cambiar al niño, sino en cambiar nuestra actitud frente al niño. Entrenar la mente y la consciencia. Entrenar el respeto al niño, la empatía con su naturaleza.

Para ello es preciso detener las prisas de nuestra agenda y concedernos el silencio. Sea con meditación, con oración… se trata de conectar con la fuente que te asegura sustento más allá de lo físico. No tienes que hacerlo todo tú ni estás sola en esto. Unos momentos al comenzar la mañana, en el silencio de casa, pueden hacer el cambio en la crianza de tus hijos. Si además puedes tener otros momentos salpicados de conexión espiritual ¡mejor que mejor!

Haz recreos en tu disposición de madre para recordarte qué puedes dar y qué puedes recibir. Tu hijo no es un obstáculo, es una ocasión.

El fluir

Otro regalo fue la reducción de expectativas. Dejar de esperar que las cosas saldrían como yo pensaba. Por ejemplo, ya no me acuesto pensando que lo lógico será dormir hasta la mañana y que lo que se escape de ahí es intolerable, pesado o molesto. Me acuesto pensando que tengo sueño y ya Dios dirá. Después me levanto cientos de veces a la noche y no hay sufrimiento en mí.

Aunque aún trabaje en ello, he reducido mi resistencia al cambio. Con un niño de alta demanda, los planes se tuercen más de lo esperado y todo está abierto a cualquier escenario. Algo le puede encantar o aterrar. Recuerdo que el otro día vino conmigo fascinado a comprar. ¡Mamá y yo, bienl! Después de la excitación vino el terror porque un hombre derramó los pistachos a granel por el suelo y solo gritaba paralizado No, no, no (creo que pensó que eran bichos). O cuando hace poco mis padres nos invitaron al acuario y pasó de los repetidos gritos de ¡Quiero ver el tiburón! a ¡El tiburón come niños! y agarrarme el cuello como si no hubiera un mañana.

Disfrutar el momento

Los niños de alta demanda son los más intensos en el llanto. Pero también lo son en la alegría. Y en la paz. Un alta demanda tranquilo y en reposo, emana una paz indescriptible. Cuando llora… es mentalmente agotador. Por eso sus momentos de alegría son un auténtico regalo. Son niños emocionalmente muy intensos y sus abrazos y besos son increíblemente afectivos. Disfruto de esos momentos de calma sin necesidad de rechazar o temer los momentos de llanto continuado.

Ahora puedo emocionarme con una comida donde todos estamos sentados juntos, o cuando veo a los niños jugar a algo juntos. Pequeñas frases, diminutos gestos. Todo es una fortuna que aprecio.

Menos exigencia personal

Gracias a Limón he desarrollado menos exigencia mental y física. No es que haya optado por descuidarme, sino que he lidiado con mi hiperexigencia crónica a fin de sobrevivir. Era muy exigente a nivel deportivo, a nivel de lectura, a nivel de desarrollo intelectual y consumo de contenidos. Pero aprendí a base de bien lo inestimable que es el sueño y lo poco que necesita una familia para ser feliz. Lo poco que necesito yo para serlo.

Limón y sus hermanos me enseñaron a creer en la frase ‘Ni todo tú ni todo hoy‘ y a llevarla a cabo en mi vida. Su demanda me enseñó que no puedo ni debo controlarlo todo. Hay cosas que dependen de su sistema nervioso y que no son culpa mía. No soy culpable ni víctima del estado de agitación de mi hijo. Es su forma de estar en la vida. Y yo desarrollo la mejor forma de acompañarlo que esté en mi mano.

Persistencia

Limón me ha dado clases de tenacidad y persistencia. Como persona altamente sensible no me agrada insistir a los demás, inmiscuirme demasiado o repetir las cosas. Pero este niño tiene tesón y me ha enseñado el valor de la repetición. Me ha mostrado el camino hacia lo que quiero cueste lo que cueste. Me lleve las horas que me lleve.

Un niño de alta demanda te hace dilucidar entre qué es paja y qué no. Te ayuda a quitarte muchas cosas (y personas) a razón de salud mental. Necesitas focalizarte en estar bien y atenderlo en consecuencia y para ello, como casi con todo, muchas cosas sobran.

Reforzó el amor con mi pareja

No le deseo a nadie con un hogar inestable, un niño de alta demanda. Esta intensidad es capaz de quebrar una pareja. Pero también de unirla hasta lo inexplicable. En nuestro caso, nos sentimos reforzados 3 años después de su nacimiento. Mi marido a veces bromea diciendo que si Limón hubiera sido el primero no habríamos tenido más. Lo que sí es cierto es que, una vez vivida la crianza de Limón, nos hacemos cargo de casi cualquier crianza. Ahora hemos entrado en ese estado de locura en que le decimos a los amigos que nos dejen cuidar a sus niños porque ‘no notaremos uno más’.

No solo te haces un experto en asistir la demanda constante de tu hijo. Te haces experto en buscar el hueco para reforzar la relación con tu pareja. Y para reforzarla aún en la demanda de tu hijo. Las miradas con mi marido durante la lactancia infinita de Limón, fueron un salvavidas. Cuando uno estaba agotado, el otro venía en su ayuda. Nos abrazábamos. Nos animábamos. Nos unimos.

Foto de archivo en su primer año de vida

Y a ti ¿cómo te hecho crecer la convivencia con tu alta demanda?

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