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‘He descubierto que soy Alta Sensibilidad’. Entrevista a Inés Aguilar (La Casita de Wendy)

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Fotografía propiedad de Inés Aguilar

Conocía a Inés por su empresa ‘La Casita de Wendy’, una marca de ropa sostenible, artesana y ética con ropa más cercana al arte que a la moda. Hace poco una de mis mejores amigas me pasó una publicación que Inés había hecho en su perfil de Facebook hablando de su alta sensibilidad. Lo vi claro, toda su empresa y la relación con la naturaleza cobraban sentido.

Me siento muy agradecida cuando leo algo bello que me emociona y tengo la pulsión de compartirlo. Esta es una entrevista a Inés como testimonio de persona altamente sensible. Sé que habrá muchas mujeres y madres identificadas y sé que la visibilización es un bálsamo de alivio. Te animo a leerlo con calma, con una infusión al lado y comprendiendo cuánto de ti hay en este relato.

¿Pero quién es Inés Aguilar?

No tengo una fórmula de presentación, pero te cuento un poco, Me llamo Inés, tengo 43 años, vivo con mi pareja Miguel y mi hija de 8 años y tengo mi propia empresa “la casita de wendy” que dirijo junto a mi socio Iván desde hace 20 años ya. Nuestros diseños son coloridos, muy gráficos, y cada colección cuenta una historia diferente. Tratamos de producir de forma sostenible y siempre en talleres locales que pagan sueldos justos. Nos preocupa la belleza pero también la ética y pensamos que otra forma de hacer negocios es posible.

He descubierto recientemente que soy una Persona Altamente Sensible. Yo siempre creí que era muy emocional y obviamente sensible con una alta empatía, pero no sabía que había tanta gente que siente parecido a mí ni que muchas de las cosas que me ocurren son consecuencia natural de esta forma de ser. Hace muy poco leí sobre el tema y comprendí muchas cosas de las que me han ocurrido en la vida.

El testimonio de Inés como creativa: Soy alta sensibilidad

«Cuando empezábamos a hacer desfiles en Barcelona hace 16 o 17 años me ocurrían varias cosas. Primero; los aplausos después del show me generaban ansiedad y solía ponerme mala físicamente… y segundo; según acababa el desfile tenía que huir a Benasque a una casa que tienen mis padres en las montañas para deshacerme de tantos estímulos, tanta gente, comentarios, fiestas, cosas tan abrumantes… para pasear por algún bosque de aire frío y sentir calma… Tiempo después me di cuenta que el mundo de la moda pasaba por salir a mil fiestas y eventos y que todo eso me causaba malestar infinito, tanto que dejé de ir a todo, siendo eso claramente perjudicial para mi marca porque no estaba haciendo el networking necesario que te coloca en la prensa, que te abre proyectos etc.. pero era algo que no podía hacer. Física y mentalmente me invadía hablar con tanta gente y ese ambiente tan poco real, con conversaciones tan poco empáticas, tan poco significativas….

Cuando viajo a cualquier sitio suelo pasar una noche de insomnio antes del traslado y otra después, incluso suele ser frecuente que me ponga mala y acabe vomitando (un viaje a Asturias me refiero, los grandes desplazamientos me provocan días de ansiedad).

Cuando voy a empezar a trabajar necesito ordenar el lugar donde estoy, necesito que esté bello, que haya flores, que entre una luz bonita.

Siempre he querido emprender mi propio proyecto para respetar y crear mis ritmos, que nadie me ponga un horario, que no me obliguen a estar en un lugar feo ni tenga que dormirme a una hora determinada… No soy capaz de hacer lo que todo el mundo puede hacer y sin embargo hago algo muy rocambolesco y difícil para evitarlo (tener mi propia empresa hace que curre 10 o 12 horas al día y que siempre tenga incertidumbre, problemas, nada sólido).

Como trabajo mucho, enfermo emocionalmente y mi salida los fines de semana a nuestra casa de campo y a la naturaleza se está convirtiendo en mi terapia absolutamente necesaria que no cancelo por casi nada (y si lo tengo que hacer me jode mucho).

Lloro casi todos los días, también me río muchísimo y siempre estoy en un estado emocional intenso, de disfrute generalmente, pero también de miedo.»

Inés, en ese texto tan hermoso nos hablabas de los malabares que hiciste para conciliar vida profesional de éxito con la alta sensibilidad. ¿Qué soluciones encontraste para no renunciar a vivir en plenitud ninguna de ellas?

Bueno, es algo bastante complejo, siento que he renunciado a muchas cosas en el plano laboral para sentirme en equilibrio en el plano emocional, he dejado de ir a viajes que podían ser importantes o a actos, o eventos de networking que también podían ser positivos, dejé de desfilar, de tratar de crecer etc.

Soy extrovertida y no es un problema de timidez, ha sido más que me siento agotada e invadida en este tipo de cosas… que me satura la exposición constante, el vender mi trabajo, el viajar… y siempre he buscado mucho más el sentirme protegida y a gusto que el triunfar. He tenido la suerte de poder hacer mucho del trabajo de comunicación desde casa con las redes sociales y esto me ha ayudado muchísimo, porque puedo comunicarme y explicar cómo soy y cómo es mi marca de forma muy sincera y sin exponerme físicamente. Lo puedo hacer mientras tomo una sopa o una infusión caliente y me siento en paz.

Pero antes de que existieran las redes sentía que no podía dar a conocer mi marca porque evitaba ir a los sitos donde había tanta gente, me invadía tanto estímulo, tenía insomnio, angustia, de todo… Ahora lo he entendido, pero siempre he sentido que tenía una tara muy fuerte, que era débil mentalmente o algo, y entonces me sentía culpable.

Ahora me he dado cuenta de que todo forma parte de la misma cualidad, mi sensibilidad es muy positiva a la hora de crear, es mi fortaleza y un pequeño don, pero es esa misma sensibilidad la que me hace tan sensible y frágil en otros aspectos.

¿Sientes que tus decisiones por respetar tu sensibilidad han afectado de alguna manera tu negocio o tus relaciones?

Sí, como comentaba antes, me afecta en todo. Una vez pensé en abrir una tienda pero solo imaginarme hablando con tanta gente a diario o tratando de vender me resultaba agotador e insincero. No pude ni dormir pensando en esa situación.

También dejé de desfilar cuando la marca se estaba convirtiendo en popular, no me sentía tampoco a gusto en ese mundo, entrevistas, viajes.… y mostrar la ropa en aquellos lugares gigantes llenos de público. Me parecían demasiado ajenos a lo que yo soy. Lo cierto es que mi sensibilidad me ha llevado por lugares menos frecuentes en moda pero mas personales y en los que creo más.

Nunca he podido hacer nada en lo que no crea y que no sienta de forma rotunda, mis emociones me han guiado y también eso ha hecho que mis creaciones y mi marca sean un reflejo sincero de mi personalidad.

¿Tienes alguna rutina que te salve en los días más sobreestimulantes?

La verdad es que tengo una rutina semanal que es irme al campo, todos los fines de semana trato de irme con mi familia a una casa que arreglamos en una aldea cerca de Madrid y para mí estar allí me conecta con la naturaleza, la belleza… mi interior… y con la realidad. Es un refugio que calma mi cabeza sobreestimulada y me hace calmarme muchísimo.

Me gustaría encontrar una rutina diaria y algo que pueda hacer en los momentos de estrés que tengo entre semana, estoy siempre probando con el yoga, meditación… pero tengo tanto trabajo que apenas encuentro tiempo. Pero cuando lo hago funciona.

Luego he buscado mis trucos, por ejemplo trabajar en casa, diseñar en el sofá o en la cama protegida, arropada, bebiendo infusiones, es una forma de estar en la batalla de tener una empresa pero a gusto y cuidándome.

Hay un tema que me ilusiona de ti ¿De qué manera la naturaleza te conecta con quien eres?

A mí la naturaleza me calma muchísimo, es algo increíble, a veces tengo mil fuegos que apagar de trabajo y llego al pueblo y voy rápidamente al bosque, llego con la respiración agitada y con todos los problemas en la cabeza, inundada de pensamientos y sin poder desconectar de ellos. Y me sumerjo en el paseo, comienzo a mirar a mi alrededor, a observar pequeñas flores que surgen entre el musgo, hojas iluminadas con el sol de la tarde, huelo, sigo andando y cuando salgo del bosque me respiración es otra, me invade el optimismo, la alegría, la emoción.

Soy muy sensible a que algo negativo me afecte mucho pero busco en la naturaleza que lo positivo lo anule, y siempre suele ocurrir así. Es como si nada fuera tan grave, es un lugar en el que estoy a gusto y en paz.

Amén de la conciliación laboral, otro gran punto de inflexión en tu vida como PAS fue la maternidad, que como tú dices ‘te arrolló como un camión’.

Si bueno, es que emocionalmente es fortísimo, y como nos pasa a muchas madres no me imaginaba lo que iba a ser. Los primeros meses estaba flipando, muerta de miedo porque le ocurriera algo a Valentina, loca de amor con ella pero pensando que yo no tenía fuerza para ser madre, con problemas con la lactancia, con una empresa que no me daba descanso alguno, con una relación con mi pareja que no se parecía a lo que teníamos los dos solos, sin dormir bien, que es algo básico para mi estabilidad emocional… e intentando manejar todo ese tsunami sin derrumbarme.

Obviamente todo fue mejorando pero me entregué tanto a la crianza que cuando levanté la vista mi hija tenía cuatro años y yo no sabía que había sido de mí. No dejé de trabajar apenas, en el postparto estaba hablando con fábricas de estampación o pensando colecciones, así que dedicarme tiempo a mí era imposible. Solo trabajaba, criaba y medio-dormía porque encima aprovechaba cuando ella dormía para sacar trabajo adelante.

Todo me pasó factura a los tres o cuatro años, lo hice con inercia y siendo muy fuerte pero me sentí arrollada cuando comencé a relajarme, cuando ya no tenía que estar 100% atenta a la niña y me sentí que había dejado muchas cosas por el camino, mi propio ocio, mis estímulos creativos, mis momentos de calma, mi amor propio… Todo eso es básico para mí y había desaparecido. También tuve una crisis creativa porque estaba exhausta.

¿Sientes que tu hija tiene también una sensibilidad excepcional?

Todavía es pequeña para saberlo pero creo que sí. Es muy sensible a la belleza, es imaginativa, es insegura en entornos que no conoce bien y, aunque luego es extrovertida y alegre, le cuestan los cambios.

A veces creo que es más fuerte que yo, quizá porque está en un entorno muy amable y que respeta mucho su ritmo. Somos bastantes protectores y respetuosos con sus emociones. Ha seguido sus propios ritmos para dormir en su cuarto, comer, desarrollarse, aprender… Y yo trato de entenderla y la entiendo mucho, por eso no la veo sufrir como quizá he sufrido yo.

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Fotografía propiedad de Inés Aguilar
¿En qué entorno escolar se encuentra?

Valentina va a una escuela Waldorf maravillosa donde su sensibilidad es muy apreciada y donde se estimula mucho a los niños y se aprende desde el juego. También se cuida mucho no someterlos a presiones o a ritmos que no son los suyos. Ella es felicísima ahí y creo que en un lugar más competitivo no lo pasaría bien.

Esa felicidad que tiene por ir al colegio la motiva mucho a aprender, hace que ame el aprendizaje y creemos que a esa edad es más importante eso que los conocimientos. Nos importa más que esté feliz y bien que que aprenda muchas cosas, porque creemos que si disfruta descubriendo siempre querrá descubrir, asociará la escuela y aprender con el disfrute y al fin y al cabo de eso se trata. Es un lugar muy especial su colegio, una vez al mes pasean por la naturaleza, tienen un día a la semana huerto y cuidan de las gallinas… El patio es un bosque con cabañitas, el colegio es cálido y confortable… como un hogar.

¿Sientes que entender y respetar tu sensibilidad te ha ayudado también como madre?

Sí, creo que mucho, soy muy cuidadosa con los sentimientos de mi hija, trato de no imponer nada sino observarla y respetarla. También trato de que me explique cómo se siente ante muchas cosas para poder acompañarla en sus frustraciones y enfados. Y lo cierto es que es una niña sorprendentemente dulce, cariñosa y sensible.

¿Qué aspectos te resultan más ‘incómodos’ de ser altamente sensible?

Me resulta incómodo tener tantos estímulos y que me cueste deshacerme de ellos. Me resulta incómodo sentir todo tanto, la alegría pero también la tristeza son sentimientos muy intensos para mí. Cuando era niña e iba a visitar a alguien a un hospital solía sentirme mal al entrar, notaba el sufrimiento del lugar y me he desmayado en muchas ocasiones.

Otra cosa que no me gusta nada de ser tan sensible es que tengo problemas para dormir y dejar mi mente en blanco, me quedo enganchada en todo lo vivido en el día o en todo lo que siento. Mi cabeza es muy estimulante en cuanto a ideas y novedades, soy muy creativa para todo pero también para lo malo soy creativa e invento situaciones catastróficas que sufro como reales… y es agotador.

Y para terminar en positivo ¿a qué no renunciarías con respecto a tu sensibilidad?

Creo que mi sensibilidad me da cosas muy buenas y maravillosas; hace que sea muy empática, que conecte mucho con lo que le ocurre a otras personas y eso me permite ayudar, arropar, animar…

También me hace querer mucho, querer muy fuerte y anteponer el afecto a cualquier otro interés… Me hace aportar alegría siempre, bromear, reírme mucho. Porque soy consciente de que es lo mejor que puedo dar a la gente que aprecio, un rato de risas es un regalo para mí y siento que lo es para todos.

Y supongo que una de las mejores cosas que me da mi sensibilidad es imaginar, crear, soñar despierta. Captar pequeñas señales a mi alrededor y transformarlas en colores, en cosas bellas que hacen un poco mejor la vida de quien las ve o las posee.

 

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Si la has disfrutado tanto como yo, comparte esta entrevista para que muchas más mujeres comprendan que no son una isla. Que merece la pena atender y cultivar su sensibilidad. Y que sus hijos pueden estar pasando por idéntico proceso. La alta sensibilidad es un regalo.

Gracias Inés por tan generosas palabras. Ha sido un placer conocer una pizca de esa enorme universo que tienes dentro.

Encuentras la web de ‘la casita de Wendy’ aquí y aquí puedes ver su proyecto con la casa de campo. También en Facebook, Instagram, Pinterest o Twitter.

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