Ser múltiples

Basta, ya no me quejaré más de ti

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Soy una mujer positiva, alegre, sonrío mucho y sé que eso contribuye a mi felicidad y la de mi entorno. Y adoro a mis tres hijos, moriría con la ausencia de cualquiera de ellos, son perfectos. Y no obstante, me quejo.

¿No os ha pasado que os preguntan por los niños por simple cordialidad y en vez de contestar el básico ‘están bien, muy grandes’, vas y te quejas del mal día de alguno o del cansancio que arrastras?

Nadie quería escuchar eso, ni siquiera tu mente, mucho menos tu corazón. Las palabras que tu boca dice se asientan en la realidad con peso: ya están ahí fuera, lo has dicho, lo has lanzado.

De mis tres hijos, mi niño, mi Limón, es harto complicado. Es el bebé más difícil que he conocido y vive en mi casa. Creemos que es un niño de alta demanda, pero esto son solo palabras, ya que muchos creen que esto es una etiqueta snob y condicionante: para nosotros simplemente fue un alivio saber que no le pasaba nada físico, que estaba sano y que exigiría mucho. Mucho estímulo físico, estímulo sensorial y mucho afecto. Limón llora con la intensidad de un bebé en el parto, llora de tal manera que uno busca si el prendedor del chupete le está pinzando el pezón o si se ha pillado el escroto con un botón de clic del body. Pero no. Ha comido, ha dormido, está limpio… necesita algo más del mundo y algo más de ti. Demanda mucho pecho ¿puede tener hambre si ha pasado media hora? Sí, puede, él puede. Hambre o ganas de tenerte. No sabe dormir. No quiere dormir. No deja dormir. De noche, asusta verdaderamente a Fresa con sus gritos. No controla bien las emociones, pero tiene facilidad para descontrolar las tuyas.

Y a veces soy mala madre y me quejo de él: Los niños están bien, muy grandes y Limón es muy difícil. ¡Pues ya está bien! Ya basta de horadar su nombre con malas palabras, ya está bien de crearle esa reputación tan fea a un bebé tan bonito y nada culpable. Me comprometo desde hoy a no contar las dificultades que supone su crianza y a valorar los retos que me supone. Quiero tener el reflejo de contar todas esas cosas buenas que le rodean y controlar mi cansancio quejica. No soy una pobrecita con un hijo intenso, soy una afortunada. Soy una mujer bendecida. Y desde hoy, y por escrito queda, voy a cambiar esto.

He sido muy injusta con Limón, y lo lamento. Y tú, mamá, ¿suprimes el impulso de queja o a veces se te escapa?

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9 comentarios sobre “Basta, ya no me quejaré más de ti

  1. Supongo que a veces es inevitable y viene bien desahogarse un poco… somos humanos, nos cansamos, nos estresamos, sufrimos. En fin, que lo haces tú y lo hacemos todas. Y se sabe que son lo mejor que tenemos y no lo cambiaríamos por nada. Un abrazo!

  2. Me ha encantado tu reflexión… es verdad que a veces el agotamiento nos hace situarnos en la queja continua, pero creo que debemos pararnos, empatizar con nuestro bebé, ver porqué se comporta así, respirar y continuar. El hecho de darnos cuenta de esto ya es un paso!. Un besazo

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