Alimentación

Una casa sin chuches

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A Fresa le encanta el cuento de Hansel y Gretel (tiene predilección por todos aquellos con brujas y madrastras) y por eso sabe que una casa llena de chuches no trae nada bueno. Pero esto es nuestra casa es reciente; hasta hace poco teníamos una bandeja de un mueble reservada para chucherías, otra para bolsas de patatas y gusanitos, otra para las galletas hipermegazucaradas, la bollería industrial y las chocolatinas… Culpable porque lo permitía.

Después he intentado poner freno al azúcar en masa entrando en casa y, aunque no siempre se consigue, hemos avanzado un mundo. Y lo mejor es que no ha tenido consecuencias en Fresa, ni enfados, ni sobornos. Los niños no piden de lo que no hay y no se acuerdan de lo que no se les ofrece. Igual que para nuestra salud, lo mejor para una dieta equilibrada es no comprar aquello que no nos hará bien, para no ceder en el consumo de gominolas de los niños, lo mejor es no tenerlas. Y digo que no es una máxima, porque los abuelos la miman como es lógico, su padre tiene debilidad con ella y sería una larga tarea hacérselo comprender a mi vecina, que las compra por kilo.

Antes, en la merienda, como Fresa sabía por dónde andaban las chucherías, lo lógico es que se sirviera y aquello ni era merienda ni era nada (bollos+gominolas+batido=imposible comer fruta). Y ocurría una cosa curiosa al recogerla del cole, que siempre me pedía chucherías -a la par que me prometía, sin yo preguntarle, que se comería toda la comida-. Cuando hice el curso de alimentación infantil me preocupé por poner orden y concierto en los alimentos que entraban en el estómago de mi hija (y que tantas noches acababan con el manido ‘me duele la barriga’). Y algo muy importante. Comprendí que mi hija me pedía chucherías a la salida del colegio porque tenía hambre, no gula. Habían pasado muchas horas desde la merienda y estaba hambrienta, me pedía chucherías porque a eso la había acostumbrado. ¿Pero qué pasaría si le daba otra cosa?

Así fue que al recogerla del colegio le daba alimentos que la saciaran durante el camino de vuelta, lo suficiente para que aguantara llegar a casa y le permitiera comerse el plato de comida después. Esto lo hago cada día y NUNCA me pide chucherías, come lo que le doy porque su necesidad real es alimentarse, no tiene por qué ser con dulce. Así que le llevo un poco de pan recién salido de la panadería, uvas, unos picos integrales, a veces con un poco de pavo, he probado también con tortitas de maíz o un trozo de bizcocho casero. Esto último me lo han reprochado algunas mamás: ¿Y ahora qué va a comer? Pues sí que come, sí, y si hoy come un poco menos, me quedo tranquila porque lo que la ha saciado han sido huevos, harina, yogur, mantequilla y una pizca enana de azúcar, todo hecho en casa.

Para merendar, fruta, bocadillos… y ojo, esto no quita que consuma gominolas pero la ingesta ahora es ínfima y se ha olvidado de los bollos sin hacer nada más que dejar de comprarlos. Alguna tarde de parque pasamos por la panadería y la invito a gominolas. Elige 5 o le dejamos elegir 5 al azar al quiosquero. Y si podemos hacerlo redondo, mi nuevo reto es llevar un tupper para evitar más plásticos innecesarios.

Gracias por pasar a leer: ¿cómo manejas tú el azúcar en casa?

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4 comentarios sobre “Una casa sin chuches

  1. En casa el que mas peligri tiene es mi marido! es el loco de las chuches. Lo bueno es que lo que entra en casa él se lo come de una sentada antes de que nos demos cuenta y por tanto poco margen le deja al peque.
    Aún así en el tema bollería y galletas tenemos mucho que mejorar

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