Minimalismo

¿Cuántos juguetes necesita tu hijo?

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No sé quién inventó la tradición de hacer un regalo a los niños por acabar el curso (ya ni siquiera con calificaciones excelentes, sino premiarlo ¡por terminar!), pero está muy extendida de manera silenciosa. Tanto es así que habréis visto cómo han aumentado estos días los anuncios de juguetes y seguro que, como es mi caso, un hombre ha repartido revistas de juguetes a la salida del cole como lo más normal del mundo.

Esto de ser una slow consumer y una minimalista se da de bofetadas con los juguetes de los niños. Haciendo revisión me ha parecido sorprendente la facilidad con que comprábamos cosas a Fresa, sencillamente porque eran otro tipo de juguetes con los que aún no había experimentado. Y así llegó a tener al menos un objeto de cada división de juguetes e incluso de cada serie de televisión. Ahora que enfoco las compras de otra manera, soy muy consciente de tres cosas fundamentales:

  • Es preferible evitar los juguetes electrónicos que dan las cosas por hechas. Las pilas, los botones y las voces enlatadas coartan la imaginación de tus hijos.

  • Mejor optar por juguetes atemporales sin el sello o la pegatina de la serie de moda. Esto también lo hago con la ropa siempre que se puede, porque los vinilos de los dibujos de turno encarecen la prenda hasta 5 y 10 € más y se acaban por aborrecer (además de las complicaciones del planchado). Si pretendes heredar ropa, esos dibujos ya no quedarán tan cool tres años después.

  • Los niños saben jugar a cualquier cosa con cualquier cosa.

Y esto último es lo que contesta a la pregunta del post: tus hijos necesitan pocos juguetes para jugar a casi cualquier cosa porque cualquier juguete es un buen actor. En casa, ver jugar a Fresa es una delicia e igualmente inspirador. Con su vena de actriz, le encanta jugar a películas concretas o sus cuentos favoritos. Pero para jugar a los siete cabritillos no hacen falta ni lobos ni cabras: un mordedor de los hermanos, una pieza de construcciones y un perro de goma son los siete cabritillos (así, agrupando… porque el que interesa es el pequeño), una Barbie puede ser la mamá y Papá Pig el lobo. Cinco minutos después y sin pasar por camerinos, esos mismos muñecos estarán haciendo escenas de La Bella durmiente o Blancanieves y echaremos mano de un conejo de tela porque nos falta un cazador. A veces entramos nosotros mismos en la historia, haciendo cameos donde somos ‘los gigantes’.

No hace mucho hicimos una exhaustiva revisión de juguetes y guardamos para donar todo aquello con lo que ya no jugaba, aquello que no le gustaba nada aunque se lo hubieran regalado con la mejor de las intenciones, o aquello que estaba repetido en tanto a tipo de juguete. Lo que estaba roto o a falta de piezas, fuera. Los escondí por un tiempo antes de ver si reclamaría algo porque fue muy ligera eliminando juguetes de su vida, pero eso no ha ocurrido y aún tiene demasiados. La admiro. No se lleva juguetes de casa de los demás pero sí que regala los suyos con una despreocupación y una generosidad que ya quisiéramos muchos.

Aún no ha habido juguete sobre la tierra que haya mejorado el plan de ir al parque así que cuando desea algo que aparece en la tele, sé que no es una necesidad apremiante. Pero no le infundo ningún temor en las compras ni el mercado, qué bobería. Se trae a casa esa revista que le han dado en el colegio y rodeamos lo que parece chulo. «-Pero esperaremos a tu cumpleaños o a los Reyes, ¿te parece?» Con su dimensión temporal, su cumpleaños podría ser mañana así que no parece un gran sacrificio. Cualquier cosa les resulta emocionante porque supone algo por descubrir, pero podemos seguir descubriendo cosas cambiando el enfoque creativo sin necesidad de consumir más y acumular más objetos.

En Paristogo, una cuna para los minimalistas, Ariana colgó el testimonio de una familia zero waste que me causó gran impresión porque lo valoraba como un imposible en núcleos familiares. Mención aparte merecen los juguetes. Publicaba esta foto y decía la buena mujer que esto es todo lo que habían acumulado en cuatro años:

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Fuente http://www.paris-to-go.com/2015/10/zero-waste-baby-and-kids.html

Sinceramente, usar la palabra ACUMULAR con esta remesa de juguetes, me parecía exagerado, o vergonzoso para mí según se aplique. Resaltaba que había ‘demasiado’ plástico (intentad la hazaña de regalar un juguete de moda sin plástico y me lo contáis), aunque algunos, como los bloques de construcciones, vienen ya en bolsas eco libres de pvc (por algo se empieza). Por otra parte, sus hijos no ven anuncios. ¡Ay, amiga!

Enseñar a tus hijos a cuidar lo que tienen, no sucumbir a sus peticiones de compra de manera inmediata y educarlos para sacar provecho a lo que hay puede ser un regalo de vida que en un futuro aplicarán a todas sus posesiones. Cuando tengan 15 años no tendrán interés por los juguetes pero tal vez hayan aprendido a conservar bien sus pertenencias, a disfrutar de sus aficiones y a no imponer el deseo a la necesidad. Enséñales a ser felices con poco y tendrán más posibilidades de serlo plenamente.

Si quieres un listado más completo de los juguetes de los que creo que nos podemos deshacer y de aquellos que son útiles, visita este post.

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