Minimalismo

¿Por qué vendí mi ajuar? Minimalismo en el salón

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Llevo un año inmersa en caminar hacia una vida minimalista, fascinada con la mejora de nuestra vida, fascinada con la sencillez y la felicidad que devuelve vivir únicamente con las cosas que necesitas. Llegó la hora de meterle mano al salón de casa, y aquí son muchos, muchos los objetos que han desaparecido. Gran parte de ellos vivían ocultos en vitrinas y cajones pero que no los veas no quiere decir que no sepas que están ahí. Los objetos ocultos mantienen el orden a raya pero tienen un gran peso en tu cabeza dado que no los estás usando y te hacen sentir absurdamente culpable. ¿Qué culpa tengo yo de necesitar poco? ¿De necesitar menos?

El salón es el centro neurálgico de casa y como tal, pasamos muchas horas de convivencia dentro, horas que deseo vivir en paz, con espacio y sin sobrecargas. Leí una pregunta reveladora de Francine Jay en su libro ‘Menos es más’ (otra gurú del minimalismo que me quedaba por leer en físico y que ya seguía por su blog missminimalist). Si bien no la recuerdo textualmente, decía algo así como ‘¿Recuerdas la sensación que te dio tu casa cuando la viste por primera vez?’. Cuando estaba vacía, fuiste a verla y te enamoraste de ella. Y recordé, de entre todas, la visión de mi salón. Me pareció enorme, lleno de luz, con ese ventanal bay, la chimenea… no había absolutamente nada allí salvo un sofá azul que deseché. En un solo fin de semana rellené todo el espacio con ayuda de mis padres y, con el tiempo junto a mi marido. Hoy somos cinco y el salón decía BASTA, ES DEMASIADO.

Así fue que empecé a examinar objeto por objeto, a dedicarle unos minutos, recordar la historia de cómo llegaron a casa, cuánto nos costaron o de mano de quién vino y sobre todo les hice las dos grandes preguntas: ¿me sirves? y ¿me haces feliz? Si no hay utilidad ni gozo en el objeto, está ocupando un espacio demasiado valioso, está compartiendo demasiadas horas con tu familia y es hora de decirle adiós.

En mi salón hay dos grandes vitrinas que tuvimos que encargar para hacer espacio a todo el ajuar de bodas. Ahí acomodamos cuberterías, cristalerías y juegos de loza para dar fiestas de hasta 18 personas. Pero nunca he dado de comer a semejante número de personas. Ni siquiera podría sentarlos a todos. Allí dejamos los juegos de copas (vino, agua, champán, whisky…), la porcelana de lujo (salseras, fuentes gigantes…) y una cubertería enorme. Durante años no hemos usado ninguna de estas cosas y, aquellas a las que le hemos dado uso, no han superado el juego de seis a la vez. Esto era un absurdo. Dividimos los objetos en dos grupos: parte la donamos a Cáritas y parte la vendimos paulatinamente a través de Wallapop (aún estoy en ello).

  • Redujimos las copas: 6 de whisky son suficientes. Seis de vino, seis de agua, seis de champán (aún tengo dudas de si esto será útil). Fuera los vasos de tubo, fuera los chupitos, fuera el resto de duplicados. Elegí los que me hacían más feliz.
  • Fuera la cubertería de lujo. Mis cubiertos de diario son cómodos.
  • Fuera también los objetos de cocina que nunca hemos usado (tarteras, bandejas de horno -no tengo horno-, cuencos, tazones, mini tazas, cubiteras…).
  • Fuera copas y vasos de recuerdo de sitios donde no estuvimos, así como regalos de promociones.

Ahora puedo meter todo en una sola vitrina y seguirá sobrando espacio, con lo que estamos en proceso de vender el mueble en sí. Otros cambios han pasado por quitar cables, películas, juguetes y objetos decorativos. Hemos metido más plantas y dejado libres las superficies horizontales. Una buena alfombra en el suelo es fantástica para el gateo de los bebés, una cajonera de madera guarda una selección de colores para Fresa y solo dos pequeños cestos de juguetes que puedes sostener en cada mano. A la mesa, tres sillas (dos tronas para Limón y Mandarina). Otra silla en una esquina y dos plegables ocultas, nos salvarán las visitas. He quitado el exceso de información visual de las paredes: una foto de Fresa, otra de una amiga artista… Hay una pared absolutamente vacía ¡es un tesoro!

Y en cuanto a los sofás, será nuestra próxima remodelación: de 6 plazas podemos pasar a 4 y ¡RECUPERAR EL SALÓN!

¿Por qué me libré de mi ajuar?

Existen tres tipos de ajuar: el de boda, el del bebé (que también he vendido casi en su totalidad -cuberterías de plástico, productos de higiene, móviles…-) y el ajuar funerario. Puedes creer o no en la vida después de la muerte, pero indistintamente, nadie cree que puedas seguir usando tus objetos tras la muerte. Los bebés no pueden usar tantas cosas en tan corto tiempo, los matrimonios no necesitan tantas piezas para ser felices. Y las familias ¡ay las familias con hijos! lo que necesitan es espacio y tiempo. Espacio para poder jugar, tiempo para poder hacerlo. Tener objetos innecesarios nos roba espacio vital, y tener que conservarlos y darles uso nos roba un tiempo único. Así que puedo decir que vendí mi ajuar para poder jugar más y mejor. Ahora tenemos más tiempo, más paz y menos, muchas menos cosas de las que preocuparnos para poder así ocuparnos de lo que de verdad nos importa.

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5 comentarios sobre “¿Por qué vendí mi ajuar? Minimalismo en el salón

  1. Que verdad más grande. Yo estoy en proceso de «limpieza» también. Con mi habitación y el salón en breve.
    Sin embargo tengo dudas de donde puedo donar ciertas cosas. Alguna vez he vendido algo en Wallapop o Segundamano, pero sinceramente no tengo paciencia para esperar a que alguien se interese (si lo quiero fuera, lo quiero fuera ya) y por otro me da mal rollo darle mi dirección a la gente o quedar con gente que no conozco, llámame paranoica jajaja. Prefiero donarlo a alguna asociación que le vaya a dar buen uso. A parte de cáritas se te ocurre alguna otra? Hablo de muebles y electrodomésticos tipo masajeador de pies y esas cosas…

    1. Tienes la web nolotiro y contenedores de reciclaje como Humana, Madre Coraje u otros. Los muebles también se los lleva Betel, una asociación de rehabilitación de ex-presos, ex-drogodependientes… En tu ciudad seguro que hay tiendas segunda mano a las que llevárselo. Por supuesto no des tu dirección y queda en sitios públicos como centros comerciales, estaciones de metro… A excepción de los muebles, asegurate de estar acompañada y confiar en el comprador. Puedes ofrecer trueques en Facebook con los amigos, es divertido y yo lo hago con algunas cosas y así os veis de paso. Suerte amiga 😉
      Pd; si vas a tirar un mueble consulta con tu ayuntamiento, hay días y puntos específicos para dejarlos en la calle.

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