Alimentación

Pequeños pasos para decir adiós al azúcar

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Hace un tiempo que, como multimamá que valora su energía diaria y que es consciente de la importancia de la alimentación en nuestra salud y nuestra vitalidad, llevo una lucha tenaz contra el azúcar. No siempre fructífera, he de decir, dado que me relajo algún fin de semana y sobre todo en las visitas y los viajes. Pero con paciencia y buena letra hemos reducido de una manera exponencial nuestro consumo de azúcares en casa. Y ojo, hablo de azúcares procesados y azúcares añadidos. Decir adiós al azúcar añadido no quiere decir dejar de consumir azúcares, dado que los mejores azúcares naturales los encontramos en frutas y verduras, patatas, arroz, leche… o simplemente podemos añadir endulzantes naturales como la miel, la panela, la melaza…

Hoy quiero compartir mis pequeños pasos en el camino hacia una vida sin azúcares refinados porque los cambios son reales. Los dolores de cabeza ahora brillan por su ausencia pero aviso, el principio es durísimo y la dependencia es atroz: el mal humor está asegurado si decides ayunar azúcar. La búsqueda de la palatabilidad en el mercado nos ha llevado a ser auténticos yonquis del azúcar y en el momento en que decidas privarte de él, tu cuerpo suplicará como un bellaco. En casa siempre hemos pensado que consumíamos el azúcar justo pero no éramos conscientes de los azúcares ocultos. Después de estos cambios nuestro paladar ha cambiado y algunas cosas nos resultan excesivamente dulces: el otro día celebramos el santo de Fresa y el mío y nos permitimos un dulce. ¿Qué pasó? No pudimos acabarlo. No estaba ni por la mitad cuando Fresa dijo que estaba ‘demasiado dulce’. A mí me calló como una bomba en el estómago, literalmente.

Mi motivo para evadir el azúcar no es una razón de peso, sino de buena alimentación. Aunque es cierto que he reducido peso, no era mi idea: mi objetivo es obtener más energía de aquello que como, alimentarme para nutrirme y comer para vivir más plenamente. El azúcar refinado genera unos picos de glucosa nefastos que te hacen sentir estupendamente y a los minutos te deja como gusano en tierra, debilitado y pidiendo un poco más. Además, la piel mejora sin azúcares. Me he olvidado del acné ¡y mi caso era quístico! Eso sí, no falla: si una noche tomo un dulce, a la mañana siguiente tendré un granito. También tenía cándida recurrente (esto es un infierno) y los problemas han desaparecido desde que no hay azúcar.

Aquí van mis consejos para empezar a caminar:

  • Sustituye el azúcar blanco por endulzantes naturales: En casa tenemos azúcar de coco, es de color caramelo y una textura arenosa (como la arena húmeda de la playa) y, me honra decir, que solo abrimos el tarro cuando vienen visitas o para la repostería casera. Puedes añadir pasas y dátiles a tus recetas o los tan de moda siropes de agave y arce.
  • No edulcores las infusiones, tés y café: Esto parece algo impensable sobre todo en el ámbito del café pero si piensas en las cucharadas de azúcar que echas a cada infusión, estarás librándote de una buena cantidad a lo largo del día. Desde hace años no edulcoramos las infusiones y recientemente dejé de edulcorar el café, cosa que me parecía imposible con los cafés de los bares pero el paladar se acostumbra rápido. Y sí, sé que lo mejor es dejar el café… será mi próxima batalla (cuando consiga dormir tres horas seguidas).
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  • Elimina la bollería y las galletas: Hazlas tú mismo. No es gran reto, las recetas están a tiro en internet y para algunas ni siquiera hace falta un horno. Nosotros nos apañamos con un horno-microondas pequeño y hacemos recetas básicas.
  • Reduce la cantidad de azúcar de las recetas: Te aseguro que un bizcocho no se resiente si reduces la cantidad de azúcar que viene en la receta. Donde pone 200gr. puedes poner 60gr. y no pasará nada. Lo ideal es que acabes por no añadir nada de azúcar (si la receta lleva leche, mantequilla o frutas, esta no será necesaria).
  • Elimina las bebidas azucaradas: Agua. Bebe agua todo el día. Las bebidas carbonatadas y los zumos industriales tienen cantidades ingentes de azúcar. Observa esta impresionante foto de ‘Directoalpaladar‘ ¿a que tú también creías que la marca blanca de Mercadona era un zumo saludable para tus hijos?
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  • Para no consumirlo, no lo compres: No tengas gominolas, caramelos o dulces en casa. Si no los hay, no los tomarás. En la encimera de casa tenemos botes con otro tipo de chucherías para picar cuando el hambre aprieta: pistachos, nueces, almendras o frutos secos sin procesar (sin sal, tostados si acaso pero NUNCA fritos). Son fuente de proteínas, hierro, calcio… y tan buenos.
  • Edulcora con endulzantes naturales: Olvídate de la sacarina ¡ya! y en general evita los productos que te prometen 0% azúcar pero tienen un alto porcentaje de edulcorantes químicos. La química no se combate con química. Tu paladar no se modificará si cambias un azúcar refinado por un edulcorante. El auténtico sabor de la comida te espera unas semanas después de reducir el azúcar. Por ejemplo, yo tomo yogur natural y le añado media cucharadita de miel o frutas en trocitos.
  • Come lo máximo posible sin embalar: todo aquello que compramos en plásticos, cajas y bolsas, suele haberse rendido a la comercialización y, además de los conservantes dichosos (el mundo de las E mayúsculas), hay poco en el mercado común que carezca de azúcar. El jamón cocido tiene mucho azúcar, el pan Bimbo tiene mucho azúcar, el tomate frito tiene mucho azúcar… y la lista es interminable. Lee las etiquetas y huye de los productos que tienen el azúcar en primer, segundo o tercer lugar (el cacao en polvo de los niños suele tener el azúcar como ingrediente mayoritario).
  • Di adiós a los cereales industriales: Opta por cereales como la avena, que además de ser mucho más económicos y sin azúcares, te dan un aporte increíble de energía ¡calorías saludables!
  • Opta por las pastas integrales: esto es sencillo, no es mucho más caro si piensas en la cantidad de dinero que estás ahorrando por omisión de otros productos. Tardan un poco más en cocerse ¡pero solo un poco, la paciencia es un don de madre!
  • Deja la comida rápida: Cancela tu visita periódica al McDonald o los pedidos del Just Eat. Cocina tú y controla lo que comes.
  • Bebe agua: A veces la ansiedad nos induce a pensar que tenemos hambre y ese hambre nos incita a escoger un dulce. La verdad es que los occidentales comemos más de lo que debemos y no siempre lo hacemos cuando tenemos hambre, sino por horarios y costumbres. O por aburrimiento, estrés, problemas personales… Primero bebe agua y medita si comer es un capricho mental que tapa algún otro tipo de angustia. Si es hambre, adelante, come algo saludable.
  • Lleva una lista: En el supermercado no salgas sin una lista de la compra y no añadas nada nuevo que no sea saludable. Mi marido y yo tenemos un grupo de WhatsApp privado titulado Lista de la compra, donde vamos añadiendo lo que necesitamos (con la foto de perfil de un carrito de la compra). Y por supuesto, no vayas con hambre a comprar porque si estás dejando el azúcar vas a cabrearte mucho con el mundo.
  • No te obsesiones: Esto consiste en alimentarse mejor, pero no viviendo obsesivamente en la alimentación. No llegues a obsesionarte con las salsas que te pongan en los restaurantes, ni con los bombones que te ofrezcan de visita: se trata de comer mejor pero no hay que eliminarlo todo, la vida es mejor si se disfruta.

Ánimo con la lucha mamás campeonas

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4 comentarios sobre “Pequeños pasos para decir adiós al azúcar

  1. ¡Buena reflexión! Espero que en próximos posts nos cuentes tus recetas fáciles de repostería, a ver si me animo y dejo de desayunar bollería industrial, que creo que es de lo peor que hago en este tema… ¡Besos!

    1. Hacemos muy poquito, la verdad. Empecé porque Fresa tenía que llevar bollería casera un día a la semana para desayunar en el colegio. Bizcochos de almendra, naranja, limón o yogur muy de vez en cuando y galletas cada diez o quince días (de avena y plátano, pastas de té… Una perdición). La bollería industrial tiene azúcares malísimos como el de palma lo que se traduce en grasas malas. Hazlo por tu bebé! ¿Has leído ‘Mamá, come sano’?

      1. ¡No, no lo he leído! He vuelto a las andadas de la bollería industrial hace poco por las prisas de primera hora, pero luego lo compenso con una tostadita, mucho mejor. Aún así, intentaré mejorar ese aspecto… Por el príncipe y por mí. 😉

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