Alimentación·Minimalismo

La cesta de la compra minimalista

Compra minimalista

¿Es posible hacer una compra minimalista? Mis razones para embarcarme en el minimalismo, en mi opinión son razones de abundancia y en abundancia. Razón de peso es vivir una vida más sencilla, con menos distracción superflua y más tiempo para lo importante: mi familia, mis pasiones, el cultivo de uno mismo, la ayuda al que te precisa… y razones secundarias, pero también poderosas, son tener una mejor gestión económica y de tiempo. Minimalismo consiste en quedarte con lo que es suficiente, siendo ‘suficiente’ un límite personal e intransferible que en cada familia puede suponer distinto número de posesiones, actividades o círculo social.

Hay quien escoge el minimalismo en una sola fracción de su vida, y esto ya es bastante loable. Puedes escoger ser minimalista en tu ropa y tener las prendas justas para verte bien y confiado. Puedes escoger un minimalismo social y centrarte solo en aquél círculo de amistades que te hacen crecer y ser feliz, eliminando las redes o las personas tóxicas. Puedes también ser un minimalista laboral, enfocándote en sacar poco trabajo, pocos productos, pero excepcionales o ser minimalista en tu hogar y tener una casa despejada de cosas accesorias. Y por supuesto, también puedes ser minimalista en tu alimentación (este mes he leído testimonios increíbles de largos ayunos tomando solo agua, de personas que beben dos litros de agua a la semana y el resto lo ingieren a través de las frutas e incluso personas que se alimentan de sol. Dudad y cuestionaos pero yo disfruto de lo testimonial y me apasiona conocer a gente que tiene el valor de experimentar lo que parecen locuras).

Por qué hacer una compra minimalista

En cualquier caso, una vez profundizas en la vida sencilla, lo más seguro es que quieras aplicar el minimalismo en todas las facetas de tu vida, incluida la lista de la compra, de aquí el post de hoy. Llevamos más de un año investigando la manera de restar para sumar, de buscar los resquicios para obtener más de menos e ir a hacer la compra en menos tiempo, trayendo a casa mejores opciones de alimentación, es uno de mis objetivos actuales. Para ello llevo una lista que voy rellenando poco a poco con el precio de los alimentos frecuentes, alimentos que son una constante en la lista de la compra y que en uno u otro establecimiento varían el precio (a veces notablemente). Al hacer una lista de estos alimentos frecuentes, me he planteado qué es de verdad necesario consumir a nivel de nutrientes y vida saludable, qué supone felicidad auténtica consumir y qué es capricho. Con ello hemos descartado los alimentos que no hacen bien a nuestra vida, los que están vacíos de contenido nutricional o incluso aquellos que, en realidad, no nos apasionan.

Cómo es nuestra compra minimalista

No solo hemos reducido la lista de la compra (y los euros del tíquet) sino que hemos dejado atrás estanterías enteras de productos. Por ejemplificaros una compra en un supermercado tipo:

  • No consumimos productos de higiene personal (o los hacemos o los compramos de herbolario, sin plásticos ni químicos). Es decir, que no compramos espumas, geles, champús, pasta de dientes, maquillajes, toallitas limpiadoras, cremas, tónicos… Aún no tengo el período a razón de la lactancia, pero ya tengo una copa menstrual para cuando aparezca y seguir sin visitar estas estanterías. Una excepción hacemos con la pasta de dientes de Fresa, que no se acostumbra a probar nuevos sabores y es reacia a abandonar los sabores frutales del mercado ¡lo principal es que se los lave! y el resto no nos parece tan importante.
  • No consumimos productos de higiene del hogar (los hacemos en casa con materiales orgánicos). Ni detergentes, ni lavavajillas, ni fregasuelos, ni deshechables… Ciertamente de este estante compro percarbonato para hacer el detergente en polvo y mochos de fregona cada muuucho tiempo (por si no lo sabíais, todos los mochos se pueden lavar en lavadora y seguir utilizándose).
  • No consumimos productos congelados ni precocinados. Aparte de preferir los productos frescos, también prefiero la comida hecha en casa. Así evitamos estabilizantes, conservantes y azúcar. Comemos cosas que se hacen ese día o al menos esa semana, y en casa. Además, muchos de los congelados son para freír, y ya no tenemos freidora en la cocina. No compramos pizzas, croquetas, patatas fritas, nuggets, empanadillas, lasagnas… Nuestra excepción al congelado son los guisantes.
  • No consumimos bollería industrial. Esto se debe a razón de las cantidades ingentes de azúcar así como del abuso del aceite de palma (intentad leer las etiquetas de galletas y dulces del súper y tratad de encontrar algo sin aceite o grasa de palma… es un espesante muy común del que es muy difícil escapar). Evidentemente mis hijos siguen siendo niños y si algún día Fresa quiere probar algo, se lo compro sin pesar, aunque lo cierto es que casi nunca acaba un paquete entero de lo que sea. Como ya dije, se ha aficionado a las ‘sosainas’ galletas integrales sin azúcar, y yo que me alegro. Hacer dulces en casa es muy sencillo, sencillo de verdad.
  • No consumimos snacks salados. Ojo que todo esto hablo en casa, no sea que me veáis comiendo patatas en una fiesta y me señaléis con el dedo, seamos racionales. Antes era común tener bolsas de patatas hiper saladas, aperitivos fritos y demás. Ahora tenemos frutos secos crudos para picar, altos en proteínas y grasas saludables, con los que, además de quitar el hambre entre horas, hacemos salsas o aderezamos ensaladas.
  • Hemos reducido el consumo de proteína animal (además os confieso que en casa estamos haciendo ¡el mes de octubre con cenas crudiveganas!, proyectos de pareja para experimentar y divertirnos). Esto ha sido quizá el cambio más notable. Hemos descubierto el mundo de la proteína vegetal y nos quedamos patidifusos al conocer que no necesitamos más de un 10% de proteína en nuestra alimentación (no necesariamente animal). De hecho la leche materna, un alimento nutricionalmente perfecto, tiene un aproximado 6% de proteína. En resumen, solo Fresa consume leche de vaca (su papá no toma leche y yo me hago en casa ‘leche’ de plátano o de  almendras), ya no hay en casa quesos (a excepción del requesón) ni jamón (sigue entrando embutido de pavo para los bocadillos del cole), los huevos son ecológicos de nuestra eco-cesta y el pescado y la carne intentamos que sean de mercado, de temporada (sí, los peces tienen temporada) o ecológicos. Solo mi marido sigue consumiendo carne roja ocasionalmente, el resto es pollo, pavo y pescados con poco mercurio. Igual todo esto os parece obsesivo y limitante pero consiste en leer y tomar opciones. Tener la información y hacer algo consecuente con ella. Todo consiste en probar y aferrarte a lo que TE funciona.
  • En cuanto al pan, yo le he hecho mi particular guerra a la harina de trigo, especialmente la refinada. Mi marido sigue tomando pan integral para desayunar (sabed que el pan integral al uso es pan refinado CON un porcentaje pequeño de harina integral). Es difícil encontrar pan integral puro pero existe (por ejemplo en el caso del de centeno), de hecho también los niños toman integral (incluso los picos). Tampoco consumimos pasta refinada, ni arroz blanco. Todo integral, de grano entero, los niños incluidos.
  • Bebidas o ‘brebajes’. Esto da para un capítulo aparte. Como dejé el azúcar blanco, no compro zumos, batidos o refrescos, pero en casa existen porque las abuelas quieren mimarnos/los como la tele nos ha enseñado (no las culpo, Dios me libre). Yo elijo no tomarlos y que viva el agua. Mi marido elige la versión ‘zero’ que a mí me sigue pareciendo tóxica, como os digo, son elecciones personales.

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Llegado a este punto me imagino que a más de uno le a surgido la pregunta ¿qué es lo que coméis? Pues bien, digamos que el 60- 70% aproximado del tiempo que paso en la tienda es en la parte de frutas y verduras, que compramos en abundancia y comemos crudas en su alta mayoría (hemos cenado una crema cruda, ¡si me lo dicen no me lo creo!) como método para ingerir todos sus nutrientes y conservar la energía, el buen humor y tener digestiones sencillas ¡Minimalismo en tu barriga! 

Al reducir las compras y el detenimiento en tantas estanterías, he reducido el tiempo que tardo en comprar así como el estrés que suponía ir de compras, traerlo todo y ajustar el precio. Además, hemos mejorado en salud y felicidad.

Existen otras compras que hacemos fuera del supermercado en nuestro herbolario de confianza, la eco-cesta, el mercado local o pequeñas compras a granel pero aún seguimos valiéndonos de las grandes superficies porque este es un pueblo que creció en desorden dando poco margen al pequeño comercio y mucho a las grandes superficies, por lo que las opciones son limitadas.

¡Llámame loca! ¿Y tú, cómo te organizas para hacer una compra más liviana?

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2 comentarios sobre “La cesta de la compra minimalista

  1. Te descubrí recientemente a raíz de la entrevista que te hizo Lucía Terol en su canal y me has encantado. Me gusta tu manera relajada de llevar “lo alternativo” (minimalismo, veganismo…) a un punto cómodo en tu hogar y familia. Yo también intento aplicar el minimalismo a la cesta de la compra, tal como tú, con mucho producto natural, carnes y pescados que consumen mayoritariamente mi marido e hijo… De los últimos picos consumistas de estas navidades aún tenemos una estantería llena de snacks que ni tengo intención de abrir… lo que es la comida sana, que ni te apetece picar guarradas!! jajajaja

    Aún tengo pendiente hacer el tahini crudo casero tal como pusiste en instagram. Un abrazo!

    1. Qué mensaje más positivo me dejas y con cuánto feedback, me alegra mucho que haya mujeres alineadas en el mismo propósito de vida. La verdad es que cuando se superan las adicciones a los aditivos y conservantes, no apetece volver a abrir esas bolsas. Para los mayores es un traspaso radical y de consciencia, para los niños debe ser una migración silenciosa y, sin darse cuenta… dejan de pedirlo.

      ¡El tahini quedó de muerte! no pensaba yo que fuese a quedar como el de herboristería y resulta que me gusta más el mío.
      Gracias por escribirme May

      (Que viva Lucía Terol)

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