Desarrollo personal

Me cambió la vida

me cambió la vida

Escuchar la frase ‘me cambió la vida’ con frecuencia en una señal de que me rodeo de la gente adecuada, gente emocionante que tomó opciones cuando tocaba decidir y apostaron por un cambio. Ese tipo de personas, atrevidas, que llevan a sus miedos con correa y apuestan por cosas nunca antes probadas, merecen todo mi respeto. La curiosidad por los efectos es un don, las personas inquietas son un regalo para la cotidianidad, e ignorar esto es muy burdo. Y poco inteligente.

Cosas que te hacen decir ‘Me cambió la vida’

Este último año he escuchado historias reales de cómo el minimalismo cambió la vida de alguien (hasta económicamente), como una alimentación saludable cambió la vida de otros o, la más interesante y que suena a cliché repetitivo, cómo la paternidad cambió la vida de una pareja. Fue un cambio real y verídico, causado por la bella elección de traer una persona nueva y única a este mundo. Sí, otro más, siempre igual pero siempre diferentes, con el anhelo de que el siguiente sea una versión superada del humano de hoy, la versión mejorada de sus padres. Ser madre te cambia la vida. Y no hablo de la mediatización en la que todo el mundo se obceca, de la logística. Hablo del cambio interior, mental, holístico. Y de hecho es un cambio tan democrático y aceptado, que nadie en su sano juicio rebatiría a un padre diciendo: «¿Qué cambio ni cambio? Tú estabas mejor antes». Difícilmente alguien se reirá de tu experiencia de cambio, por el contrario te creerá y asentirá a la versión mejorada de tu vida.

¿Quién quiere ir en contra de la versión mejorada?

Sin embargo, el miedo de otros muchos les retiene apegados a una situación estable, aunque no sea la mejor situación posible. Y ese mismo miedo les lleva a reírse de quienes a pecho descubierto descubren que están cambiando, que han cambiado, que quieren cambiar.

Desgraciadamente hay gente contrariando a quienes se atreven a tomar distintos caminos porque lo diferente asusta. No parecerse a nada es raro, no seguir los métodos estándar, incomoda. Puede que a estas alturas de la lectura te sientas identificado con aquel día que decidiste hacer o dejar de hacer aquella cosa y recibiste burlas, preguntas trampa o te pusieron a prueba. Recuerda esa sensación cuando alguien te hable sobre un método nuevo, un camino distinto, una persona nueva, un enfoque diferente. Escúchalo, porque su apuesta de vida no implica la tuya. Que elija ser padre de nuevo, no comer carne o deshacerse de su segundo coche no implica convencerte a ti de lo mismo o que tú posición contraria sea incorrecta. Solo supone un cambio óptimo para él, escúchalo de forma activa, acoge la propuesta aceptando que cada uno es diferente y elige si le acompañarás o no en el proceso, pero no lo juzgues.

Porque si algo puede cambiar a mejor la vida de alguien, ese algo merece respeto y es bien valioso para al menos una persona.

Cuéntame, ¿has tomado alguna decisión que ha hecho reír a otros? ¿Te sientes solo cuando tomas un camino nuevo? ¿Te lamentas de haberte tomado a broma los nuevos intereses de alguien a quien quieres? Estás a tiempo de cambiar tu vida y de acompañar a otros en sus cambios.

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