Minimalismo

Me deshice de mi biblioteca

mi biblioteca

Si eres un amante del libro en papel, este post te interesa porque adoro los libros y no obstante me deshice de una biblioteca de más de 800 tomos.

Después de infinitas lecturas sobre gestión de tiempo, en 2015 topé con el minimalismo y comprendí que la vida fluía  muy fácilmente mediante el desapego a los objetos y el desprendimiento de los mismos. Me convenció, me apunté al barco y comencé a reducir nuestras pertenencias. Pero además, la necesidad obligó: solicitamos la tutorización de Gombo cuando aún tenía 16 años y aunque el camino para traerlo a casa ha sido eterno (si Dios media, el jueves día 1 tendremos un hijo más), quisimos darle una habitación para hacerlo real hasta entonces. Así pues esta es la situación: yo estaba ‘muy’ embarazada de mellizos así que tendríamos que acondicionar dos habitaciones, la gemelar para Limón y Mandarina y la de Gombo. Y para este último elegimos mi estudio, con las paredes forradas de estanterías y libros.

Siempre me he considerado ‘coleccionista de libros’. De preciosas ediciones de arte, de buena literatura, de especímenes raros. Los libros eran para mí una inversión fuera del presupuesto familiar: es un bien necesario y justificado. Pensaba en ellos como un recurso perenne que me serviría para dar mis clases, escribir artículos y ser herencia para mis hijos. Además, dije que nunca leería en digital.

Sin embargo, aquella habitación hecha de libros, atestada de párrafos y puntos y comas, prólogos y epílogos, me empezó a parecer una nube densa cuando conocí el minimalismo. ¿De verdad necesito tanto? Nuestro primer plan fue trasladar la biblioteca al sótano y estoy agradecida a las circunstancias, pues, dado que el sótano tenía humedades y aún no habíamos hecho obra, no me pareció buena idea y lo desechamos.

Por qué deshacerme de mi biblioteca

¿Por qué razón mantienes a tus libros contigo?  Así fue que comencé a analizar uno por uno los libros de mi colección:

  • Había libros que aún no había leído. Por alguna razón incoherente me parecieron interesantes en su momento pero no llegué a abrirlos.  Algunos llevaban años esperando. Era momento de dejarlos ir.
  • Había libros que no disfruté leyendo. Libros que fueron una mierda. Antes los acababa todos, comprometida con mi decisión de haberlos escogido. Ahora solo acabo los que merecen mi atención y tiempo, los que me mueven.
  • Había libros que me encantaban, originales, hermosos (caros). Pensé que mis hijos disfrutarían de esos tomos de arte. Y luego comprendí que no podía imponer mis criterios con una antelación de quince a veinte años. No puedo decirte lo que es hermoso en esta vida porque el prisma es unipersonal y tú eres tan único como lo soy yo. Quizá a mis hijos nunca les interese el arte. Quizá les gusten otras corrientes y, sobre todo, quizá no quieran cargar con unas pertenencias que ellos no eligieron.
  • Y había libros, también, que eran muy especiales o muy prácticos (manuales, libros de fe…). ¿Tengo que deshacerme de todo?

Tomé la decisión de buscar hogar a todos estos libros y  regalamos las estanterías a una pareja de amigos que se mudaban. Nos quedamos con una única estantería para conservar lo esencial. Y está prácticamente vacía. En mi caso, me quedé con la Biblia, los textos gnósticos, un libro de organización doméstica muy útil y que releo con frecuencia, mi tesis y los libros juveniles publicados por mi amiga y madrina de Fresa. Están dedicados, son fabulosos y verdaderamente mis hijos los van a disfrutar.

¿Qué hice con el resto?

  1. Los dividí por categorías y los doné a las bibliotecas pertinentes. Esto es una tarea algo ingrata. Hay que inventariar todo detalladamente y las bibliotecas deciden si lo aceptan o no. No quieren libros con el papel amarillo. Biblioteca de Bellas Artes, de Humanidades, la local, la central…
  2. Puse en venta los mejores tomos. Tenía libros del extranjero, primeras ediciones, catálogos agotados… Los vendí a precio simbólico y casi ridículo: lo importante era buscarles un dueño que lo apreciara.
  3. Regalé libros específicos a amigos especiales. Personas inteligentes, motivadas, inquietas, que darían valor a los libros que más me ayudaron. De hecho aún tengo algunos tomos especiales reservados para mi proyecto ‘trueco café por libros’. Aunque no tomo café, charlamos y les regalo un libro importante.
  4. Mi familia se quedó otros tantos de temas afines a ellos: motivación, desarrollo personal, psicología, lingüística, religión…
  5. Guardé la bibliografía importante para la construcción de mi tesis en casa de mis padres. Esto es temporal hasta la publicación de ciertas partes de la misma.
  6. Reciclé los libros dañados, viejos o terribles de leer.

Y ¿por qué lo hice?

Mis libros eran posesiones estáticas, muertas. Me hicieron vivir un tiempo y yo les pagaba haciéndolos morir. Si no pensaba leerlos nunca más ¿no era más acertado darles salida para que otra persona los usara? Después de todo, si algún día los necesito, será sencillo volver a encontrarlos. Otras personas pueden ganar lo que tu has ganado, enriquecerse como tú lo hiciste ¿por qué quieres esconder el conocimiento? Además de posesiones estáticas, requerían de un mantenimiento: acumulan polvo, hay que evitar humedad, que los niños los rompan/mojen/pinten… Nadie estaba disfrutando de ellos y yo no pensaba volver a ellos. Solo estaban allí, encerrados a modo de trofeo ególatra para regocijarme en cuánto había leído y aprendido. Con perdón pero, al carajo con eso: había leído más de lo que había allí pero ¿ante quien tengo que justificarme de lo que leo? ¿Me define la cantidad? Creo que había un estúpido placer en recibir invitados y decirles: mira mi biblioteca, esperando que en aquellas estanterías vieran mi cabeza repleta. Los humanos somos vanidosos.

¿Y ya no leo?

Ni mucho menos. Anulé mi suscripción a círculo de lectores y visité todas las bibliotecas de mi alrededor. Hay un gran placer en ir a las bibliotecas de otros pueblos a buscar libros específicos o en acudir al préstamo interbibliotecario cuando me pongo exigente.

Pero no todo está cerca de mí. Así que vendí algunas cosas en segunda mano para comprar un Kindle usado que tuve que actualizar hasta hacerlo funcionar y desde él adquiero los libros que no están en mi país, en mi idioma o en mi entorno.

Y ¿recuerdas? Dije que nunca leería en digital, que soy amante de los libros en papel, que era ‘coleccionista de libros’. Te contaré algo muy pedante si me disculpas para que entiendas mi pasión: con diez años mi madre tuvo que autorizar ante el colegio para que me dejaran leer la biblioteca juvenil a partir de 14 años porque ya me había leído toda la infantil.

Pero la versión digital (siempre qué no acumules también en el digital) va acorde a mi vida minimalista: escojo lo que deseo leer y me acompaña en un formato muy reducido sin distracciones tecnológicas, ni siquiera iluminación. Es simple, pequeño, útil, cómodo.

Gombo tiene un cuarto libre de posesiones heredadas y yo vivo feliz desde el desapego al papel, a la encuadernación, al objeto. Leo lo que quiero sin poseerlo. Disfruto sin tener.

Y, a la vez, teniendo.

¿Te atreverías a reducir tus libros a la mínima expresión?

 

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8 comentarios sobre “Me deshice de mi biblioteca

  1. Hola! Me encanta esta entrada porque yo era como tú, de las que de resistía al formato digital, pero al ir reduciendo mis posesiones materiales me di cuenta de que tenía muchos libros ocupando sitio y acumulando polvo y he decidido autoregalarme un kindle estad navidades, que hasta hace unos días ni sabía lo que era, lo descubrí escuchandonuna entrevista de Valentina Thorner y creo que es más práctico y fácil de mantener. Saludos y enhorabuena por ese nuevo miembro en la familia ?

    1. Woa, te va a encantar. Fue como tú dices, mi ‘autoregalo’ de cumpleaños y sinceramente, de las mejores posesiones que tengo. Va conmigo de viaje, a la cama, a recoger a los niños al cole… te va a sorprender la duración de la batería, yo lo cargo una vez al mes. Besos y muchas gracias 🙂

      1. Que bien! Yo voy a cogerme el paperwhite creo que se llama, en negro creo porque pienso que se van a ver mejor las letras con ese marco que con el blanco. Ya estoy como las niñas chicas loca por cobrar la extra para autoregalarmelo!

  2. No sé si te ha llegado mi comentario (lohice directamente desde el correo, es por lo que lo repito aquí:
    Como te entiendo amiga mía, la biblioteca es quizás lo más difícil de “desapegarse”, he “detrasteado” como dices muchas cosas, aún estoy haciéndolas, me es doloroso, pero poco a poco lo conseguiré.

    Una de mis entradas antiguas (es posible que no la conozcas) fue creo que la 1ª vez que reflexionaba en voz publicada al respecto (te pongo el enlace por si quieres verla) http://tribunaavalon.blogspot.com.es/2010/08/yo-mismo-y-mis-contradicciones-humanas.html

    Yo tengo una biblioteca arrastrada de 400 libros (solo dos tienen valor) el resto ninguno, -salvo para mí mismo- y seguro que no los querrían en ninguna biblioteca, pues tienen la mayoría el papel amarillo (claro que algunos tienen más de cien años).

    Les dejaré el “marrón” a mis herederos, creo…

    Reflexionaba en una entrada respecto a los regalos: [Cada regalo que aceptamos, es un hilo que te sujeta como las finísimas cuerdas con que ataban a Gulliver en el país de los enanos, una sola la puedes romper, muchas te inmovilizan.]
    En este caso era un libro tan bonito, que el homenajeado le sería imposible desprenderse de él, con lo que lo regalado era una cadena de “oro”.
    Para ver la reflexión: http://tribunaavalon.blogspot.com.es/2016/07/testimonio-de-un-minimalista.html

    Bueno, estimada Mamá Valiente, no quiero abusar, ánimo y seguiré tu ejemplo (ya te contaré).
    Un saludo

    1. Tienes tanta razón… yo ya estoy consiguiendo convencer a mi familia para que me regale crédito en Amazon, en lugar de impresiones en papel. Evitamos el coste medioambiental, ahorramos en economía y sigo liberada del objeto-libro. Pero es un camino largo de pasos pequeños. Me siento en tu línea de pensamiento, Alberto, es bonito. Gracias por dejarme tu reflexión y los enlaces, nos seguimos leyendo y ayudando a crecer.
      Abrazos.

  3. Hola hermana!! Yo hice exactamente lo mismo (aunque había llegado a acumular casi 2000 volúmenes).
    Esos libros se mudaban conmigo a cada uno de los lugares adonde vivía (llevo contabilizadas 18 mudanzas, así que imagínate) y eran cajas y cajas y cajas, después buscarles un lugar, conseguir estanterías, limpiarlos para que no acumulen polvo, etc, etc, etc
    Hasta que un día comencé el camino de desprenderme de ellos y encontrarles un hogar donde fueran útiles y apreciados: hice casi lo mismo que tu: regale, vendí a precios ridículos y done los que quedaban.
    Por suerte eran mi única posesión ya que hace muchísimos años que practico el desapego a las cosas ,materiales y toda mi vida cabe en dos maletas y un pequeño baúl con papeles importantes.
    Me encanta tu blog, besos

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