Gestión de tiempo

Madrugar en calma (niños sin estrés)

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«Date prisa»
«Vamos»
«Corre»
«Es para hoy»
«Ya llegamos tarde»
«Venga»
«No te lo digo más veces»
«¿Sabes la hora que es?»

¿Te suenan estas frases a primera hora del día? Los niños y los bebés, sufren como los adultos de estrés porque este es una respuesta connatural y programada del cuerpo humano que no distingue de edades. Lo peor, es que nosotros los padres, podemos inducir a nuestros hijos al estrés sin ser conscientes de ello. Uno de los momentos de mayor estrés, sucede irónicamente a primera hora del día, con lo que, en lugar de empezar la mañana con buen pie, comenzamos cargados con una mochila de deuda de tiempo y obligaciones acuciantes. Ciertamente tenemos mucho que hacer, pero a tus hijos debe importarle un pepino y será mejor que así se lo hagas saber.

Si das el pecho a tu hijo, la hormona del cortisol también viajará hasta su boca estresándole. Si tu niño ya no toma pecho, es igual: tus gestos, tus palabras y tu relación con él, pueden igualmente estresarlo aunque a ti no te parezca razón suficiente.

Tus hijos no merecen ni un solo día con estrés.

Si tus niños ya saben hablar y tienen un nivel de comprensión básico, puedes apoyarte en una herramienta fabulosa, ‘El monstruo de los colores‘. En el cole de Fresa lo están trabajando y les ayuda a distinguir sus emociones, sobreponerse y actuar. Divididos por colores, el amarillo es la alegría, el azul es la tristeza, el rojo la rabia, el negro el miedo y el verde es la calma. A veces estamos hechos un lío y somos un manojo de emociones:

Ni que decir tiene que tus hijos deberían empezar la mañana DE COLOR VERDE. Les esperan muchas emociones y el hogar es la pista de aterrizaje idónea para despegar con predisposición y calma hacia todo lo que se les avecina. Desgraciadamente, los horarios escolares al uso los obligan a madrugar pero una cosa será levantarse temprano y, otra bien distinta, hacerlo infundidos de prisa y mal humor.

Los padres no somos conscientes de hasta qué punto podemos abrumar a nuestros hijos con nuestras propias emociones. Imagina que las emociones negativas son nubes físicas: Tu hijo y tú estáis en el salón, él viene con la mente despejada y tú traes un nubarrón eléctrico. ¿Crees de veras que no puede afectarle la cercanía de esa nube negra? Está tronando, el ambiente del salón empieza a oler a humedad, va a descargar y pronto ni él estará a salvo de una descarga. Tú no le has contado tus problemas (siempre importantes, urgentes, ¡tremendos!) pero él los ve. Casi sería mejor que fueras sincera y, en la posibilidad de vuestra comunicación, le hablaras de tu mal día o de lo poco que te gusta la tarea que te espera. Los niños son increíblemente empáticos.

Yo era de esas personas que creía que el estrés es algo individual, que la procesión pasa por dentro. Pero vi a Fresa comerse las uñas y quejarse de dolor de barriga nada más comenzar las mañanas. Algo estamos haciendo mal. En aquella época además, los mellizos lloraban en bucle nada más amanecer. Mi estrés aumentaba ¿cómo es posible? ¿Cómo cierro este círculo?

PREVÉ, ORGANIZA, ANTICÍPATE

Así fue que tomé la decisión de cambiar la forma de comenzar el día. Si no llegábamos a tiempo, yo era la auténtica responsable: ellos no conducen, no hacen el desayuno y ni siquiera saben vestirse. Luego, soy yo la que tengo que organizarme mejor. Partiendo del hecho de lo importante que es un buen descanso, podemos hacer otros gestos que alivien las prisas de las mañanas.

  1. Levántate con margen de sobra. Personalmente, yo me levanto 1h y 20min. antes de salir a la calle. Después tengo 15 minutos para llegar a la guardería y otros 20 más para llegar al colegio. Mis hijos siempre llegan puntuales, Fresa de hecho llega antes de que abran las puertas del colegio. Con ello me aseguro transmitirle la importancia de llegar a tiempo a los sitios, de no retrasarse y de comenzar el día con buen pie.
  2. Anticípate por la noche. Antes de acostarme, dejo listos uniformes, mudas y pañales en montoncitos. Tanto mi ropa como la de mis hijos, nos espera por la mañana en orden de postura: primero están los pañales/braguitas seguidos de calcetines, camisetas interiores… hasta llegar a los zapatos, que quedan debajo en el montón. Yo incluso desdoblo mis calcetines a la noche y a la mañana todo es rápido y fluido. No tardas nada en preparar la ropa y lo agradecerás por la mañana. También dejo preparadas las mochilas, los abrigos y mi bolso. Lo único que no meto en la mochila es la merienda del día.
  3. Levántate antes que ellos. La primera en levantarme, toda sigilosa, soy yo. Me visto y en la cocina me dedico a hacer la comida de mi marido y los desayunos de los niños. Cuando despierten, todo estará calentito. (Ojo, lo de tu marido no es una exigencia machista del guión. Yo lo hago con gusto porque deseo que lleve una alimentación sana y así lo hemos acordado. Entre risas me llama su coach nutricional)
  4. Despiértalos con calma. Besos, caricias, luz tenue. Infúndeles un mensaje positivo, hablando sobre lo que van a hacer, lo que les espera, la alegría que te da ver esa cara por la mañana, ¡llevo muchas horas sin verte! Si buscas, siempre hay algo emocionante dispuesto para ese día: aquél trabajo para entregar, el cambio de libros y películas en la biblioteca cuando vuelva a casa, la cita en el parque con su amiga, el juego que ayer se nos quedó a medias… Y si tienes un bebé, entenderá con tu actitud que les espera un buen día, que es hora de levantarse pero todo está bien, todo está en orden y estáis juntos.
  5. Deja un margen libre. Cuando vinieron los mellizos, aprendí que más me valía dejar un margen de sobra, que ajustar demasiado el tiempo con el fin de rascar unos minutos de sueño. Los niños son impredecibles: vomitan, se niegan a levantarse, se manchan todo el uniforme una vez que estás en la puerta o rellenan el pañal cuando los estás metiendo en el coche. Por ello, deja siempre un margen en tu organización, libre de tareas: 10, 15 minutos, depende de tu rutina y el número de hijos. Con suerte, los días sin imprevistos serán la mayoría y será un tiempo para jugar o simplemente un margen para saber que no existe la prisa en vuestra mañana, que no existe el estrés.

Cuéntame, mamá, ¿cómo comenzáis el día para no ir con tanta prisa?

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9 comentarios sobre “Madrugar en calma (niños sin estrés)

  1. Madre mía! Nunca lo había pensado así, siempre me levanto antes (primero doy el pecho a la bebé) que sigue durmiendo plácidamente en mi cama y me pongo a prepararlo todo, pero por lo general acabo metiéndole prisa a la mayor y estresándola y mira que ella es diligente, pero yo siempre le echaba la culpa, le digo que es muy lenta pero no es así, es una niña y van a otro ritmo.
    Me ha encantado el artículo y voy a intentar aplicar tus consejos: preparar antes la ropa y dejar un margen porque haga lo que haga siempre llegamos justos o tarde y yo empiezo la mañana estresada y lo que es peor mis hijas también ?
    Besos!

    1. Muchas gracias por tu entusiasmo. Tienes razón en que lo peor es no ser consciente de ello pero mira, ¡hemos llegado a tiempo! aún le quedan muchos días de cole para que nosotras practiquemos 😉

  2. Yo soy como tu, me levanto hora y media antes de salir de casa. El otro cambio es que despierto a mi mayor, de casi 3 años, 20 minutos antes de lo que solía hacer…en ese rato si quiere mimos tiene mimos, remolonear en la cama, jugar con los mellis..luego va todo mucho mas rodado.

    1. ¡Tienes las claves! Jaja qué campeona. La verdad es que a ellos no les importa madrugar cono creemos y les compensa el extra de amor y de relajación. Gracias por dejarme tu experiencia por aquí, recibe besos

  3. Hola mamá valiente, aprovecho este post en el que mencionas la guarde para preguntarte cómo viviste el dejar a los bebés allí, el tema de la adaptación… Lloraron mucho? Dudaste? Se quedan muchas horas? Yo empiezo ahora la adaptación y mi cabeza dice «tienes que dejarla» y mi corazón dice «nonono». Mi nena tiene 11 meses y claramente preferiría quedarse con su mamá. Ufff que duro se me está haciendo 🙁 Te sigo desde hace un tiempo y me encantaría conocer tu experiencia (si te apetece compartirla claro). Gracias y saludos de una mamá que no se siente muy valiente

    1. Gracias por traer a la palestra este tema tan controvertido. En mi caso, trabajando en casa he oído el reproche de: ¿por qué no te los quedas en casa? Pero la vida de hoy es una realidad distinta a lo que fuera antes: ya no hay redes, vivimos lejos de la familia y los amigos, los vecinos apenas se conocen. Si no tienes un soporte firme, tu cabeza no podrá aguantar mucho tiempo entregándose, dando y dando hasta vaciarse. Necesitas llenarte para querer mejor a tus hijos. Está bien que os separéis un rato, tú procura formar tu mente y tu corazón esas horas para luego hacer crecer a tu peque con energía y claridad mental.
      Fresa tuvo malas adaptaciones, auque cortas porque pasaba todo el día sola conmigo. Los mellizos han entrado juntos así que es como si siguieran jugando en casa. Cada niño es un mundo, no te sientas culpable porque cuando cruzan la puerta dejan de llorar y comienzan a jugar.

      Espero poder hacer pronto un post sobre el tema. Gracias por contar tu inquietud

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