Desarrollo personal·Embarazo, parto y posparto

¿Por qué no aceptamos el cambio físico de nuestro cuerpo?

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El embarazo es entre otros, uno de los cambios físicos más desmedidos del cuerpo humano. El cuerpo se transforma de manera radical y, aunque de manera radical se retrotraiga, nunca vuelve a ser el mismo cuerpo. Por la misma y lógica razón por la que hoy no somos los mismos que ayer éramos. Piensa en los números: Tienen un comienzo pero son infinitos en su progreso. Sin embargo, el mercado y el pensamiento irracional van de la mano ofreciendo sugerencias para ‘mantenerte’ en el tiempo físicamente idéntico y para culparte por dejar que las cosas simplemente sucedan en tu piel y tus medidas.

Nos culpabilizamos por engrosar un centímetro, subir un kilo o por perder mucho de golpe, tener señales, cicatrices, varices, manchas y estrías. Sumamos puntos negativos a nuestra concepción de nosotros mismos con cada cambio y nos enorgullecemos de aquellas partes que siguen igual o ‘en su sitio’.

No aceptamos el cambio.

No aceptamos que nuestro cuerpo es un órgano vivo, millones de células en constante cambio.

Hemos perdido el contacto con la verdad de las cosas y hemos acabado por cosificarlo todo. Todo es mensurable, como un electrodoméstico, todo tiene características fijas y garantía de devolución. Podemos clicar sobre cualquier cosa y ver su descripción además de enfadarnos y reclamar si la descripción no se corresponde con el objeto real. Nos enfadamos cuando la fruta madura demasiado pronto, cuando los productos vencen, nos asustamos cuando los colores cambian. Nos molestamos cuando la pintura destiñe o las puertas lacadas en blanco amarillean. Nos quejamos por el cambio de las cosas y creemos que con el cuerpo podemos pensar de igual manera.

No somos nada flexibles porque hemos perdido el contacto con la naturaleza, siempre cambiante, inconstante y móvil. Ya no vemos un árbol crecer en el campo, ni lo vemos doblarse. No vemos cómo en un camino transitado crecen menos hierbas que el que no…  La vida no es inmutable y fluye con precisión y constancia. ¿Te imaginas un árbol quejándose porque antes era un árbol delgado y ahora es un árbol enorme que da fruto? Los cuerpos se modifican y cambian: engordamos, nos estiramos, adelgazamos de golpe, nos dañamos. Y todo es consecuencia del fluir de la vida. Sin embargo vemos esta misma por fotogramas inconexos:

Llueve y lo interpretamos como una incidencia más o menos molesta, más o menos romántica. Sin embargo no lo entendemos en el contexto geológico, hidrológico, atmosférico y ¡dinámico! de la naturaleza. Nos importuna el cambio sin contextualizar su razón: Nos enfadan las estrías sin asimilar de dónde vinieron.

El cambio físico de nuestro cuerpo implica estar presentes en el hoy

A nuestra sociedad le pesa el cambio porque lo entendemos como algo negativo. Nos asusta la imposibilidad de volver atrás, de retroceder a los que fuimos. Ocurre en política, en empresa, en educación, en las amistades, la pareja… pero sobre todo en el físico. Dime si no cuántas portadas histriónicas han ocupado los famosos por sus cambios externos: Fulano ha engordado, Menganita está muy delgada, Cetanita está tan distinta que parece operada… amén de la alabanza a aquellas por las que parece no pasar el tiempo. Por las que no pasa la vida.

Por mí ha pasado la vida. De forma natural y procesando cambios.

Y tú ¿aceptas la vida en tu cuerpo?

 

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2 comentarios sobre “¿Por qué no aceptamos el cambio físico de nuestro cuerpo?

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