Gestión de tiempo·Minimalismo

Vivir a remolque. Reduce tu estrés

reduce tu estrés

A veces ocurre que nuestras expectativas superan nuestra capacidad actual (fuese de tiempo, talento, motivación o fuerza física). Dado que vivimos comparando lo conseguido con aquello que queremos ser o con aquel a quien queremos parecernos, nos parece que no llegamos a cumplir el ratio o los estándares de nuestra vida. Pero lo cierto es que llegamos hasta donde llegamos porque nuestra vida actual es elástica hasta ese punto y no más. Si tu cuerpo no tiene voluntad para estudiar inglés una hora cuando los niños se acuestan y terminas de recoger a las doce de la noche, es porque eso no tiene cabida en tu desarrollo actual. Tu actitud es buena, pero el momento no se ha concitado. Y forzarlo, es ‘vivir a remolque’.

Ser consciente de esta situación es, como en toda acción por el cambio, el primer paso para evitarlo. Vivir a remolque supone ser arrastrados por otros y no por nuestra propia dirección. Significa no llegar a las tareas impuestas desde fuera o, aún peor, llegar a dichas tareas desatendiendo nuestras necesidades familiares y personales puesto que somos más dados a cumplir con los demás que con nosotros mismos.

Vivir a remolque es desoírte:

Es no atender a tu realidad, desoír que tu tiempo es limitado y también tu motivación por la implicación en proyectos. Es halagador que nuestro nombre suene en muchas bocas, artículos y proyectos… pero es insostenible.

¿Cuál es la alternativa? Reduce tu estrés

La alternativa pasa por delegar aquellas tareas donde no eres imprescindible y donde incluso otros pueden hacerlo sobradamente mejor que tú. Esto es, ser humilde. Igualmente pasa por eliminar / suspender / anular los disruptores de la felicidad, todo aquello que no nos aporta esa sensación de hacer lo que realmente queremos hacer o estar en el camino de ser lo que queremos ser.

Si sientes que estás ‘viviendo a remolque’, deténte un momento a pensar cómo se dividen tus días: subraya todo aquello que es emocionante y empieza a pensar en cómo decir no al menos a parte de lo que quedó sin subrayar. Quizá tengas incluso algún proyecto no empezado que ocupa tu cabeza aún más que los que están en activo pero que por alguna razón no has empezado y estás procrastinando… ¿Es algo bueno para nosotros o es otro barco ajeno por el que seremos remolcados?

 

Escúchate. Y toma acción. Valiente.

 

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