Alimentación·Gestión de tiempo

¿Mal humor? Cómo influye la comida en tu ánimo

mal humor

Uno de los bloques que veremos en el Seminario de Gestión de Tiempo Minimalista es la alimentación, un campo que creía totalmente desligado de la productividad y con el que obtuve muchas soluciones, además de comprender cuán equivocada estaba.

¿Alguna vez has estado merendando con tus niños, felices y divertidos y al rato reaccionas excesivamente a una trastada, estallas o les gritas sin venir a cuento? ¿Te has visto en una exposición oral en el trabajo y, aún habiendo dormido y habiendo desayunado parece que las palabras se te pegan a la boca? ¿Cuántas veces has dicho aquello de ‘hoy tengo el vocabulario lento’? Los cambios incontrolables del estado de ánimo y nuestra fluidez mental están directamente influidos por nuestro segundo cerebro, el estómago, y mucho de lo que comes, da respuesta a tu cambio de humor.

¿Quieres saber cómo nos influyen los alimentos y por qué nos ponen de mal humor?

Nuestro cuerpo tiene un estado natural alcalino y nuestro organismo trabaja para mantener esta alcalinidad. Muchos de los alimentos que ingerimos a diario acidifican el cuerpo. No obstante, pese a lo que se cree erróneamente, la culpa no es tanto de los alimentos y su carácter sino del abuso en la ingesta que hacemos. Esto es, el problema no es que consumas un alimento que te acidifique, sino que al comerlo de manera continua y abundante expondrás a tus órganos a un continuo desgaste por mantenerte alcalino. Nuestro cuerpo elimina los deshechos ácidos a través de la orina, la espiración y el sudor haciendo trabajar a nuestros riñones, nuestros pulmones y la piel entre otros. La sobrecarga de nuestro sistema a través del abuso de ciertos alimentos es lo que produce el daño. Este desgaste puede producir osteoporosis, hipertensión, ansiedad, envejecimiento y otras alegrías…

Cuando tu cuerpo está ocupado en regenerar tu equilibrio, tus funciones se focalizan y tu energía se ve mermada. Además, ciertos alimentos son, sin saberlo, adictivos (por ejemplo, los conservantes y aditivos de una cantidad ingente de productos del supermercado ¿o no te has visto incapaz de cerrar una bolsa de patatas fritas o un paquete de galletas?).

¿Qué alimentos acidifican el cuerpo?

La carne, el pescado, los huevos, los lácteos, las harinas, los productos procesados, el azúcar, el café, el cacao y el alcohol. Ahí es nada.

Del azúcar blanca ya hemos hablado aquí en otras ocasiones, sus picos de serotonina y sus rápidas bajadas hacen que nos volvamos agresivos y respondamos de mal humor después de un capricho dulce. En cuanto a las harinas, no es ningún secreto que el pan blanco tiene unos quince componentes opiáceos. Es tan analgésico que ayuda a combatir el dolor de muelas y dientes (ya sabes por qué desde antaño se le da pan a los niños en proceso de dentición). Pero igual que apacigua tus sentimientos de estrés, embota tu mente y te genera ese nube que te tiene espeso todo el día. No solo adormece tu mente, sino también tus paredes intestinales. Además, esto ya lo sabes porque lo habrás comprobado, es adictivo.

El cuerpo, que es perfecto, te perdona una coca cola, unas patatas fritas, un bollo de crema, un café doble o una hamburguesa siempre que no se convierta en tu alimentación base y diaria. Se restituirá pero… no abuses de él.

¿Qué alimentos son alcalinos?

Las hojas verdes, altas en clorofila, aguacate, pepino, brócoli, los germinados, el limón (el sabor ácido no tiene nada que ver con sus valores en el ph), los germinados, las almendras crudas… Para resumir de manera bien sencilla, lo alcalino está ligado a la fruta, verdura y semillas en su versión cruda y cuanto más procesemos, cocinemos y empecemos a añadir conservantes, aditivos y edulcorantes, más ácido.

Para un completo bienestar de nuestro cuerpo intervienen otros valores a tener en cuenta como el consumo de agua, el sueño, el contacto con tóxicos o la práctica del ejercicio entre otros pero puedes tener presente que lo que comemos tiene gran parte de culpa. Tu cansancio y tu irritabilidad aparentemente injustificados podrían estar dando alarma del desgaste que le haces a tu organismo con la dieta que escoges. Las personas en desequilibrio se vuelven negativas, criticonas, e irascibles. Si te ves reaccionar así, ahora puedes interpretar las señales de advertencia y tomar medidas.

Con un cambio de alimentación a una más saludable, menos procesada y más ¡real! ocurren también cambios en el ánimo y el carácter. Se dulcifica tu carácter y te sentirás más paciente, menos nervioso y más receptivo. Por otro lado, cuando dejamos de estar ‘dormidos’ reconectamos con nuestros sentimientos y te toca otra lucha que lidiar. Si dejas de consumir refrescos, café, azúcar o alcohol, ya no hay manera de acallar la ansiedad procedente de los problemas reales… si bien puedes tomar tus conocimientos como arma y, en vez de recurrir a un ansiolítico con excesiva rapidez, ¡decidir darte una tregua con algo de pan!

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