Desarrollo personal·Entrevistas

Renuncié a mi baja maternal (Testimonio)

baja maternal

El siguiente testimonio deja claro que no hay elecciones buenas o malas en la maternidad: hay elecciones personales. Somos muy rápidos al juicio y tenemos muchas frases hechas encabezadas por el ‘deberías‘ y culminadas con nuestra experiencia. Y NUNCA debemos baremar a los demás por aquello que hacemos sino en función de las circunstancias de cada familia. Os traigo las palabras de una mamá que, por motivos laborales, renunció a la baja maternal de su primer y único bebé y sufrió los comentarios y presiones del entorno. Además, es un testimonio de cómo el papá puede hacerse cargo perfectamente de su hijo, pese a lo que la publicidad nos quiera vender. Esta mamá no es menos madre. Esta es también una Mamá Valiente:

Un testimonio de renuncia a la baja maternal

«Siempre, desde que recuerde, la docencia me encantó. Si a esto le añadía la investigación, solo encontraba un lugar donde podía desarrollarla: la Universidad. Estudié una carrera -para muchos sin salidas- y tras terminar mi licenciatura, estudié oposiciones, compaginándolo con el doctorado. En esta primera juventud creía firmemente que la docencia universitaria era mi meta profesional.

Por azares, o no, de la vida he podido trabajar en centros de secundaria y en el ámbito universitario. En esta última etapa profesional, en la que llevo varios años, he ido descubriendo que se trata de un trabajo más. No deseo ser pretenciosa pero no es lo mejor del mundo como socialmente te hacen creer. ¿Motivos? Sueldo bajo para desempañar dos empleos con altas exigencias: docencia e investigación. Si tienes 200 alumnos por cuatrimestre, ¿cómo vas a investigar o a producir un paper? Porque, eso sí, el paper es una contribución académico-científico que debe de ser de primer nivel, -la releche en el campo científico de tu área- y le dedicas meses de tu existencia. Cuando lo terminas, pocos lo leerán. Además, ni siquiera tu Jefe de Departamento reconocerá tu esfuerzo. Por otra parte, estos señores jerarcas, en el mejor de los casos igual hasta te saludan por la mañana. (Esto lo aplico también a las Jefas de Departamento. Empleo el masculino para englobar a ambos géneros).

Mi marido me apoyó

Bueno, ¿qué tiene que ver todo esto con lo de ser madre? Pues mucho, porque estamos hablando de la experiencia de una mujer en un puesto de docencia universitaria que optó por no darse de baja durante su embarazo, ni después del parto. ¡Ea! ¡Como la loca esa de la ministra esa! ¿Y por qué? Porque tanto mi marido como yo (sí, mi marido también está en el ajo), creímos que era la mejor opción pensando que conseguiría más puntos de cara a una futura bolsa de trabajo que se abriría posteriormente en mi Departamento. Además, debía valorar que había otra persona que quería mi puesto (¡Fíjate tú qué cosas!) por lo que si me daba de baja, ocuparía mi lugar y, al final, se pondría un poco delante de mí.

En el ambientillo laboral universitario, cuando una se queda embarazada la presión para publicar y ‘congresear’ se pone en peligro. Entonces, solo notas tensión entre compañeros y miradas que nos sabes interpretar. Te miran hasta raro porque no vas maquillada y cuando sí lo vas te dicen: “¡Huy qué mona!”.

Por otra parte, ves cómo tus propias compañeras (aquí si tengo que especificar el género femenino) te indican (¿Te dan consejos?) cómo debes criar a tu bebé. Yo oí cosas como: “Cuando tu bebé llore, tienes que dejarlo un rato porque supón que estás concentrada escribiendo un paper…” o “Recuerdo que cuando estaba lloviendo, mi marido se bajaba a la niña a la cochera para que no me interrumpiera si estaba llorando”. ¿En serio? ¿Son consejos? Con este tipo de “advertencias” de otras compañeras que han sido madres antes que yo lo único que podía era evitar reírme de ellas, además de mirarlas con cara de circunstancia.

¿Y cómo me sentía?

Podría afirmar que el sentimiento era “poliédrico”. Por momentos estaba sola y sin notar el respeto por algunos de mis compañeros; para ser justos no puedo sentenciar que todos fueran unos idiotas. Algunas personas hasta me preguntaban cómo me encontraba. Más allá de lo cordial, después aparecían los comentarios jocosos o estúpidos sin fundamento del tipo: “Deberías estar en casa cuidado de tu bebé”. Desde luego el enojo iba en aumento hacia estas personas bienintencionadas.

Volviendo al tema de la baja laboral. Recuerdo que en mi trabajo en el momento que comuniqué el embarazo de mi retoño (a los tres meses aproximadamente) me tenía que dar de baja inmediatamente. Después, cuando di a luz renuncié a mi baja maternal, casi después de un mes del parto natural, y me incorporé a trabajar. Total: tenía que estar sentada y no iba a cargar sacos de cemento. No me sentía mejor que nadie pero creo que hacía todo esto por supervivencia laboral y por miedo a perder la plaza. Durante aquel tiempo también desarrollé cierto sentimiento de inseguridad: cuestionaba toda mi manera de actuar, el cómo enseñaba o el nivel de mis conocimientos sobre las materias que impartía.

¿Cómo reaccionaron mis compañeros?

Recuerdo que envíe una comunicación por vía electrónica comentando que me encontraba bien y que había tenido un bebé precioso, y que volvía a trabajar. Nadie me contestó. Creo que no hace añadir nada más. Bueno sí: solamente dos compañeros, que eran matrimonio, me felicitaron y otra compañera me regaló ropita para un niño gigante de tres años. (La pobre no tenía mucha práctica con esto de hacer regalos para recién nacidos).

Después, cuando me incorporé, ¿qué me dijo mi jefe? Tenía que abandonar mi línea de investigación, hacer cinco artículos por año en revista de alta calidad. Que yo sepa mi cerebro no se reblandeció durante el embarazo o el parto, pero no se me podía tildar de mala compañera si deseaba posponer mi labor de investigación durante un tiempo.

Mi jefe añadió que, además, debía pensar en mi futuro y en quedarme a vivir en el lugar donde estaba la Universidad. Eso o me quedaba sin mi plaza. No había alternativa alguna. ¿Qué hice? Terminé mi contrato y me fui a otra Universidad más cercana a lugar de residencia. Al respecto también me sugerían: ¿por qué no te quedas a dormir? Respuesta: el sueldo no me da. No renunciaría a mi familia, aunque los horarios fueran los más nefastos: mi día laboral comenzaba a las seis de la mañana y llegaba a las once de noche.

¿Y cómo fue lo de baja en mi entorno social?

Eso era una locura e incluso podían venir los Servicios Sociales a buscarme, -según comentaban. ¿Qué pasa, que mi retoño no tenía a su padre? Este tipo de comentarios, ¿en qué lugar dejaban a mi esposo? ¿Resulta que es un hombre y es un descerebrado? A fe mía que es un padrazo. Gracias a su apoyo y al de mi familia pude continuar con mi desarrollo profesional. Tampoco me molesta decir que estoy felizmente casada.

¿Qué hago ahora?

Soy mi propia Jefa (con mayúscula). Eso y darme cuenta de que no merece la pena conservar un puesto de trabajo donde te presionan y no te respetan. No merece la pena un puesto en la universidad, porque es un trabajo más. El prestigio no de lo da pertenecer a una entidad de este tipo. El prestigio está en cada persona.

Solo me queda por añadir que puede que para muchos me esté equivocando, echando el trabajo de muchos años por la borda, pero sabed que me siento libre para decirlo. ¿Esto lo podéis afirmar vosotros?»

——–

Gracias por tu testimonio Mamá.

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2 comentarios sobre “Renuncié a mi baja maternal (Testimonio)

  1. Ole tú, no creo hayas hecho ni bien ni mal, has hecho lo que crees que debías hacer. Mi caso es similar pero sin estar en esos niveles de jerarquía, una simple administrativa que tras 12 años trabajando 12 horas diarias, inclusive en mi descanso de comida, se queda embarazos y el jefe ve la oportunidad perfecta para quitarme de enmedio sutilmente, soy algo así como una becaria con 35 años. Embarazada de mi segundo bebé, sólo espero el momento de decir adiós, creo que es el momento oportuno para hacer un cambio, a veces pienso (gracias a mi optimismo) que eso es una oportunidad que me ha venido de frente y que te le cogerla de frente, algo bueno sé que va a venir. Y si lo pide el cuerpo y la familia, no hay nada que te ha más prioridad. El resto, son personas que llenan tu libro de páginas vacías.

    Me alegro por ti y por tu decisión. Y recién suscrita a Mamá Valiente y después de buscar blog sobre minimalismo que me diese uno soplo de aire fresco, sin duda este es supera al resto con creces.

    1. ¡Cuánta pasión Cristina! Me gustan las mujeres como tú, las mamás valientes. Este que está escrito no es mi testimonio personal sino el de alguien muy cercano. No obstante todas las mujeres formadas hemos vivido situaciones semejantes cuando llegaban los niños y faltan más voces de denuncia.

      Gracias por suscribirte, este es tu casa desde ahora 🙂

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