Minimalismo

Por qué necesitas menos ropa

menos ropa

Ayer, lunes 24 de abril, se celebró el Fashion Revolution Day, un día que invita a la revolución en la moda en busca de un futuro ético donde los compradores nos cuestionemos su consumo y conozcamos su procedencia, frecuentemente injusta. De hecho, estamos inmersos en la Fashion Revolution Week (hasta el 30 de abril), bajo la campaña #quiénhizomiropa, una iniciativa para etiquetar a la empresa que hizo tu ropa con las fotografías de la misma en espera de que las grandes industrias del textil sepan o quieran responderte. Con este motivo leí en el blog Esturirafi una fantástica entrada que me reforzó en el cambio de armario minimalista de este año. Entrad para leer cómo funciona la campaña y cómo podéis participar.

En dicho artículo, Ruth y Nahir comenzaron con una información hiriente como que «Se necesitan 2720 litros de agua para hacer una camiseta: que es lo que normalmente bebemos en un periodo de 3 años» o que «Hacer un par de jeans requiere de más de 750 litros de agua, el equivalente a 285 duchas». Vaya aquí mi alegato y mis razones para entender que no necesitamos tanta ropa:

 

  • La explotación humana y de recursos. Sí, es obvio pero lo olvidamos. No aparece en los escaparates ni en la publicidad de las grandes marcas pero lo cierto es que la gran mayoría de nuestra ropa nos llega tan barata bajo condiciones de explotación de los trabajadores así como por el empleo de niños para las labores de producción. ¿Crees que si se pagara bien al agricultor, bien a quien tinta y a quien cose la ropa podrías comprar una camiseta por 2,99 € y que la marca, el transportista y la tienda obtuvieran beneficios? Por algún sitio hay que recortar. Y si las condiciones de trabajo no son suficientes para la concienciación, deberían serlo el sobreconsumo y la explotación del planeta a nivel de contaminación y consumo de materias primas a ritmo imparable. Por otro lado, la necesidad de tener más recursos implica plantaciones con más químicos que inevitablemente estarán en tu ropa y posteriormente en tu piel.
  • Las fórmulas de venta son hirientes. Las estrategias de publicidad del mundo textil están ligadas al sexo, incluso en edades infantiles, a unos cánones de belleza desligados de la realidad, a la formación de estereotipos y a la discriminación de aquellos fuera de estos. Consumir lo publicitado de esta manera induce a la industria a seguir vendiendo con tales técnicas, dado que son eficientes. No te gusta el anuncio de tal marca pero acabas comprando allí porque te queda cerca, es barato o tienes la costumbre. Valórate como es debido, haz caso a tu ética porque para eso te instruyes y actúa en consecuencia.
  • Tiramos mucha ropa. De hecho la tiramos, ni tan siquiera tenemos un alto porcentaje de reciclado, cuando muchos de los textiles podrían volver a reutilizarse. La venta por impulso afecta directamente a nuestra economía y nos hace perder bastante dinero a lo largo del año.
  • La ropa como pertenencia nos apega a prendas físicas que debemos mantener. Esto implica un exceso de trabajo en su manutención. Cuanta más ropa, más lavado, más planchado, más tendederos cargados.
  • Justo por lo anterior, con más prendas somos menos libres para viajar, mudarnos y en definitiva tomar decisiones que impliquen movilidad o desplazamientos grandes.
  • Porque cuando tenemos un exceso no apreciamos absolutamente nada. Vestimos una prenda de estreno pensando únicamente en el impacto que tendrá en los ojos ajenos y desoímos las sensaciones propias de esa nueva prenda. No miramos con mimo los tejidos, las costuras o la sensación que nos producen. No cosemos un mal botón: compramos otra.
  • Porque el tiempo que pasamos en las tiendas es tiempo que no hacemos vida. Nos perdemos a nuestros hijos, nuestra pareja, nuestra familia… Da igual que compres por internet: divagarás entre páginas, ampliaciones y condiciones de envío.
  • También perdemos tiempo encontrando qué nos quedará perfecto esta mañana, desviando la atención sobre lo que realmente nos queda perfecto: una sonrisa, una buena salud, un corazón estimulado.
  • Porque la mayoría de la ropa que compramos ni tan siquiera nos sienta bien o no es cómoda. El otro día leía que los vaqueros no deben lavarse nunca o frenaremos el trabajo de adaptación del tejido a nuestro cuerpo. Pero así vamos, acumulando ropa que cambia de forma, no nos ajusta, no nos hace movernos con ligereza y que, extrañamente, conservamos.
  • Porque hemos aprendido un patrón que no es nuestro, que nos dice lo importante que es nuestra primera impresión e indefectiblemente se ha ligado al vestuario. Pero siendo sinceros: ¿recuerdas la ropa que llevaba tu pareja o tu amiga la primera vez que os conocisteis? Lo cierto es que el poso de nuestras impresiones está más asociado a las palabras que se dicen, la gestualidad o la fuerza que transmitimos más que a las prendas escogidas.
  • Porque con la ropa y los espejos trabajamos la vanidad. Nos envanecemos con la ropa de estreno, con las combinaciones propias de revista o con el cuerpo marcado y sugerente. La vanidad está ligada a la soberbia y nos vemos bellos en función de las comparaciones. Me queda mejor que o me queda igual que. Imagina comprar en una tienda donde no hubiera espejos y simplemente te llevaras la ropa por lo cómoda que te resulta o por que visualmente te gusta tanto como para llevarla puesta.

 

¿Has hecho ya el cambio de armario? Si te gustó, comparte y ayuda a otros armarios a ser felices desde lo poco.

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4 comentarios sobre “Por qué necesitas menos ropa

  1. Yo creo que la ropa es algo que tapa nuestro cuerpo, sin más, sirve para abrigarte a veces y para tapar las partes del cuerpo que no debemos o no queremos enseñar, no hay que darle tanta importancia a las modas. Aunque si que es cierto que debemos vestir con tejidos en los que nos sintamos cómodos y colores que nos transmitan buenas vibraciones, lo demás es secundario!

  2. Mi marido y yo hemos dado un monton de ropa que ya viene pequeña o que no nos da felicidad porque han sido regalos de familiares que no conocen bien nuestro estilo… No sabes el alivio que sentimos al ver nuestro armario ordenado , despejado y con lo que verdaderamente usamos. Saludos

    1. Ya me siento aliviada yo con leerlo, imagino lo que me cuentas. Los regalos se hacen con buena intención pero como se suele decir ¡de buenas intenciones está el infierno lleno!

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