Desarrollo personal·Embarazo, parto y posparto

Tener hijos mejoró mi amor propio

amor propio
El posparto y la batalla del amor propio

El amor propio es una de las faltas graves en nuestra carrera maternal. Mucho amor a los niños y poco a nosotras mismas. No son solo las dudas o la inexperiencia, es el reto con el cambio físico y tu duelo entre la mujer que eras y la mujer que hoy llevas puesta.

A cuántas mujeres no habré oído decir que esperarán a tener hijos antes de ‘estropearse el cuerpo‘. O que no darán el pecho para ‘que no se les caiga‘. Esta inconsciencia nace de no haber tenido la suerte de vivir un milagro. Un milagro por el que creas personas nuevas. ¡Haces gente! Fabricas personas que serán amadas y que amarán. El otro día Fresa me preguntaba si verdaderamente venimos desnudos al mundo. Y sí, hija, hacer un bebé es complicado de por sí, imagina si llevara ropa.

Tu cuerpo antes de ser madre

Para que veas lo inconformes que vivimos, solo tienes que pensar en lo poco que te gustaba tu cuerpo cuando ni soñabas tener hijos. En tu cuerpo posparto de hoy puede que añores esa cintura, el pecho pequeño o la piel tersa. Nunca nos viene bien nuestro cuerpo ¡seremos ingratas!

No importa lo que desees tener o perder porque al lograrlo, este deseo será sustituido por uno nuevo. De la misma manera que un vestido sustituye otro, una casa supera un piso o un máster adelanta una licenciatura. Siempre habrá otra cosa que haga insuficiente el presente… a menos que comiences a amar el presente.

No vas a recuperar el cuerpo de antes de ser madre. Ese cuerpo viene como las casas de juguete, ‘sin muñecos incluidos‘. Y tú has mejorado esa versión de ti. Ahora tienes una familia, un equipo, una posibilidad de mejorar el mundo que hay.

ser madre

Las expectativas dañan el amor propio

Nuestras altísimas expectativas destruyen nuestra capacidad para amarnos. Es un completo boicot que nace de una y desemboca en una. Queremos ser embarazadas de barriga redonda y mamás sin sombra de embarazo. Esta imagen es un constructo ajeno, una imagen publicitaria y no un aprendizaje. De hecho no puedes aprender cómo se queda un cuerpo después del parto porque lo escondemos. Un camisón, una bata y unos meses en casa.

Me recuerdo de adolescente yendo al hospital a ver a mis tías parir y vivir toda la visita con la pregunta en la lengua de: ¿puedo ver cómo se queda la barriga? que nunca hice por temor a ofender. Habría aprendido mucho. El caso es que según nuestras expectativas, no somos suficiente.

Sin embargo, no estaría de más revisar con frecuencia nuestras expectativas para ajustarlas a la realidad.

¿Qué hay en este cuerpo?

Ser madre me trajo una nueva descripción de mí misma: Soy un ser que ama intensamente y que es intensamente amado. Llevo este disfraz, una cubierta temporal que se modifica cada día gracias al cual puedo hacer grandes cosas. Gracias al cual puedo hacer prácticamente de todo. Soy una mujer agradecida a Dios y bendecida por él con el don de la maternidad. Tengo un físico perfectamente engranado que cumple todas sus funciones sin que yo repare en ellas: para que yo pueda reparar en otras cosas. ¿Cuántos de nuestros funcionamientos vitales son mecánicos? Respirar, bombear sangre, disparar los leucocitos, pestañear, salivar, los movimientos intestinales y un sinfín de ejemplos por los que te despreocupas. ¿De verdad vamos a emplear el tiempo que nos libran para tirarnos piedras?

Tienes uno, dos, tres, cuatro bebés, eres fuerte, resistente, estás incólume. ¿De verdad crees que alguien te va a despreciar por lo que hay bajo tu camiseta? Solo tú serías capaz de hacerte tanto daño.

Tener hijos, ver cómo te miran admirados, como te tocan y te buscan, es descubrir cómo de fuerte mereces ser amada. ¡Así de fuerte, mamá!

Las cosas importantes

Ser mamá te hace perder el foco de ti. No se trata de olvidarte, sino de ampliar la luz de tu faro. Hay muchas cosas que no querrás perderte, mucho que disfrutar como para meter barriga o intentar lucir espléndida tras una noche caótica. ¿Recuerdas tu barriga los primeros días posparto? Yo no. No me daba tiempo ni a mirarme. Estaba absorta en mis hijos, alucinada y agradecida con las visitas. Realmente existían muchas cosas importantes que hacer o que mirar ¡Está riendo! ¡Tiene la cara de su padre! En fin, las cosas importantes de la vida.

Tus hijos fliparán, quizá ya lo hayas visto con tus fotos de joven. No te reconocen ¿eres tú, mamá? Porque tu yo de hoy es el único que conocen. Están enamorados de la mujer posparto. Así que si eres capaz de enamorar a personas nuevas, limpias y buenas ¿cómo no vas a quererte tú misma, el soporte de todos sus abrazos?

Dale caña a tu amor propio, mamá.

 

 

 

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2 comentarios sobre “Tener hijos mejoró mi amor propio

  1. Te compartí por redes, cómo me gustó tu entrada. Recuerdo que al mes de nacer mi segundo hijo paseando nos encontramos a un amigo de mi marido que hacía tiempo que no se veían. Y aún viendo al bebecino en el cochecito fue capaz de preguntar si estaba embarazada!! PERRRRDONAAA? Casi me lo como con el subidón de hormonas. Lo que más me ofendió es que es padre de dos hijos, vaya, que él ha visto en su mujer cómo es un cuerpo puérparo… qué lástima que la sociedad imponga estar «de pasarela» recién parida… sobretodo cuando nunca has tenido tipazo estandarizado.
    Un abrazo!

    1. ¡Gracias por compartir, Maytechu! Desde luego hay bocazas por todos lados. A mí también me dijeron eso ‘¡Vaya, gemelos y esperando otro!’ y además señaló a Gombo preguntando si era mi marido. Pese a que mis hijos no son negros, ja, ja, ja. En fin, hay que tener mucha paciencia con las lenguas gratuitas. Yo creo que estamos modificando el pensamiento de los demás. Tiempo al tiempo!!

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