Desarrollo personal

No aguanto a mi marido, no aguanto a mi mujer

A mi marido
¿Dices a menudo la frase ‘No aguanto a mi marido’?

Cuantas veces te descubres diciendo ‘No aguanto a mi marido’, ‘No lo soporto’, ‘Me saca de quicio‘, o ‘Esta no es la mujer con la que me casé‘. Estás es una posición de resorte con tu pareja. No todas las parejas funcionan pero muchas de las que se rompen lo hacen cuando aún se pueden reparar. Si últimamente estás en este lado negativo de la relación y quieres salir de ese bucle, este post te traerá algo de luz.

No eres un caso único, a menudo nos dejamos llevar por el ritmo frenético de los días y, en especial si tenemos hijos, creemos que nuestro esfuerzo es tal que merecemos la atención del otro y todo tipo de agasajos y aplausos. Cuando no recibimos de la pareja lo que esperamos, la vestimos de enemigo. ¿Pero qué tal si reducimos las expectativas, cambiamos la marcha y bajamos el dedo acusatorio?

Veamos algunas de las frases más comunes cuando la relación de pareja se tensa.

Me merezco algo mejor

Uno de los motivos de tensión más frecuentes es cuando las innumerables cualidades que vimos en el otro antes de casarnos, empiezan a desaparecer o a parecer espejismos. Ya no es tan interesante, tan guapo o tan divertido. Ya no tiene esa energía ni esa motivación intrínseca que tanto te gustaba. Mientras al otro le descontamos aptitudes, seguimos endiosando las nuestras (nuestro ego difícilmente queda desatendido aun con el paso de los años).

Con esta visión, empiezas a considerar lo mucho que vales y lo poco que tu pareja te amerita. Pero en una relación, tus dones sirven para hacerte feliz y para dar felicidad. Los dones no son una maldición y solo crean distancia si tú lo permites. ¿Que tu pareja no tiene tu capacidad física, tu capacidad intelectual, tu motivación, tu humor, tu positividad? ¡Entonces tu don tiene mucho que hacer por ella! Tienes mucho que contagiar pero no es una diferencia con la que no puedas convivir. Es la certeza de la individualidad, la muestra de cuán diferentes somos y de cómo nos encajamos en pos de una vida mejor. Una mejor vida de él y de ella. De cualquier forma, no te olvides de ver la viga en tu ojo…

Mi marido es un desastre

No critiques a tu pareja en público. Ni siquiera con personas de confianza. Tampoco con tu familia o con tus propios hijos. Antes de hablar de sus defectos con él o con los demás piensa: ¿Lo que voy a decir crea distancia o crea amor? No te dejes contagiar por las críticas de otros. Somos muy dados a unirnos a las conversaciones donde concursamos por quién lo tiene peor. Olvídate de los círculos de crítica y ofensa porque tu pareja es tu propio espejo. Lo que detestas de él te recuerda una parte costosa de ti. Lo que te enfada de sus acciones, te habla de tu propia frustración. Por ejemplo, cuando lo ves tumbado en el sofá se refleja tu cansancio y la parte de ti que quiere descansar del mismo modo. Pero en realidad no te molesta una persona a la que amas cómodamente sentada en el sofá de vuestra casa. Los problemas de casa se tratan en casa y la comunicación privada debe estar por delante de la exhibición pública.

Observa la grandeza de tu pareja. ¿En qué cosas es excepcional y cuáles te llevaron a tomar la rotunda decisión de acompañarla siempre? Rememora, trae al presente y quita las capas del cansancio y las expectativas irreales. ¿Te imaginas una conversación entre amigos donde no se hablara de maridos vagos o mujeres chillonas sino de lo afortunados que somos en casa? Tú puedes cambiar el ritmo de las conversaciones.

¿No se da cuenta de lo que hago?

La pareja que no ayuda en casa es un clásico de las peleas matrimoniales y la manivela que activa el pensamiento del divorcio. Cuando uno de los dos carga demasiadas responsabilidades, todo sin improperios. Y verdaderamente es injusto y la corresponsabilidad parece ser un mito. Ahora bien, olvídate del reparto de tareas al 50%. Esto no funciona. Activa la división por competencias y asume las responsabilidades que puedes hacer. El psicólogo Alberto Soler presentó recientemente un video fantástico donde sugería una magnífica estrategia de convivencia: En lugar de repartir las tareas, repartid el tiempo de descanso. De esta manera, para que los dos podamos tener un tiempo de ocio común, no puedo estar parado mientras mi pareja arregla a los niños o friega el suelo porque nuestros tiempos se descuadrarán. Quiero disfrutar con mi pareja así que me sincronizo y trabajamos conjuntamente.

No es nada cariñoso/a

Este es uno de los ejemplos más claros del dedo que señala. Antes todo parecía cariño y contacto y ahora apenas nos damos un beso al llegar a casa. Empieza a señalarte a ti mismo porque sobre quien puedes efectuar más rápidos y mejores cambios es sobre ti mismo. ¿Cuánto le abrazo yo? ¿Cuánto tiempo duran los besos que le doy? Te asombraría saber lo reparador que es un abrazo intencionadamente prolongado. ¿Puedes empezar por aquí?

La convivencia genera roces porque resta espacio a tu ego. Todo lo que era yo se convierte en un nosotros y la negación de uno mismo que se inicia en el noviazgo pasa a ser la cohabitación de dos personas íntegras en el matrimonio. No pierdas la entrega de los primeros días y recuerda a la otra persona tus necesidades afectivas sin usar el ‘tú no me…’, ‘tú ya no…’.

Ser magnánimos y comunicarnos sin violencia

La comunicación sin violencia es una herramienta clave para alcanzar un estado de felicidad sostenible en una relación. Comunicarse sin violencia es cultivar la empatía con el otro y aprender a expresar nuestras necesidades básicas sin excusas y sin dirección. Como decíamos arriba, no decimos ‘Ya no me abrazas ni me besas‘, sino ‘Necesito caricias y abrazos‘. Con la primera frase enjuiciamos y culpabilizamos, con la segunda clamamos a gritos una necesidad afectiva que de ninguna manera podrá ignorar la persona que nos ama. En lugar de pelear con el ‘No me haces ni caso‘, elige expresar tu necesidad de reconocimiento: ‘Necesito sentirme apreciada, escuchada, valorada‘.

Casi todas nuestras peleas si reducirían si optáramos por ser magnánimos. ¡Menuda palabra! La magnanimidad es sinónimo de desprendimiendo, benevolencia, clemencia, generosidad y grandeza. Cuánto contenido en una sola palabra. Si dejamos de ver al enemigo en nuestra pareja, si dejamos de dudar de nuestra elección, si dejamos de creernos el pesado guion de las películas de romance dramático, podemos volver al estado de calma en que la conocimos. Podemos recuperar el agua mansa y el deseo de remendar todo conflicto.

Los estados de compasión nos acercan más al otro que la sensación de deuda permanente. El otro no te debe nada ni tú le debes nada. Estáis juntos por pura elección y eso es sumamente hermoso y admirable. Si continuamente evalúas a tu pareja bajo el contrato y la deuda, no dejas espacio para el beso, el detalle, la mirada o la broma.

¿Te animas a limpiar tu día y tu visión?

En Crianza sin Agobios también tratamos el tema de la pareja en la maternidad. Aún estás a tiempo de unirte al grupo. Comenzaremos el próximo viernes 6 de abril y viviremos un reseteo mental para librarnos de juicios y expectativas. Vivir es sencillo.

 

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7 comentarios sobre “No aguanto a mi marido, no aguanto a mi mujer

  1. Buenas tardes Bea: es un acicate para mí tu artículo de hoy porque me anima a hacer examen de conciencia mucho más fino en cómo cuido mi trato a mi hijos, (nueras y yernos) y nietos, ya que al ir teniendo más años hay ocasiones que aflora un poco el egoísmo.
    Muchas gracias.

  2. Guardado como marcador para que de vez en cuando, cuando me haga falta releerlo lo tenga a mano. Gracias pq es justo lo que necesitaba leer para entender q no era el problema…..

  3. Hola Bea
    Yo no soporto a mi marido cuando come parece un caníbal la manera de chuparse los huesos del pollo se te puede quitar el hambre.
    Su tono de voz puedes hablar con el pero igual lo sube y parece que fuera chillando todo el dia.
    A sus 40 y tantos se a vuelto un reguetonero Nuestras discusiones eran constante,por el.orden de casa ,por la colada,La comida.
    Creí que esa era la principal razon así que cedí hacerlo todo yo, inocente de mi …
    Ese no era el problema a pesar que ya no discutíamos por el orden el dia a día.
    La convivencia es intolerable veo en el sólo defectos.
    Doy vuelta a tras y mirar por que me enamoré y lo que me reindivico es como me enamoré de eso??? Era muy joven ya son más de 10 años.

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