Alta Sensibilidad·Altas Capacidades

Cómo acompañar a un niño inteligente y sensible

un niño inteligente

Mientras para algunos tener un niño inteligente es una bendición, para otros es casi una película de terror. Sea porque los padres no disponen de las herramientas que desean para afrontar su capacidad, sea porque en el colegio no haya medios o interés para trabajar su potencial sin intentar igualarlo a sus compañeros.

Vivimos un momento en el que ser diferente es tan anhelado como señalado. Y si los señalados son nuestros hijos, nos tiemblan las piernas. Afortunadamente, hace años que grandes profesionales trabajan por hacer los días más sencillos a ese niño inteligente y sensible que supone el 15% de la población.

¿Tienes un niño en casa y no sabes cómo afrontar el desafío? Hoy veremos una lista de técnicas para acompañar al niño desarrollada por Linda Silverman, una de las mayores expertas en superdotación y counseling de niños con altas capacidades.

¿Qué necesitas para acompañar a un niño inteligente?

Seas su padre o su profesor, Linda señalaba tres aspectos imprescindibles para hacer un buen acompañamiento. A saber:

  1. AUTENTICIDAD, SINCERIDAD. La honestidad es la base de la confianza.
  2. TRATO POSITIVO INCONDICIONAL. Esto supone dejar al margen los juicios de valor y apreciar a la persona por encima de sus actos.
  3. UNA GRAN EMPATÍA. Tener la habilidad de entrar en su mundo y sentir lo que él siente. Ver siempre soluciones sencillas para los problemas del otro es un indicador de baja empatía.

Si tu hijo puede acudir a terapia cuando la situación lo requiere, estupendo. Pero si no es vuestro caso, puedes acometer estas acciones desde tu cercanía con el niño. Ten presente que los niños con altas capacidades tienen una gran capacidad para resolver problemas complejos, pero a veces necesitan que estimules esa faceta suya. Y a menudo rechazan consejos. Así que tu mejor posición será la de una buena persona para escucharlo y poco a poco intentar cambiar la perspectiva de sus problemas.

Los niños inteligentes sufren. Su sensibilidad sobresaliente y su desarrollo precoz a nivel intelectual les hace enfrentarse a emociones y sucesos para los que no están preparados. Sienten frustración, aislamiento, aburrimiento, ansiedad, injusticia, incomprensión… un niño necesita, sin duda, alguien que sepa acompañarle.

Fuente de la fotografía aquí.

Pasos para ser su guía y ayudar al niño en sus conflictos personales

  1. Invitar al niño a compartir sus sentimientos.

    Esto va a necesitar que le hagas preguntas que no se contesten con un sí o con un no. Por ejemplo: «¿Qué te ha pasado últimamente?» «Pareces triste hoy. ¿Qué sientes?» «¿Qué ha pasado desde la última vez que hablamos?»

  2. Escucha de forma activa.

    Que no es tan sencillo como suena. Es difícil prestar plena atención a lo que dice el niño sin irnos a nuestros propios pensamientos. Muéstrale con tu cuerpo y tu mirada que realmente le estás escuchando. Aquí empieza la comunicación no verbal.

  3. Pedir más información.

    Después de la escucha activa, responderemos con preguntas, observaciones, gestos, cabeceos…«Cuéntame más sobre …» «¿Y qué pasó cuando tú..?» «No veo la relación entre…» «¿Por qué supones que él…?». Simplemente, hablad en profundidad del tema puede traer a flote la solución.

  4. Parafrasear para obtener retroalimentación de lo que estás escuchando.

    Parafrasear es otra forma de escucha activa. Al repetir lo que el niño dice, reafirmamos lo que está compartiendo con nosotros: «Te escucho decir que… ¿es eso cierto?». O podemos repetir lo que dice con nuestras propias palabras. Incluso podríamos inferir los sentimientos que eso le provoca: «Parece que te has sentido humillado con esta experiencia…» «Te enfada que…».

  5. Alentar la expresión de las emociones.

    No podemos cambiar lo que ha ocurrido pero podemos trabajar con las emociones que nos dejan lo que ha ocurrido: «¿Cómo te sientes cuando…? ¿Cómo te sientes ahora?». Le dejaremos claro que todas las emociones son bien recibidas.

  6. Compartir experiencias personales que sean relevantes.

    Esto es adecuado hasta el punto en que no le restemos atención al niño. Se trata de empatizar con su caso a través de nuestra experiencia personal. Conocer situaciones similares le ayudará a no sentirse tan solo.

  7. Animarlo validando sus fortalezas.

    Muchos niños capaces son inconscientes de sus puntos fuertes. Son tan autocríticos y exigentes que pueden relatar una larga lista de defectos sin ver sus habilidades.

  8. Apoyar los sentimientos sin tomar partido en el asunto.

    Es importante validar lo que siente sin tomar parte de uno u otro lado de la historia. A veces, de forma consciente o inconsciente, el niño solo nos contará parte de la historia. Debes ser consciente de que quizá solo tengas una información parcial del asunto.

  9. Explorar los aspectos positivos del problema.

    El niño va a sacar a relucir todo lo negativo. Así que tu labor será extraer todo lo positivo para equilibrar la balanza. Por ejemplo «Si te fueras de casa ¿qué echarías de menos de tu familia?».

  10. Ayudar a aclarar el problema.

    Tu mayor superpoder va a ser arrojar luz a la situación. En lugar de ir directamente a resolver el problema, vamos a examinar con claridad lo que pasa. A veces ayuda pedirles que lo dibujen para poder hablarlo.

  11. Ayudar al niño a analizar y priorizar los hechos.

    Vamos a ver qué podemos resolver primero. En ocasiones esto supone crear listas donde dividamos el problema en pequeñas causas para ver cuáles podemos arreglar fácilmente.

  12. Determinar qué podemos cambiar.

    Algunas cosas se pueden cambiar y otras no, así que vayamos a aquellas sobre las que podemos actuar. Esto implica detectar qué está bajo su control y qué cosas no. No son tan víctimas de la situación como muchos suponen y pueden tomar parte en el asunto. Pero para ello tendrá que tomar responsabilidad en esta situación. Tendrá que observar qué aspectos de sí mismo puede modificar para mejorar la situación.

  13. Proporcionar nuevas perspectivas.

    Si no estamos directamente involucrados, podemos ofrecer una nueva visión del problema. Podemos ser objetivos y hacerle ver que su sufrimiento no durará para siempre, que esto es solo una crisis. «Tengo una idea. Dime si te encaja».

  14. Ayudar al niño a realizar suposiciones básicas.

    En este punto podemos ir más profundo. Podemos hacer una confrontación con mucho tacto, haciéndole saber que lo aceptamos como es y que lo vemos capaz de manejar esto: «Qué es lo peor que podría pasar si suspendes?».

  15. Reflejar discrepancias.

    A medida que nos ofrece información, va a aflorar el conflicto. A veces podemos ver las discrepancias en su lenguaje corporal: nos cuenta una cosa pero su cuerpo denota otras. Por ejemplo sonríe mientras cuenta algo triste. O nos dice que está bien cuando sus pies no paran de moverse. Nos damos cuenta y llamamos la atención del niño hacia esto: «Dices que no te importa en absoluto pero ¿qué están diciendo tus pies?». Otras discrepancias no son corporales: «La semana pasada me decías que Rosa te apoya siempre y esta semana me has contado tres ocasiones en las que te ha hecho daño». De esta manera le hacemos consciente de conflictos que quizá el niño no haya visto.

  16. Ayudar al niño a establecer metas.

    Este es el compromiso del cambio. No solo somos un hombro sobre el que llorar: vamos a ayudarle a alcanzar los cambios que necesita. Pero para llegar aquí es necesario pasar por los pasos anteriores de manera que el niño se sienta capaz de tomar decisiones.

  17. Ayudar al niño a explorar las opciones.

    Aquí llega la lluvia de ideas. Ofreceremos nuestra guía haciendo sugerencias solo cuando el niño haya agotado sus propias ideas. No juzgaremos las opciones hasta que termine de expresarlas.

  18. Pedir al niño que observe antes de hacer el cambio.

    Pide que observe sus reacciones durante una semana para ver qué patrones le generan sufrimiento. Se puede hacer una observación muy detallada con pensamientos, sentimientos y observaciones sobre el impacto del comportamiento entre las personas. El simple hecho de observarse, trae una mejora. Si el niño se sitúa en el punto de vista de un experimentador, le damos el control y reducimos su resistencia al cambio.

  19. Reconocer su progreso.

    Hacer cambios es algo muy difícil. Y el tiempo que supone requiere de mucha paciencia. Nos toca brindar afecto y retroalimentarlo en el proceso. Puede que un paso hacia delante suponga dos hacia atrás, prepáralo para ello. Recuérdale cuán lejos ha llegado desde que comenzó este proceso.

  20. Saber cuándo retirarse.

    A veces, los problemas del niño están por encima de nuestras capacidades resolutivas. Podemos estar hablando de un caso de drogadicción, problemas mentales, abuso de alcohol, abuso… etc. No dudes en pedir ayuda a los profesionales que conocen sobre dicha situación y asume cuáles son tus competencias.

 

Y sobre todo, muestra lealtad guardando confidencialidad con lo que te cuente. Todos los niños son increíbles y merecen ser respetados.

Un curso online y un webinar por y para tu niño

Si tienes contigo un niño con una gran intensidad emocional, sea por su sensibilidad, su demanda o su alta capacidad intelectual, tienes a tu servicio mi consultoría Niños de Altura.

Pero si quieres formarte en la atención del niño con altas capacidades, ya puedes unirte al curso online Niños de Altas Capacidades que imparto para Cuentos para Crecer. Puedes ver el guion del curso aquí.

¿Quieres más información? Este jueves 9 de mayo tenemos webinar gratuito a las 19.00 de la tarde hora española. Te espero para hablar de cómo reducir el estrés en los niños donde haremos un aparte para los niños sensibles y con altas capacidades. Puedes reservar tu plaza en el webinar aquí. Plazas limitadas.

Libros de Linda Silverman que pueden interesarte

Counseling the Gifted and Talented, el libro de donde extraje este listado

GIftedness 101, descubre los mitos sobre las altas capacidades

 

¿Quieres tener acceso a contenido adicional? Mis suscriptores privados reciben un texto una vez al mes.

Deja un comentario