Alta Sensibilidad·Minimalismo

Cumpleaños minimalista para mi hija PAS

Este lunes celebramos el falso cumpleaños de mi hija (7) porque en su fecha real todos andarán de vacaciones. Este curso hemos sentido un descontrol con las fiestas de cumpleaños infantiles: eran demasiadas, con mucha frecuencia y en espacios que nos sobrepasaban a nivel de estímulo. Tanto a mis hijos como a mí. Así que nos reunimos con Fresa mi marido y yo para ver qué tipo de fiesta sería la ideal en nuestro caso.

El minimalismo nos ha traído la calma y el silencio que nuestra sensibilidad necesita y hemos encontrado en el ‘menos’ la capacidad de disfrutar ‘más’. Esto ha sido parejo en los niños que, al ser también altamente sensibles (la genética, ya ves), empezaron a reducir su estrés y agitación y a tener un espacio a su medida.

Hoy quiero contarte las decisiones que tomamos para tener un cumpleaños minimalista y de qué cosas hemos huido. Quizá lo que hicimos no te sorprenda nada porque en realidad elegimos algo que ya conoces: el cumpleaños de nuestra infancia.

Un cumpleaños de alta sensibilidad

Decía Elaine Aron en su libro El don de la sensibilidad en la infancia que los NAS (niños de alta sensibilidad) disfrutan más de las festividades si tú les mantienes en su nivel óptimo de excitación. Para ello desaconsejaba las sorpresas y los cambios de planes además de una fiesta sencilla y controlada.

Mis hijos se tapan los oídos con la música fuerte, lloran con las sorpresas, se esconden con los adultos disfrazados para las animaciones, rompen a llorar cuando tienen un choque o caída, no les gustan los espacios con mucha gente, los gritos, los empujones… Esto lo empezamos a ver desde bebés, cuando llevarlos a un bar era someterlos a una tortura de ruido, gente e incomodidad. Cuando el nivel de estímulos les supera, se derrumban y empieza el caos para mí, que sé que es hora de retirada, de disculparse ante el grupo y montarlos en el coche.

Tampoco yo disfruto los cumpleaños en un parque de bolas. Todo es inmenso, desproporcionado, suelo perder la voz a base de elevarla para poder oírnos, huele fatal y no veo que nadie disfrute. Ni siquiera el niño que recibe una torre de regalos que ignora.

¿Qué tuvimos en cuenta para un cumpleaños minimalista?

Los invitados:

Dejamos que Fresa hiciera su lista. Aunque en principio era una lista más pequeña y luego creció, quería que invitara a las amigas que realmente quería. No invitamos a todos los que nos invitaron al suyo porque pensamos que esto no se trata de devolver favores, sino de pasar un día con la gente que quieres. Cuando le preguntaban a ella ‘¿Por qué no me invitas?’ Se desenvolvía con un ‘Quizá el año que viene’ y, como tienen 6 y 7 años, les pareció una respuesta aceptable.

Algo que nos parecía importante era indicar que los hermanos y los padres también estaban invitados. A mí me hacen un roto cuando invitan a solo uno de mis hijos porque no me puedo dividir y me hago cargo de los tres. No quiero que nadie tenga que decidir. Por otro lado, a mis hijos no les gusta quedarse en espacios extraños sin sus padres así que quiero que todos los demás estén igual de tranquilos con sus padres cerca.

Pero entonces ¿no sumas mucha gente para hacer un cumpleaños minimalista? Como siempre digo, minimalista no es poco, sino lo suficiente para estar en paz.

Las invitaciones:

Las hizo Fresa a mano y las personalizó para cada niña. Hizo una muñeca para cada niña y detrás puso con su letra la hora, día y sitio del evento. Se las dio en clase.

El espacio:

Lo celebramos en casa porque como habrás imaginado, los parques de bolas no son mi espacio favorito. No tengo una guerra abierta contra ningún espacio para fiestas y sé que para algunas familias es la opción más cómoda (y por ende más minimalista) pero no es el lugar soñado para mis fiestas. Preferíamos abrir la casa –las niñas se metieron hasta en los armarios- y estar cómodos pudiendo modular el volumen de la música, de la luz e incluso la brisa de las ventanas. Además podríamos elegir la comida y darle exclusividad a la pequeña en su día especial.

Los regalos:

Ha habido una evolución curiosa con esto a lo largo de estos años. Los adultos hemos pasado de regalar un detalle a regalar un regalo de mayor cuantía. E inevitablemente y para que fuera sostenible, pasamos después a hacer regalo en grupo. El problema es que, si en un principio se hacía un grupo para no gastar tanto y tener un regalo vistoso, se ha acabado por pedir aportaciones para el regalo que valen tanto como un regalo individual. El resultado: exceso de regalos o regalos de un nivel muy loco. Bicicletas y consolas, por ejemplo. Yo no soy partidaria de esto por dos razones fundamentales.

  1. La primera es que me parecen regalos importantes que debe hacerte un familiar muy cercano como los padres y los abuelos. No creo que deba regalar una bicicleta a un niño que apenas conozco.
  2. La segunda es que son regalos que pueden ser invasivos si no han sido consultados. Porque quizá estos padres no crean que el niño esté preparado para manejar una consola o no les embelesa la idea. O quizá no tienen la movilidad y el tiempo para enseñarles ahora mismo a montar en bici.

Nos dimos cuenta de que no conservamos ninguno de los regalos de los anteriores cumpleaños. Eso era una señal muy clara. Así que optamos por lo siguiente: yo me encargaba de buscar los regalos que ella había elegido ( + uno sorpresa) y las mamás ponían 5 euros por familia (independientemente de los hermanos que trajera).

Así las cosas Fresa recibió una habitación de madera en miniatura para montar, unas matrioskas de madera para pintar a mano, un bloc de pegatinas reutilizables, un bañador y un disfraz sencillo de unicornio hecho con tul. Estas eran cosas que llevaban en su lista de deseos desde el año pasado porque le encantan las manualidades y es para lo que usa YouTube, para ver cómo la gente pinta y monta cosas. Le encantó.

*Mi amiga Carolina ha propuesto en su web Regala Consciencia pedir regalos de segunda mano, otra idea que me encanta pero que este año no pusimos en marcha porque no lo vimos fácil con este grupo. Las opciones son muchas y las nuestras no son las mejores, sino las que nos ajustan personalmente en este instante de vida.

La comida:

Somos partidarios de una alimentación saludable pero no criminalizamos las excepciones. Entendemos que minimalismo era sencillez y que lo importante era disfrutar de ese día sin tener que andar cocinando. Esa mañana hice un bizcocho de zanahoria y cuando llegaron los invitados, mi marido trajo churros de la churrería del pueblo. Tuvieron batidos, zumos y refrescos y también patatas, frutos secos, unos dulces que nos regalaron las monjas, gominolas de frutas… Para evitar el exceso de residuos y plásticos, apostamos por los mínimos vasos y platos de papel que completaran nuestra vajilla, usamos los manteles de tela de casa y los grandes formatos para las bebidas. Para los adultos, botellines.

¿Quieres la receta del bizcocho? Es esta:

La receta no es mía, ojalá. Es de Bioalverde, el huerto ecológico impulsado por Cáritas Sevilla para la inserción social.

Decoración:

No compramos decoración de fiesta porque pensamos que era un residuo de un día que no merecía la pena pero pintamos en los ventanales del salón con rotuladores para ello y pusimos música para crear ambiente. Las plantas de casa eran propiamente la decoración del evento.

Los juegos:

En casa apostamos por la ‘no intervención’ en la medida de lo posible y creemos en el potencial innato de los niños para crear sus juegos. Así que no programamos nada aunque les ofrecimos bastantes opciones. Estuvieron jugando en el sótano, donde hay dos grandes alfombras que aprovecharon para hacer volteretas y bailar descalzas. Empapelamos una pared con papel y pusimos los colores debajo para quien quisiera dibujar. Creamos un espacio para jugar con la casita de muñecas, otro para los restaurantes… y en los patios dejamos las tizas para que pintaran en el suelo. Como no sabes por dónde van a salir, a final se dedicaron a hacer calcos de libros con unos papeles de colores que habían encontrado.

No teníamos claro si queríamos dar regalos para los invitados pero era algo que a Fresa le hacía especial ilusión así que apostamos por regalar algo útil en luchar de chuches. En una bolsa metimos material de papelería y manualidades y cuando las niñas se iban metían la mano sin mirar para llevarse algo a casa. Todos contentos.

 

Esta es nuestra experiencia y la opción que nos hizo sentir más cómodos. Me encantaría saber la tuya y aprender porque aún nos quedan muchos cumpleaños por delante.

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6 comentarios sobre “Cumpleaños minimalista para mi hija PAS

  1. Me ha parecido un cumple genial. Nosotros también hacemos algo parecido: seis o siete amiguitas en casa. Ellas preparan la merienda, luego hacemos alguna manualidad -ese es el detalle que se llevan a casa-, después se toman la merienda, tarta -que también preparan ellas-, regalos y juego libre. Lo pasamos fenomenal, yo incluida.

  2. ¡Qué maravilla de cumple! Justamente ayer hablaba con uno de mis hijos sobre su cumpleaños (todavía faltan meses para el día), pero me dijo algo revelador: «no sé qué pedir de regalo para mi cumpleaños, no necesito nada». Para mis hijos, lo importante es pasar una tarde de juegos con sus amigos y soplar las velas. ¿Realmente es necesario / obligatorio darse regalos físicos?

    1. Igual os interesa tirar de experiencias. En ese caso hay cosas muy chulas. Yo no soy partidaria de zoos ni similares pero reconozco que actividades como aquí en Sevilla de pasar la noche en el acuario de los tiburones es una pasada. Prueba a ver qué encuentras en tu ciudad. Abrazos

  3. «El regalo es la celebración… Prohibido regalos: requisito para venir…». Eso digo siempre, y cada vez somos más los que ponemos esa condición.
    Y a mi si me lo piden lo cumplo siempre, a veces hacemos galletas, alguna manualidad o similar, y creo que con eso vale…
    Regalos ya les hace la familia…

    Y las fiestas de cumple si se puede en espacios naturales (parques, jardines,…), siempre triunfan!!!

    Gracias por compartir.

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