Crianza

“Mi hijo no me hace caso”. Por qué y soluciones

no me hace caso

Cuando usamos la frase ‘Mi hijo no me hace caso’ o ‘Pasa de mí’, estamos describiendo lo que entendemos por una relación de desobediencia. Ahora que estamos en verano, los niños se nos antojan más desobedientes que nunca. En este artículo quiero contarte por qué los niños se rebelan y cómo podemos mejorar su respuesta a nuestras peticiones.

Te advierto que la crianza es de todo menos cómoda y no existen soluciones mágicas que impliquen menos de cinco minutos de tu tiempo. Pero si tu nivel de compromiso con la educación de tus hijos es grande, aquí tienes las pautas que buscas.

¿Por qué mi hijo no me hace caso?

Cuando decimos que el niño desobedece, nos referimos a que el niño no acata nuestras directrices. Esto es información incompleta porque cuando el niño no obedece es posible que:

 

  • No nos estemos explicando correctamente.
  • Estemos pidiendo algo por encima de sus capacidades (como la concentración o la habilidad a determinada edad).
  • Sea una petición desde nuestra comodidad sin contemplar las necesidades y emociones del niño.
  • Sea una exigencia.

 

Ten en cuenta que cuando exiges algo (sea a un niño o a un adulto), das a la otra persona dos únicas opciones: doblegarse o rebelarse. La exigencia solo consigue que tu hijo bien se someta, bien se resista a obedecerte, pero ninguna de esas variables son un buen resultado. Aunque consigamos que el niño nos obedezca de forma inmediata, estaríamos educando a un futuro joven que agacha la cabeza y acata las normas de las personas con poder. Este tipo de niño, cuando llega a adolescente, hace cosas que no quiere con tal de conquistar al líder del grupo o para contentar a su pareja. Sé que no quieres un niño obediente, quieres un niño que sepa negociar y que discierna entre lo correcto y lo incorrecto.

La solución nunca será exigir, sino hacer peticiones

No es lo mismo decir a tu hijo ‘A la bañera’, que decir ‘¿Te parece si nos vamos al baño?’. Cuando das opciones al niño, estás respetando su identidad y le das la opción de decirte que no.

Pero ‘Si le doy opción a decirme que no, ¡puede que no me obedezca!’ Cierto. Lo que ocurre es que un niño que se siente respetado y cuya voz es importante en casa, un niño con la capacidad de negociar, es un niño que ofrece menos resistencia ante las peticiones lógicas y bien explicadas.

Cuando el niño dice ‘no’, existen unas razones detrás del ‘no’. En lugar de etiquetar al niño como desobediente o rebelde, podemos intentar interpretar cuál es el nacimiento de esa negación.

¿Por qué el niño desobedece?

Veamos aquí las razones más frecuentes por las que los niños dicen NO:

  1. La palabra más escuchada por el niño es ‘NO’. Si constantemente hacemos negaciones al niño del tipo ‘no toques’, ‘no cojas’, ‘no te subas’ o ‘no sigas’, tenemos a un niño cuyo espíritu explorador está siendo constantemente frustrado. A menudo decimos ‘no’ por nuestra propia comodidad. Por ejemplo, advertimos al niño con un ‘no’ cuando pensamos que va a manchar algo o romper algo que después tendremos que arreglar los adultos. Otras veces decimos ‘no’ por un miedo infundado que nace de nuestros propios fantasmas. Sea como fuere, el niño oye ‘no’ demasiadas veces al día y contrarresta con eso que ha aprendido: Si tú me ofreces el ‘no’, yo te devuelvo el ‘no’. Y ten presente que no es una venganza, sino el resultado de una frustración sostenida en el tiempo.
  2. No jugamos con el niño. Aunque parezca sorprendente, la falta de juego común (sea cual sea la edad del niño y el tipo de ocio favorito) hace que el niño se muestre en desacuerdo con nuestras órdenes. Por la sencilla razón de que no se siente respetado. El trabajo más importante del niño es el juego y si esa faceta no está siendo compartida por los padres, el niño se siente una parte menor en el hogar. No hace falta dedicar todas las horas del día a jugar con el niño. Ni siquiera hace falta que el juego con ellos sea muy largo –es importante que el niño desarrolle sus propias ensoñaciones. Te aseguro que un niño que juega con sus padres se siente lo suficientemente respetado como para no negar una petición de ese padre que lo respeta.
  3. Tenemos mucha prisa con nuestras peticiones. De nuevo por comodidad, acabamos imprimiéndole velocidad a nuestros mandatos: ‘Quiero que lo hagas y quiero que lo hagas ahora’. Con esto nos olvidamos de un enfoque de crianza a largo plazo y nos centramos en los trucos para el corto plazo. Por ejemplo, en un berrinche en el supermercado, la vergüenza ajena hace que queramos salir cuanto antes de ese atolladero. La premura del corto plazo nos hace optar por frases tipo y soluciones que no servirán para educar al niño pero harán que nos obedezca rápido. Por ejemplo ‘Si te callas, te lo compro’. La crianza incondicional no son los trucos de SuperNany y nosotros no resolvemos nada en 50 minutos de primetime. Si quieres que un niño abandone las respuestas rebeldes a largo plazo, no puedes enfrentar con prisas cada duelo entre los dos. Si la gente del supermercado mira, que miren.
  4. Damos demasiadas órdenes. De hecho, los avasallamos con discursos muy largos y con muchos ‘tienes que’. Cuando vemos un cuarto desordenado empezamos a atropellar el discurso con un ‘haz la cama, recoge los libros, mira cómo está el suelo, ¿esto lo vas a dejar así?, echa la ropa a lavar’… Mientras nos calentamos y encolerizamos, proyectamos miles de mandatos que con toda certeza van a sobrepasar la capacidad de atención del niño (y su paciencia). Céntrate en lo que quieres del niño, sé claro en tus peticiones y reduce tu discurso. La charla larga solo sirve para encenderte más y más y poner distancia entre vosotros. El amor es calmado y habla con claridad.
  5. Olvidamos sus necesidades. Se nos olvida ponernos en el lugar del niño y es común que interrumpamos sus juegos y actividades obteniendo una mala respuesta por su parte. Desafiamos su necesidad de calma, concentración o expansión con muchas peticiones adultas. Cuando el niño nos responde de mala forma, se nos olvida contemplar que pueda estar cansado, hambriento, aburrido o ansioso. Las necesidades no satisfechas del niño están detrás de las malas respuestas y desaires. Así que cabe preguntarse ¿qué necesita mi hijo cuando me dice que ‘no’ a mi petición? ¿Serías capaz de tener este compromiso con tu pequeño?

¿Por qué te enfadas cuanto tu hijo ‘desobedece’?

También nosotros nos enfadamos con su ‘no’ o su desobediencia por nuestras propias necesidades no satisfechas. Si estamos cansados y el niño nos reta con un ‘no’, nuestra necesidad de descanso y de paz sigue sin cubrir. Y entonces sacamos las uñas. Recuerda lo siguiente:

 

Lo que el niño hace o dice es el estímulo de tus emociones, no la causa.

 

Esto es, el niño no te enfada. La respuesta del niño solo hace saltar la alarma sobre la causa de tu enfado, que puede estar en tu cansancio, tu estrés, tus ganas de divertirte o tu necesidad de un abrazo:

 

  • Quizá necesitas seguridad, tranquilidad, confianza en que tu hijo ‘no la va a liar’.
  • O necesitas saber que no corre peligro.
  • O te enfada y te desestabiliza pensar que no estás haciendo todo lo que puedes y que eres un mal padre/madre.
  • Tienes una necesidad de espacio o de reconocimiento por lo que haces que no se realiza cuando el niño se rebela. Esta necesidad de reconocimiento no la puede satisfacer tú hijo pequeño y tendremos que buscar otra forma de hacerlo: con la pareja, en el trabajo, los amigos, familiares… y sobre todo con uno mismo.

Hasta las personas que nos dedicamos a la crianza, nos frustramos. No desesperes.

Algunos detalles que mejorarán estas situaciones:

  • Haz peticiones, no exigencias.
  • Háblale a su altura y con calma. Respeta su posición.
  • Cuando grite, baja tú el volumen. Esto es muy efectivo porque él tendrá que bajar su intensidad si quiere escuchar lo que le dices.
  • Mantente en tu petición. Que el corto plazo no te ciegue. Si lo que pides tiene sentido y respeta a ambas partes (a ti y al niño), sé firme.
  • Explícate cuantas veces hagan falta. Sé claro y da una buena razón al niño. El ‘Porque lo digo yo’ o ‘Porque soy tu padre’ no valen.

 

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Los niños No necesitan límites

¿Pierdes la paciencia con tu hijo? Desarrolla la SUPERPACIENCIA

Comunicación Positiva con tus hijos

 

Libros recomendados:

Crianza incondicional, Alfie Kohn.

Educar a los niños desde el corazón, Marshall Rosenberg.

 

*PD: Hoy es mi cumple y con este artículo me marcho a descansar el mes de agosto. Nos vemos en septiembre y en mi Instagram.

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4 comentarios sobre ““Mi hijo no me hace caso”. Por qué y soluciones

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