Crianza

¡Mamá, no me despidas!: sobre reprender a tu hijo

Reprender no es el fin de una pelea, sino el principio de un ejemplo. Hoy hablamos sobre reñir a los hijos porque sí, es una parte de ser madre y padre algo fea, pero imprescindible. Criar de forma incondicional y con amor no es lo mismo que dejar al niño sin una guía sobre las cosas que están bien y las que no. En este otro video-artículo sobre los límites, entendiste bien mi posición.

Hay cosas que son inadmisibles y que el niño debe conocer. Además, si eres madre debes saber lo siguiente: es con las madres con quienes los hijos suelen excederse más, comportarse peor o contestar. Esto, aunque no te lo parezca es algo positivo: sabe que tu amor es tan incondicional que solo contigo (o con papá) puede probar sus límites sin miedo a ser rechazado o abandonado.

Sabe que, por mucho que la fastidie… lo querrás. Y eso es bueno.

Cómo reprender sin herir al niño

Cuando reprendemos o regañamos al niño, le señalamos lo que está mal porque es importante que sepa que eso no lo vamos a permitir. Pero el mensaje debe ser el siguiente:

«Te quiero, y no me gusta esto que has hecho.

Tu acto está mal, tú estás bien»

Escoge las palabras según la edad de tu hijo pero deja claro que no estás enfadada con él, sino con lo que hizo. Y procura no utilizar el ‘pero’. En lugar de decir ‘te quiero, pero…’ puedes utilizar las siguientes fórmulas:

 

«Te quiero. Al mismo tiempo, esto que has hecho…»

«Te quiero y no quiero que vuelvas a hacer…»

 

Se trata de sumar información, no de condicionar el amor hacia el niño. Que sepa que lo quieres igualmente, haga lo que haga. Aunque ciertos actos serán inadmisibles en tu casa y ahora ya lo sabe.

Reprender y abrazar

Algo fundamental para mí es abrazarlo después de reprenderlo. Después de reprenderlo, pasaremos a hablar relajadamente (puedes ayudar a modificar el estado emocional de tu hijo modulando el tuyo propio), a abrazarnos y, quizá, hasta a jugar juntos y reírnos. Esta sería la manera ideal de acabar una regañina y sí, sé que no siempre estamos de humor para esto.

Pero si jugar no te apetece, el abrazo no cuesta nada y dice mucho. Si reprendes a tu hijo y te vas o le mandas a su cuarto, por mucho que le digas ‘te quiero’, el mensaje es el siguiente: ‘Después de que hagas algo mal, o te despido, o me voy’.

Mamá, no me despidas

Imagina que en tu trabajo, el jefe e dice que ‘la has cagado’ y que, con el último informe, habéis hecho el ridículo. Puede ocurrir que inmediatamente después, el jefe te diga: ‘Venga, vamos a tomar un café y vemos cómo lo arreglamos’. O que se vaya dando un portazo.

 

  1. En el primer caso, tú suspiras aliviado.
  2. En el segundo, te vas a casa con ansiedad, no puedes dormir y llegas a la oficina temiéndote lo peor.

 

Al final, el jeje no te despide. Igual ocurre con los padres después de reñir: no hay gran repercusión porque amamos a nuestros hijos, los perdonamos y se terminó. Pero piensa en el ejemplo del empleado: después del portazo, el empleado sospecha y recela de que en cualquier momento pueda pasar algo. Es más, es posible que este empiece a esconder cosas y a mentir temiendo esa repercusión.

Con este ejemplo sabes por dónde voy: si queremos transparencia de nuestro hijo, debemos dar esa transparencia en nuestra forma de amarlos. Es incondicional y no habrá cosa que hagas que me haga renunciar a ti o irme lejos.

Un simple abrazo después de una riña da la paz suficiente a tu hijo para no tener que mentirte, esconderte cosas o volver a hacer aquello que te enojó.

 

Cuéntame ¿tienes ganas a veces de ‘despedir a tu hijo’?

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