Altas Capacidades

Por qué mi hijo de Altas Capacidades duerme poco

altas capacidades duerme poco

¿Tu hijo de altas capacidades duerme poco? No es una tónica común porque las altas capacidades intelectuales son bien heterogéneas pero es muy habitual escuchar a los padres lamentarse de lo poco que duermen, de lo que tardan en conciliar el sueño y ¡de lo temprano que se levantan!

En mi casa siempre hemos sido de madrugar, cuando me independicé, me bastaban siestas de 5 minutos para recuperarme mientras estudiaba y cuando llegaron mis hijos… no me sorprendió nada que a las 6 de la mañana tocaran diana (como te conté aquí).

Hoy revisamos por qué ocurre esto y de qué manera podemos ayudarles a ir a la cama y sostener el sueño. Está claro que su sueño, es también el nuestro.

¿El niño con altas capacidades necesita dormir menos?

Durante un tiempo estuvo muy extendida la creencia de que los niños dotados no necesitaban dormir tantas horas como el resto. En realidad, se trataba de una mala interpretación. Los niños dotados no necesitan dormir menos, pero es cierto que se recuperan con mayor facilidad. Así que es común en ellos ver que con una siesta de 15 a 20 minutos han renovado toda su energía.

Esto no se debe a su superdotación, sino a su sobreexcitabilidad y su hipersensibilidad. Sabemos que todos los niños de alta capacidad son extremadamente sensibles y llegan con gran excitación y una enorme cantidad de estímulos absorbidos a lo largo del día. Parecerá que no quieren ir a la cama por nada del mundo ¡aunque realmente estén cansados! De hecho, dicha sensibilidad y su sistema nervioso único precisan de las horas de descanso apropiadas para un buen desarrollo mental, emocional y memorístico.

La conclusión pues es que necesitan dormir igual que cualquier niño aunque les costará más hacerlo y son capaces de recuperarse durmiendo menos que otros niños.

Tu hijo NECESITA DORMIR

El sueño tiene una importancia biológica indiscutible. Durante el sueño nos recuperamos de la actividad física y se da también la reestructuración psíquica pues nos permite sistematizar y clasificar lo adquirido durante el día. Por eso se dice que el sueño es un proceso activo y no pasivo.

El mecanismo del sueño influye tanto en el equilibrio hormonal como en la protección inmunitaria. No dormir influye en el desarrollo de un niño cansado, enfermo, obeso, desmemoriado y deprimido.

Luego el sueño, mamás y papás de niños con altas capacidades, no es negociable.

Razones por las que un niño de altas capacidades duerme poco o le cuesta irse a dormir

  • No está cansado. Aunque te parezca increíble por su enorme energía, muchos de estos niños tienen una necesidad de expresión física que no ha sido cubierta. Los niños con una alta sobreexcitabilidad psicomotriz necesitan al menos una hora de movimiento al día y el paseo del cole a casa no suele ser suficiente. Algunos niños demandan una actividad física más ardua o más tiempo escalando en el parque.
  • Le cuesta apagar su cerebro. Ellos mismos te sorprenderán diciéndote algo así como ‘¡Mi cabeza no se duerme!’. Continúan haciendo preguntas y pidiendo otro cuento más o un vaso de agua o cualquier otro tipo de actividad porque se sienten incapaces de dormirse sin más. Para muchos de ellos las ideas nacen justo cuando se meten en la cama y relajan el cuerpo, consiguiendo el efecto contrario en su cabecita.
  • Ha ocurrido un cambio de rutina. Estos niños se sienten especialmente afectados por los cambios en la rutina. Algunos pueden ser muy evidentes como el cambio de cuarto o casa y otros menos visibles como el tener un profesor sustituto en clase. Conviene revisar qué ha cambiado en la rutina del día para saber qué cosa le mantiene más excitado o inquieto de la cuenta. Tal vez el cambio de rutina se vaya a suceder a la mañana siguiente y lo esté sufriendo esta noche. De por sí, irse a dormir es un gran cambio al que enfrentarse pues pasamos de la luz a la oscuridad, del movimiento a la calma. La transición para ellos no siempre es tan rápida ni tan fácil.
  • Está muy excitado. Mantener el equilibrio con ellos es algo complejo. La falta de estímulos les estresa igual que el exceso de ellos y en ocasiones es difícil encontrar la medida perfecta. Que tengan la energía suficiente como para enfrentarse a muchas actividades no significa que debamos llevarlo a todo. Sobre todo si esperamos que duerma bien.
  • No quiere perderse nada. Esta es la sensación generalizada de los padres de los niños dotados. Parece que no quieran perderse nada y se sienten hasta molestos por tener que cerrar los ojos y dejar de ver el mundo. No pierdas de vista esta sensación suya para poder empatizar y ver esta situación desde sus ojos. Prométele que mañana habrá más tiempo, más horas, más descubrimiento.

¿Cuánto debes preocuparte de sus problemas de sueño?

Si aunque te parezca que duerma pocas horas se levanta descansado, feliz y enérgico, es probable que esté durmiendo cuanto necesita. A veces, nuestro propio cansancio nos hace ser poco objetivos con las horas que está durmiendo a lo largo del día. No obstante, no pierdas de vista tu propio sueño como adulto cuidador, pues tu buen humor, energía y estado de alerta son vitales para la justa educación de tu hijo.

Si por el contrario observas excesivos e injustificados cambios de humor en el niño, bajo rendimiento escolar sin otras causas colaterales y desgana generalizada tanto para concentrarse como para tener la iniciativa en aquellas cosas que le apasionan, es bueno contabilizar las horas de sueño y la calidad del mismo. Si es necesario, con el pediatra o el profesional del sueño más cercano.

No des pastillas, gotas u otros remedios al niño sin consultar con un profesional. Asumir la excepcionalidad del niño dotado supone asumir tanto los aspectos más cómodos, como los menos…

Qué hacer cuando el niño no quiere dormir

En lugar de enfocarnos en que el niño se duerma, nuestra visión irá hacia que el niño DESCANSE y se RELAJE. Esto puede suponer que no se duerma todo lo pronto que nos gustaría, pero su nivel de excitación será reducido e irá bajando de forma gradual. Si solo pensamos en que cierre los ojos y podamos dejar la habitación, cada noche será frustrante para los padres. Si por el contrario confiamos en que lo que el niño necesita es descansar su mente y su cuerpo, el sueño llegará solo.

Para contribuir a ello, tendrás tú mismo que bajar el ritmo. Es muy común que cuando los niños no quieran dormir empiecen a pedir agua, ir al baño, otro cuento… Será genial que puedas satisfacer las peticiones dentro de una lógica (en mi casa, 3 cuentos es el límite antes de que yo pierda la cabeza), pero dale las cosas cada vez más despacio. Háblale despacio y en un tono bajo y calmado. Contribuye a que el ritmo de todo vaya decreciendo. Trae su agua dando pasos despacito y con movimientos lentos y no seas rápido o demasiado efusivo en contestarle.

Es probable que tengas que eliminar la siesta. Esto no quiere decir que tengas que renunciar a un espacio de descanso después de comer. Propón que la hora de la siesta sirva para leer, dibujar, hacer puzles o cualquier otra actividad relajada y silenciosa. Los niños de alta capacidad dejan las siestas antes que los demás.

Presta atención a su cuarto y procura que no tenga demasiados estímulos alrededor de su cama. Favorece un dormitorio sencillo con pocas cosas a la vista. En ocasiones, probar a cambiar la orientación de la cama nos da buen resultado.

Mantén rutinas personalizadas con el niño. No todo funciona con todos y lo mejor es no probarlo todo a la vez. Ve añadiendo o restando aquellas cosas que sí van con tu hijo.

¿Un truco práctico? En relación al hecho de que ‘les cuesta apagar su cabeza’ puedes instalar un interruptor junto a su cama para que desde bien pequeño tenga una señal de que es la hora de irse a dormir. No apagues tú este interruptor y deja que él tome la iniciativa de pulsarlo. Es una idea muy económica y divertida, no pierdes nada por probarlo. Tienes muchos modelos y formas.

Entre los límites y la flexibilidad

La flexibilidad será tu clave para no perder los nervios cuando el niño despierte al poco de irse a dormir o cuando te estés quedando dormido antes que él. Pero en cualquier caso, llegará un momento en el que habrá que poner fin a la situación, siempre sin violencia.

Establece unas expectativas y cúmplelas: Vamos a leer un cuento, vamos rezar y me quedaré a tu lado unos minutos. Después me iré a la cama. Esto es solo un ejemplo.

Mantén la calma y el tono de voz sin excitación. Si se levanta, acompáñalo de nuevo a la cama y vuelve a repetirle que es la hora de dormir. Quizá tengas que quedarte físicamente presente por un tiempo. Esto puede hacerse con luz tenue, e incluso apagada. No aconsejo a los padres quedarse junto a los niños mirando el móvil pero puede ser mejor opción quedarse en su cuarto mientras nos ve leer un libro en silencio. Así de paso recuperas tiempo de lectura y le aseguras que estás ahí, aunque en un momento de descanso y silencio (e inspiras su lectura).

Cuando el niño crezca, siempre podrá recurrir a un buen libro para dormir (lectura ligera), pero sin salir de la cama. Lo importante, recuerda, es que su cuerpo esté relajado.

 

Si en tu caso el niño aún es bebé, tienes más trucos para dormir en la Guía del bebé de Alta Demanda.

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