Alta Sensibilidad·Crianza

Mi hijo no quiere dar besos ¿Tengo que obligarlo?

No quiere dar besos

Abres la puerta ¡son los abuelos! y tu hijo no quiere dar besos. A partir de aquí comienzan una serie de comentarios como ‘No seas arisco’, ‘Con lo que te quiere tu abuela’ o las típicas recompensasSi le das un beso te doy chuches’. Tú sabes que no son buenas frases pero la presión social y las normas no escritas de afecto te hacen pensar que lo que tu hijo hace está mal. Que a la gente se la besa y se la abraza y sobre todo si son familia.

No tiene problemas siendo afectivo, de hecho es el niño más cariñoso, atento y empático que conoces. Pero por alguna razón, cuando nos encontramos con amigos y familia… no quiere dar besos.

¿Por qué no quiere dar besos?

Lo primero y para tu tranquilidad, esta actitud no es una rareza y es muy común entre los niños altamente sensibles. Son niños que reaccionan más ante los estímulos, que tienden a sobreestimularse y que a menudo procesan la información en profundidad y con detalle. Para ellos todo es más y, pese a que tienen una inteligencia emocional muy aguzada, sus muestras de afecto no siempre coinciden con lo que se espera de ellos. Especialmente los muy introvertidos.

Un niño o niña sensible capta más información que el resto: el olor de la colonia de la abuela, las manos ásperas del tito, o ese colmillo extraño del amigo de papá. No se trata tan solo de que conozcan o no a la persona que espera un beso de ellos, se trata también de todo lo que reciben de ellos, del momento en que el niño se encuentra y de las transiciones.

Los niños altamente sensibles tienen más dificultades para afrontar transiciones como entrar a un espacio nuevo o recibir invitados. Esto es un cambio de ambiente y de socialización radical y necesitan tiempo para asimilar esto. Puede que no sean capaces de dar un beso al entrar a casa de los primos y sí lo sea al salir, cuando lleva un par de horas habituados a la casa y sus estímulos.

¿Qué hago cuando no quiere dar besos y la familia me critica?

Si tienes la suficiente confianza, deja claro al adulto que dar besos no es la única forma de demostrar afecto. Podéis llegar a un pacto entre el niño y el adulto para encontrar formas más fáciles y rápidas de saludo que no impliquen que el niño se quede mudo o detrás de tus piernas.

Por ejemplo, algunos niños prefieren dar la mano o simplemente sonreír y saludar con palabras sin necesidad de tener contacto. Esto no descarta que vaya a haber abrazos más tarde, solo que, por el momento, empezamos por algo menos invasivo sensorialmente. Igual prefiere un abrazo en vez del beso o le divierte más inventar un saludo especial chocando manos. Deja claro a la familia que el niño no los quiere menos por dar o no dar besos.

Si resistes mejor las opiniones ajenas, tal vez podáis probar a dar un tiempo muerto. Ayúdale a decir que dará cariños un poco más tarde, que acabamos de llegar y el pequeño es de ir más despacio. Habla bien de él ante los adultos en lugar de decir que es tímido o vergonzoso: ¡Este niño es súper cariñoso! Tiene besos tan valiosos que no los puede repartir nada más llegar.

Sobre todo no presiones al niño y resta importancia al momento del beso o se quedará enquistado. Yo puedo recordarme a mí misma escondiéndome en el armario cuando sonaba el timbre de casa o yendo detrás de mis padres en bodas y comuniones.

No obligues a tu hijo a dar besos si no está preparado

Para besar a alguien, el niño tiene que sentirse seguro y, a menudo, los besos se dan en un espacio de transición que no ayuda: llegas a un sitio nuevo que no te han dejado observar, estas en el quicio de la puerta, a la entrada o salida de algo o incluso te piden besar a personas que no has visto antes ¿que tiene esto de seguridad para ellos?

Es vital que el significado de los besos vaya unido a la sensación de seguridad en su vida. De esta manera evitará situaciones de abuso que lo pillen desprevenido en el futuro. Un beso y un abrazo es un gesto de afecto y no es cortesía. Cortesía o educación es saludar y eso puede hacerse con la palabra.

Tanto para dar como para recibir una muestra de afecto debemos sentirnos cómodos y confiados. De lo contrario podemos tener una sensación de invasión de nuestro espacio privado. Si normalizamos esta invasión, en un futuro podemos tener a un adolescente en situaciones comprometidas con el aprendizaje de que ‘hay que dar un beso cuando te lo pidan’.

Y ya no te hablo de casos imperdonables de abuso. Te hablo de sus primeras salidas al mundo, las discotecas y las fiestas. ¿Tengo que dar afecto siempre que me lo pidan? ¿Solo porque seas amigo de mi amigo tengo que dejar que me beses? NO.

Y pequeños gestos como no forzarlos cuando son pequeños, van a construir este gran castillo que es la autoestima adulta.

 

 

 

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5 comentarios sobre “Mi hijo no quiere dar besos ¿Tengo que obligarlo?

  1. Creo que encontrarme con tu blog y perfiles en redes sociales es de lo mejorcito que me ha pasado para comprenderme. Incluso más útil que ir a terapia (lo digo en serio) ¡Me siento tan identificada con tantas cosas que cuentas! Uno de los recuerdos más vívidos que tengo de mi infancia (entre 4-6 años) es precisamente esto: cómo me agobiaba tener que dar besos a familiares y amigos de mis padres cuando yo ya estaba «agotada» emocionalmente después de una tarde entera de interactuar con ellos o jugar. De hecho recuerdo que tenía una «bolsa de besos» y si se gastaban, decía: «se han gastado» y no había más. Siempre me obligaban y me sentía muy agobiada.

    Siempre me dijeron que era «muy sensible» pero mi madre me dijo siempre que es que yo era «rancia» y «borde» por este tipo de cosas. Leer tus posts me está ayudando a entenderme, no solo comprender las cosas que viví de niña, sino también entenderme ahora como adulta. Probablemente siempre fui Altamente Sensible pero no tuve diagnóstico.

    No me cansaré de darte las gracias y la enhorabuena por el trabajo que haces. <3

    1. ¡Qué bonito Verónica! Me alegra que hayas encontrado una casita digital donde encontrarte cómoda. Además me emocionan mucho los procesos en los que las mujeres adultas se descubren en su infancia, se perdonan y se entienden. A mí me pasó así, que no fue hasta que nacieron mis hijos que me dije ‘No hay nada malo en ti’. ¡O al menos no las cosas que yo creía que estaban mal! ja, ja. Te abrazo.

    2. También me siento como Verónica (descubriendo mi infancia…), pues me parece que los adultos muchas veces actuamos más por la costumbre, el que dirán o por nuestro gusto y no pensamos en la individualidad de nuestro niño…
      Completamente de acuerdo con el artículo, muy sabio y orientador para cumplir mi rol de madre…

  2. Pues yo lo sigo viendo muy mal no querer dar besos a sus abuelos o tios primos, no se su familia en general no estamos hablando de ningunos desconocidos, no me valen estas respuestas lo veo fatal.

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