Alta Sensibilidad·Crianza

¿Tu hijo te supera? Cómo saber si estás abrumada

Puede que te sientas así estos días. Estás abrumada por tu propio hijo. De hecho vives asustada porque vuelva a tener un estallido, llore o te grite, según la edad.

Hace unos años leí una lista de 15 puntos del doctor John Gottman, una eminencia en resolución de problemas conyugales y autor de libros como ‘Siete reglas de oro para vivir en pareja’. Eran 15 puntos para descubrir si tu relación de pareja te hacía sentir abrumado o abrumada.

Me pareció totalmente extrapolable a la relación con nuestros hijos. Fotografié aquella página y hoy la reinterpreto para adaptarla a nuestros hijos. Te he preparado dos listas. Una te servirá si tienes hijos pequeños. La otra si son adolescentes. En ambas listas se utiliza el masculino genérico como forma inclusiva.

Cómo saber si estás abrumada por tu hijo pequeño

Califica cada frase con una V o una F

  1. Las rabietas se extienden demasiado. V F
  2. Me cuesta calmarme. V F
  3. Suelo recurrir al chantaje o al castigo para terminar. V F
  4. Mi hijo se enfada demasiado. V F
  5. Después de una rabieta, necesito que se quede con su padre. V F
  6. Mi hijo me grita, llora insistentemente o me pega. V F
  7. Me siento superada cuando tiene un berrinche. V F
  8. No puedo pensar con claridad cuando el niño está irritable. V F
  9. ¿Por qué no podemos jugar tranquilamente? V F
  10. Sus estallidos parecen surgir de la nada. V F
  11. Por lo general no hay forma de evitar que algo le desagrade. V F
  12. Durante las rabietas me dan ganas de salir corriendo. V F
  13. Hace un castillo de un grano de arena. V F
  14. No me resulta fácil calmarme durante una rabieta del niño. V F
  15. Mi hijo parece inflexible, cuesta razonar con él. V F

 

Cada respuesta verdadera equivale a un punto. Con lo que:

Menos de 6 puntos: La relación con tu hijo crece sólida. Puedes afrontar una rabieta sin necesidad de esconderte en el cuarto de al lado o ceder a los gritos. No te sientes víctima de tu hijo y podéis llegar a acuerdos. Las rabietas son sorteadas sin dejar emociones enquistadas en vuestra relación.

Más de 6 puntos: Vuestra comunicación debe mejorar. Estás siendo superada a cada berrinche de tu hijo y no se te ocurre cómo salir sin ignorar al niño o perder la tranquilidad. Cuando esto ocurre están tan superada que apenas puedes entender lo que tu hijo quiere realmente o cómo puedes poner fin a su llanto.

Cómo saber si estás abrumada por tu hijo adolescente

Califica cada frase con una V o una F

  1. Nuestras discusiones se acaloran demasiado. V F
  2. Me cuesta mucho calmarme. V F
  3. Uno de nosotros acaba diciendo algo de lo que se arrepentirá. V F
  4. Mi hijo se enfada demasiado. V F
  5. Después de una pelea, necesito espacio entre él y yo. V F
  6. Mi hijo me grita. V F
  7. Me siento abrumada por nuestras discusiones. V F
  8. No puedo pensar con claridad cuando mi hijo está agresivo. V F
  9. ¿Por qué no podemos hablar más racionalmente? V F
  10. La negatividad de mi hijo parece surgir de la nada. V F
  11. Por lo general no hay forma de evitar el mal genio de mi hijo. V F
  12. Durante nuestras peleas tengo ganas de salir corriendo. V F
  13. Los problemas sin importancia suelen convertirse en grandes problemas. V F
  14. No me resulta fácil calmarme durante una discusión. V F
  15. Mi hijo tiene muchas exigencias muy poco razonables. V F

 

Cada respuesta verdadera equivale a un punto. Con lo que:

Menos de 6 puntos: La relación con tu hijo es fuerte. Podéis llegar a discutir sin llegar a sentirte superada y querer abandonar. No te sientes víctima de tu hijo y podéis comunicaros sin negatividad. Sois capaces de resolver los conflictos antes de que se conviertan en un bloqueo entre ambos.

Más de 6 puntos: Vuestra comunicación debe mejorar. Estás siendo superada a cada discusión y no ves la manera de resolver los conflictos. Cuando esto ocurre están tan estresada que apenas puedes escuchar lo que tu hijo dice o dilucidar cómo arreglarlo.

¿Cómo entender a mi hijo cuando estalla sin perdernos el respeto?

Puede que tengas un hijo al que aparentemente no se le puede decir nada. Llora sin motivo y es imposible contradecirlo. Pero ¿de verdad llora sin motivo? Detrás de una alta intensidad emocional que se perpetúa en el tiempo solemos encontrar hipersensibilidad sensorial o disincronías cognitivas. Es decir, que o bien está siendo desbordado por estímulos que nosotros no vemos (ruidos, luces fuertes, ropa incómoda, temperatura) o bien vive un desequilibrio entre su rápido desarrollo y sus inquietud intelectual frente a la edad que tiene y lo que le toca vivir. Se aburre. E incluso tiene un nivel bajo de frustración porque, todo es tan sencillo para su cabeza, que un pequeño escollo le irrita sobremanera hasta el punto de abandonar o… de estallar contra ti.

Pero no siempre hablamos de alta sensibilidad o de altas capacidades intelectuales. A veces los niños prueban sus propios límites y se aventuran a tomar el mando con la persona que más muestras incondicionales le da: su madre. Porque sabe que puede estirar un poco más sin llegar a perderte. Sabe que sus ‘prácticas’ por imponerse no traerán fatales consecuencias con la persona que tanto le ama. ¿Injusto? Más bien lógico. Y casi un piropo para ti.

Algunos principios básicos para la comunicación desde que el niño es pequeño:

  • Evita las palabras siempre, nunca, todo y nada. A menudo son una exageración que culpabiliza al niño y echa balones fuera.
  • Evita usar el ‘porque tú’. En lugar de eso expresa lo que tú misma necesitas: Necesito sentirme respetada por ti, saber que puedo hablar y que no vas a irte a tu cuarto.
  • Di adiós a las etiquetas. Ni llorón, ni tozudo, ni irritable. Tus palabras construyen con fuerza la autoestima de tu hijo.
  • No lo sermonees. Sé clara, modera tu tono de voz. Nada de gritos.
  • Recuerda que todas las emociones son válidas. Las suyas en ese momento, las tuyas en ese momento. Lo que cambiará la forma de relacionaros es vuestra actitud ante dichas emociones. Negarlas o buscar culpables no ayuda: solo tú eres la responsable de tus emociones.

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