Altas Capacidades

¿Los niños de altas capacidades se lo tienen creído?

Arrogantes, creídos, soberbios, creídos, sabelotodos. Este es un estereotipo horrible que todavía ronda en algunas cabezas y que está lejos de ser verdad. Al menos como adjetivos genéricos, pues cada niño y niña de altas capacidades es distinto a otro.

Algunos padres me preguntáis en consultoría si debéis decirle al niño que tiene altas capacidades o si es mejor evitarlo para ‘que no se lo tenga creído’. Mi experiencia me dice que la inteligencia emocional de estos niños empáticos está lejos de practicar los caminos de la arrogancia y la soberbia. Y que de hecho, es mucho más fácil encontrar en ellos casos de baja autoestima. Gran parte de estos niños no sabrán que son personas dotadas hasta la edad adulta, donde aún serán incrédulos.

¿Por qué puede parecer que un niño de altas capacidades se lo tiene creído?

  • Se confunde su lenguaje confiado con una actitud de superioridad. Recuerdo que de pequeña me preguntaban por qué usaba esas palabras tan extrañas. No entendía por qué no podía usar palabras que existían y que de hecho era más acertadas que las que ellos estaban diciendo, solo que menos coloquiales. La respuesta ‘Está en el diccionario’ era aún peor, porque se interpretaba que habías leído más ¡y al parecer eso también es malo!
  • Cuando un profesor pregunta quién se lo sabe, es probable que nuestro niño levante la mano a menudo. Esto se observa tan mal desde fuera que, especialmente las niñas, dejan de levantar la mano pese a saberse la respuesta. A veces incluso llevan un conteo de si intervinieron ayer o no en esa clase o si han intervenido en la clase anterior, paro no volver a pronunciarse hasta mañana, dentro de unos días o un mes…
  • Si el niño se aburre en el grupo y decide no participar, se tiende a pensar que se cree superior. No se le da pábulo a la realidad asincrónica con la que convive: tiene una edad cronológica pero otra edad mental. Y no piensa ‘Me aburro porque eres tonto’, sino ‘Estos temas no me interesan’. No existe el juicio que se le presupone –salvo que los padres intervengan para decir ‘Los demás no te entienden porque son idiotas’, cosa que desaconsejo y no hace bien a nadie-. Un niño de alta capacidad que no se adapta puede ser incómodo pero él se siente mucho más incómodo porque a menudo quisiera integrarse y no puede, llegando a decir frases como ‘Ojalá fuera distinto’. En mi adolescencia le veía todo el atractivo a una lobotomía… para descansar un ratito.

La autoestima en las altas capacidades

El ego de una persona con altas capacidades no está constantemente compitiendo con otro, sino consigo mismo, con quien es cruel y desalmado. Nunca es suficiente para él, el perfeccionismo es atenazador y siempre hay más saber fuera de su cabeza que dentro (Sócrates y su frasecita).

Su inclinación a saber más, persistir en la tarea o darle la vuelta a las preguntas desde su pensamiento divergente puede inducir a otros a pensar que es un arrogante. Su insistencia en defender algo de lo que están muy convencidos, puede hacer pensar a otros que son inflexibles por soberbios. Pero se trata de una tenacidad propia de ellos. No se defienden a sí mismos y su inteligencia. Defienden esa idea que los tiene apasionados y obnubilados.

Las chicas con altas capacidades son el grupo que tiene más problemas con la autoestima a causa de su deseo de encajar y la obviedad de ser diferentes. Son las más propensas a convertirse en mujeres con síndrome del impostor y a pensar que en cualquier momento serán ‘descubiertas’ y todo el mundo sabrá que no son tan listas. Porque ellas verdaderamente, no se lo creen.

Paula Prober hablar de esto en su libro Your Rain Forest Mind donde utilizaba estudios que demostraban que, de hecho, las personas más brillantes subestiman sus habilidades.

¿Es mejor disimular?

Recientemente Lisa Van Gemert, autora del libro ‘Perfectionism’ (que en español sería algo así como ‘Perfeccionismo, una guía práctica para manejar el ‘nuncasoylosficientementebueno’’) entrevistaba a una chica con altas capacidades.

La primera pregunta ya era interesante: ¿Cuándo te diste cuenta por primera vez que eras alta capacidad o escuchaste el término alta capacidad?

La niña vino a explicar que paulatinamente la fueron cambiando de clase sin darle explicaciones y sin usar la palabra altas capacidades (gifted en inglés). Simplemente le decían: Esta será tu clase de ahora en adelante. En una charla les explicaron que no eran alumnos más inteligentes, sino alumnos diferentes, con más habilidades en esa área. Nadie nombró el término superdotado ni algunos de estos términos aparecía en el programa de su escuela (solo eran acrónimos). Decía la entrevistada que así se evitaba que otros dijeran ‘Eres mejor que nosotros’.

Lo que la chica veía positivamente, era algo horrible para la entrevistadora y divulgadora de altas capacidades. Lisa Van Gemert se opone a que se use un término genérico (como ‘diferente’ o un ‘acrónimo ininteligible’) para que los demás no se sientan mal. Porque esto, decía, no se hace con los atletas.

Aseguraba que los niños no son idiotas… y saben quién es el niño.

La entrevistadora preguntaba ¿No se dan cuenta los otros niños? Y ella respondía ‘Los maestros hacen un buen trabajo haciendo que parezca normal’. Lo cierto es que uno de los test de detección que se hacen en los colegios, implica al alumnado. Se les pide a los niños que nominen a sus compañeros más capaces para tener una orientación (igual que se le pide a los profesores que nominen a los que creen que son sus alumnos más dotados). Esto se hace porque los niños ¡no son tontos!

No ocultes a tu hijo sus capacidades por el miedo a que sea un arrogante:
necesita saber quién es para construir una autoestima fuerte.
Necesita una vida plena donde no tenga que disimular.
Y no te preocupes porque se vuelva un soberbio,
serán muchas más las veces que tengas que reforzar su autoestima
y recordarle lo capaz que es.

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