Crianza

Educar en bondad

educar en bondad
Obra de Pierre Mornet

Si al final de la crianza pudiera decir que he ayudado a mis hijos a vivir en bondad, me daría por satisfecha. Ni más o menos listos, ni más o menos creativos, ni siquiera divertidos: con la bondad, me basta.

No hace mucho mi hija de 8 años me escuchó quejarme por dar el pecho a sus hermanos día y noche. Se acercó y me dijo: Ojalá pudiera cambiarme por ti.  Despiértame esta noche si necesitas ayuda con los bebés.

Me dejó muda  ¿¡Cómo te voy a despertar, mi amor!? Sin saberlo, me había regalado un gesto de amor, de bondad, que quedaba muy por encima de sus años. Sentí lo permeables que son los niños y cómo cada cosa que decimos y hacemos (o no hacemos y no decimos) en esta vida, es absorbida por ellos.

Educar en bondad es un continuo

Nuestros hijos observan cómo hablamos. Observan si nos reímos de los demás o no. Escuchan el lenguaje que usas y también perciben si preguntas a los demás por sus vidas –en lugar de solo contar la tuya-, si ofreces ayuda. Si ofreces tus cosas aun si no van a volver.

Como padres, podemos ayudarles a conectar con el dolor del otro. Solo conectar. Porque lo más prodigado es ‘dar consejos que no nos han pedido’. Y cuando alguien está en jaque, enseguida tenemos propuestas o lecciones de vida que aportar. Pero igual no necesitan ni tu opinión. Solo tu oreja.

Ojalá mis hijos sean de los que disponen su bondad a escuchar. A mandar oraciones silenciosas como decía Dyer (tienes un video al final de este texto). Porque por mucho que vivan, no tendrán la solución perfecta para los demás. Para mí ser bondadoso es tener la suficiente generosidad para:

  • Escuchar al otro
  • No enjuiciarlo
  • Estar dispuesto a acompañarlo
  • Facilitar las cosas ¿Qué puedo hacer yo para ayudar?

El mundo ya se está poniendo demasiado complicado, sería perfecto tener una generación venidera dispuesta a hacerlo todo más sencillo. Y lo sencillo está asociado al abrazo, la calma, la risa, la ayuda, la palabra buena.

¿Qué hago con mis hijos para educar en bondad?

Les pido, no les exijo.

Uso con ellos ‘por favor’, ‘gracias’, ‘eres muy amable’… nada original: tal y como le hablaría a un adulto porque ellos nunca fueron menos.

Les pido ayuda. Les hago partícipes de mi vida. ¿Cómo iban a ayudarme si no saben qué necesito? Les dejo claro cómo contribuyen a mi vida con su bien.

Cuido lo que me oyen decir. Cuido mi forma de hablar de los demás. Cuido mi forma de pensar sobre los demás.

Y hago por facilitar la vida de los que están en mi entorno.

Es decir, son cosas que hago YO, no cosas que les pido hacer a ellos. Porque confío en la educación a través del ejemplo. Y ellos lo ven todo con esos ojos brillosos.

La bondad es aconfesional

El otro día vi con los niños un video del buen samaritano, que ayudó a un hombre que no conocía de nada al que habían dado una paliza. Lo montó en su burro, lo llevó a una posada cercana y dejó pagada la estancia y la comida para él. Esto era un ejemplo de bondad de la religión en la que me han educado pero la bondad es aconfesional.

Vemos bondad en el Islam:

 “Facilitad las cosas, no las dificultéis; regocijaos con la gente y no la rechacéis.” (hadiz de veracidad consensuada).

Vemos bondad en el judaísmo:

“Los actos de bondad son más grandiosos que la caridad, porque se puede ser bondadoso tanto con los ricos como con los pobres… La caridad puede cumplirse solo con nuestro dinero, pero los actos de bondad pueden cumplirse personalmente y también con nuestro dinero (Rambam, Hiljot Avel 14:1).

Bondad en el budismo:

Y la bondad consiste en querer lo mejor para el otro, regocijarte de sus éxitos y felicidad.” (Chökyi Nyima Rimpoché)

Para mí, Dios es bondad. Y esto lo veo de forma universal en toda creencia, aún cuando no existe creencia: aquellas personas que sienten que no hay para ellas nada que regule por encima de los hombres, sienten de igual manera que ser buenos es el camino.

Así que los días en que me viene a la cabeza todo lo que mis hijos aún no han aprendido, los sitios que no hemos visto o las personas que aún no conocen… me recuerdo que mi objetivo primero es educar en bondad. Y que todo lo demás, será un añadido.

Ojalá eduques personas buenas. Eso te deseo.

 

PD: no hace falta colaborar en una Ong para educar en bondad. Educas cada vez que contestas a alguien con amor, cada vez que das las gracias por lo pequeño, cada vez que le recuerdas a alguien lo bueno que hace en lugar de señalar sus faltas.

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10 comentarios sobre “Educar en bondad

  1. Me ha encantado este post. Creo que no depende de la religión como tal el ser bondadoso, en mi caso soy atea pero educar en valores, entre ellos la bondad me parece primordial. Sin un mundo con bondad ¿donde iremos a parar?
    Un saludo enorme, me encanta leerte.

  2. Hola Bea, casualmente te he conocido en youtube y me ha apetecido visitar tu página que por cierto me ha gustado mucho tu iniciativa.
    Yo soy mama de mellizos, ahora con 12 años y precisamente hoy me ha dolido un gesto tanto egoista de uno de ellos. Tenia 3 bombones de su calendario de navidad y le he perdido 1, y adivina su respuesta «NO».
    Me ha venido una emoción de tristeza, pensando que no me queria.
    Intento enseñarles la generosidad, el respeto hacia el otro, la empatia y tambien que sepan ayudar al otro. Pero no lo acabo de conseguir… Puede que mas adelante vea los frutos… Y sinó son, como creo que deberían ser, me reconforta saber que los quedré igual.
    Espero, si te apetece alguna sujerencia tuya Gracias

    1. Hola Elena ¡el poder del chocolate! Ya sabes bien que eso no quiere decir que no te quiera, sino que ¡le encanta el chocolate! Si me has conocido por YouTube, te recomiendo el video sobre Byron Katie que tengo, con un ejercicio que podrás aplicar con este ejemplo para tener calma. Abrazote!

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