Minimalismo

Economía familiar minimalista. 7 en casa

Economía familiar

A menudo me preguntan cómo manejamos la economía familiar. Y me suelen decir ¿pero cómo os apañáis los siete? A decir verdad, dos son aún muy pequeños, pero la respuesta de rigor es: ‘No, no somos ricos’. He tardado mucho en hacer este post porque no tenemos ningún truco glamuroso ni un aprendizaje financiero detrás. Nuestro truco se llama austeridad.

Finanzas de austeridad

Austeridad y prioridades. Y claro, estas dos palabras no tienen un gran club de fans pero han sido la base de una economía en la que no nos ha faltado lo esencial. Todavía más importante es que nuestra actitud con el dinero ha permitido que este mismo (su ausencia, la cantidad del banco o lo ingresado) no sea jamás causa de tristeza. Yo siento que Dios provee y soy una fan absoluta del sermón de la montaña (te recomiendo este libro genial). Pero también he escuchado atentamente a los amigos que me hablaban de ‘pensar en grande’, ‘dinero llama dinero’, etc. También me genera interés los seminarios sobre por qué nos relacionamos tan mal con el dinero. Pero no he hecho ninguno. Nuestro lema ha sido y me repito, austeridad y prioridades.

Esto quiere decir que nos acogimos al minimalismo como una forma moderna de decir ‘No voy a comprar lo que no necesito’ y que tuvimos largas conversaciones sobre qué es prioritario y qué no para ser felices. Conversaciones de matrimonio, de las de noches con infusión o con vino. Y en esas conversaciones, nos dejamos claras cosas como que los libros son un bien esencial, que hay ‘juguetes’ y juguetes, que vale más el tiempo juntos que el escenario donde lo pasemos, y que con poco, muy poco, nos sentíamos bien.

Algunos trucos de nuestra economía familiar minimalista

Así las cosas, no somos los padres del desierto. Tenemos cosas y de hecho más cosas que muchos minimalistas, por la simple suma que resulta de tener siete en casa. Pero aquí van algunas decisiones que nos hacen terminar el mes sin penas:

  • Comemos menos producto animal: Este pequeño cambio en nuestra comida fue sustancial. Los niños no son vegetarianos, pero el hecho de que yo lo sea (y el papá casi, casi), hace que la cesta de la compra sea más barata. La comida vegetal orgánica o la procesada es cara, es verdad. Pero la de toda la vida no. Los garbanzos, las lentejas, las patatas, el arroz, las alubias, las verduras en general y la fruta (de temporada) no son caras. En nuestra semana se come lentejas sin carne, patatas guisadas, ensalada de garbanzos, hamburguesas de alubias rojas caseras, vamos, nada lo suficientemente gourmet como para que no puedas aplicarlo. Hablé de esto en profundidad en el post ‘Menús simples para cada día’ y en ‘Cómo organizar comidas con minimalismo’.
  • Salidas y vacaciones diferentes. Al margen de la situación de pandemia que tenemos, no es que sea fácil meternos tantos en cualquier bar. Ni tampoco se nos antoja. Con la alta sensibilidad rondando en casa, los sitios ruidosos o masificados no son una alegría (y comer vegetal fuera de casa no es nada fácil). Si salir te da la vida, adelante, pero a nosotros, preferir otros planes que no implican bares nos relaja la economía. Las meriendas en casa molan, en el parque también, y en cuanto a los encuentros con los demás, igual va siendo hora de replantearnos por qué toda relación social tiene que estar ligada a la comida. Las vacaciones con familia numerosa se plantean de forma distinta: tan solo piensa que no está permitido que todos entremos en una sola habitación de hotel y que no vamos a separarnos de nuestros hijos. Esto nos abre caminos como autocaravanas, casas rurales u opciones más modestas ¡O las casas de los abuelos, que estamos locos por verlos!
  • Segunda mano: apostar por cosas que ya existen en lugar de estrenarlas ha sido otra de nuestras bazas. Segunda mano en los coches, segunda mano en juguetes, segunda mano en ropa, segunda mano en libros. Sé que aún existe un freno con esto pero es porque seguimos pensando hacia dentro ¿Qué pensarán de mí? ¿Cómo reaccionará mi hijo? ¿Qué me dirán cuando lo cuente? En lugar de pensar hacia fuera: tenemos un solo planeta con recursos limitados y este 2020 nos deja claro que debemos relacionarnos con él de una nueva forma. Consumir a lo loco y demandar cosas nuevas por el goce de estrenar mientras otros no quieren las suyas como nuevas… es una locura. Aprovecho para decir que a las personas sensibles les viene mejor la ropa de segunda mano (prestada, donada o comprada) porque ya está lavada y ni pica tanto, ni ajusta tanto, ni es tan rígida. También te hablé de ello aquí.
  • Libros de biblioteca: Ya lo he dicho muchas veces pero cuando mis hijos cumplen un año, les regalo el carné de la biblioteca del pueblo. Libros infinitos a su merced. Solo compramos libros de trabajo (los de recortar, colorear, rellenar) o aquellas ediciones preciosísimas que son una inversión familiar. De hecho, algunos que hemos comprado, han acabado también en la biblioteca como donación y esperamos que otros los estén disfrutando. En cuanto a mamá, procuro leer en ebook porque así evito llenar la casa y me ahorro entre un 50 y un 70 por ciento del precio del libro aproximadamente.
  • Regalos sin fecha: Mi marido y yo no nos hacemos regalos. Ni de aniversario, ni de cumpleaños, ni de Reyes. Nos regalamos cuando nos apetece y tiene sentido, pero no tenemos una obligación de gasto ni una necesidad de impresionarnos: cada día es una ocasión para cuidar nuestra maceta de amor familiar y el dinero no es la semilla.
  • Minimalismo en el armario y en el baño: Igual donde más austeros somos. Es muy raro que mi marido y yo nos compremos ropa pero aún es más raro que invirtamos en cosméticos. No tengo gasto de cremas, ni perfumes, ni acondicionadores, ni casi maquillaje. Tampoco me cambio de joyas, ni uso bisutería. De muchas cosas tenemos uno solo. Una mochila, unas zapatillas, un abrigo. Y tan felices, oye. No sabes la de tiempo que nos ahorramos eligiendo. Tienes más sobre mi armario aquí.
  • Tengo a mano botones e hilo: Soy como una abuela en un cuerpo de 34 años. Uno de los libros de mi despacho es Wear, Repair, Repurpose, de Lily Fulop. Ella lleva la cuenta @mindful_mending y promueve arreglar y zurcir la ropa de forma bonita para dejar de tirar por tirar. En vez de donar toda la ropa que le quede pequeña a los niños, guárdate algunas prendas bonitas para luego arreglar lo que se rompa.  Estas son fotos de algunos de sus trabajos.
@mindful_mending Propiedad de Lily Fullop
@mindful_mending Propiedad de Lily Fulop
  • Que nadie te diga cómo se hacen las cosas. Y menos yo, pero me refiero a que siempre hay recursos más económicos. Pensamos que para hacer un perrito caliente hace falta pan de perrito caliente (que es más caro), pero en realidad, vale pan normal o una rebanada de pan de molde enrollada. Es un ejemplo muy tonto, pero sabes adónde voy: no hay una sola forma de hacer las cosas.

Este año nos ha demostrado que, amén de la salud, pocas cosas nos hacen falta. ¿Qué otros grandes recursos de austeridad llevas a cabo con tu familia?

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30 comentarios sobre “Economía familiar minimalista. 7 en casa

  1. Este es uno de los post que me enamoran y me Dan esperanza para seguir creyendo en la gente conciente y llena de amor que hay en este planeta.
    Me alegra el alma 😊🙏

  2. Algunas ideas para dias especiales , lo que mas me funciona en mi familia es gratis: picnic en la terraza ( aunque sea la comunitaria), y si es de noche y con linternas o velas es mágico, session de cine todos juntos, preparar una receta sencilla, que cada niño/a se ponga los ingredientes que quiera en la pizza, jugar a hacer cabañas en casa, discoteca, manualidades, picnic en parque/campo, quedada en el parque con amigos/as.. cuando las hermanas mayores de los amigos nos pasan ropa desfile con música, baile y se hacen videos, es fiesta grande.

  3. Nosotros en reyes siempre les regalamos un libro bonito a las niñas y si les gusta la colección, por ejemplo Julie E. Bones ya el resto los sacamos de la biblioteca o los compramos por wallapop y mis hijas mas felices que todo! Y nuestra economía familiar también 🥳

  4. Me encanta! Y me siento muy identificada. Vivimos en Dinamarca y por suerte aquí el tema de la segunda mano es incluso más corriente que comprar. Casi no recuerdo la última vez que compré ropa nueva para mí o para los niños! Se puede conseguir practicamente de todo de segunda mano, y en muy buen estado.
    Los problemas llegan en navidades, cuando la familia, de España, “necesita” regalarnos cosas nuevas, esa obligación que se autoimponen. Y no entienden, casi se ofenden, cuando les proponemos que, puestos a hacer regalos, lo busquen en los mercados de segunda mano.

  5. Me encanta lo que has escrito. Tan cierto. Podemos vivir felices con tan poco y con un ambiente más limpio. Y lo más importante, poder transmitirlo a nuestros hijos. Mil bendiciones.

  6. Me ha gustado mucho el post, Bea. Quería preguntarte si recomiendas el libro de Lily Fulop, en Kindle, o en papel, porque me ha parecido interesante lo que muestra pero yo soy principiante (desde siempre 😉 en lo de coser. Gracias.

  7. Hola Bea! Me sentí bastante identificada con tu post, coincido con todo lo que dices! Las bibliotecas populares son un tesoro que debemos cuidar en medio de tanta tecnologización (si no existe esa palabra, la inventé jeje). Nosotros acostumbramos también a comprar ropa de segunda mano, y se siente nueva igualmente, al menos para una lo es 😛 lo de la comida también, que además de ahorro es una cuestión primeramente de salud. Justamente ayer estaba charlando con mi padre y mi madrastra, y en un momento me dice «Anselmo (mi marido) trabaja en el laboratorio y tiene sueldo de maestro, les alcanza para llegar a fin de mes?» Por su cara esperaba que le respondiera que no, pero mi respuesta fue un «sí» muy seguro, y la desconcerté jaja pero es cuestión de estilo de vida! Ellos compran mucho procesado, tienen suscripción a Netflix y Directv, usan mucho el auto, salen bastante seguido a comer afuera… en fin, cosas que encarecen (y complejizan) enormemente la vida. Un abrazo!

  8. No siempre comento pero siempre es bueno leerte…
    Con los bebés se complica un poco con tema pañales, toallitas húmedas y todo eso… a mi me han ayudado los pañales de tela (aunque mentiría si digo que solo uso esos), y en cuanto a las toallitas húmedas, prefiero lavarlo directamente en agua o usar paños de algodón que luego lavo y vuelvo a usar… y así me identifico con este post y creo que siempre hay maneras nuevas, creativas y agradables para tener una mejor economía familiar y cuidar nuestro medio ambiente.

    1. Lo curioso es que las alternativas que comentas no son precisamente nuevas, sino bastante antiguas. Ha sido la modernización lo que lo ha complicado y encarecido todo.

  9. Estoy en el proceso de comprar solo lo necesario, básicamente porque hemos tenido q dejar de trabajar uno para poder criar. Eso nos hizo reducir. Pero tb mudarnos y comprar vivienda. Cosa que en realidad ha sido más barato que el alquiler que pagabamos. Pero para todo lo que conlleva una vivienda y un hijo en edad escolar hace falta dinero eso no se puede negar. En este país para tener un piso lo que menos nos cuesta es la hipoteca así que dime el truco…

  10. Hola! Te escribo desde México. Aunque en casa no hemos podido llegar a tu nivel de austeridad(estamos trabajando en ello) siempre estoy buscando lo que necesitamos por segunda mano y en México tampoco es del todo bien visto. Buscamos ropa, libros, materiales para jugar y varias otras cosas. Y tienes mucha razón en cuanto a los NAS mi niño prefiere la ropa usada que la nueva.
    Bendiciones

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