Alta Sensibilidad·Altas Capacidades

Selectividad alimentaria NO es solo cosa de autismo

Llamamos selectividad alimentaria al rechazo a determinados alimentos sea por su olor, textura, sabor, color e incluso temperatura. A menudo la asociamos únicamente a la condición del espectro autista (CEA/TEA), pero lo cierto es que si eres madre de un niño altamente sensible, habrás tenido peleas similares durante años en tu mesa. Es más PUEDE QUE TÚ MISMA como niña, tuvieras un rechazo atroz a muchos alimentos y comieras pocas cosas o solo si estaban como necesitabas:

  • Que los alimentos no se toquen
  • Que no haya salsa encima de ellos
  • Que cada uno vaya en un plato
  • Que no se compartan cucharas para distintos sabores (o personas)

O puede que no pudieras comer cosas de determinado color (verde / negro sobre todo). Ciertamente en personas dentro del espectro autista o con doble excepcionalidad se ve de forma más agudizada y algunos solo pueden comer la comida muy caliente o muy fría. Pueden ser menos flexibles en la mesa y comer un registro muy escueto de comidas y sabores.

Pero también observamos esto en personas altamente sensibles y por ende en niños de altas capacidades intelectuales. Su sensorialidad también hace gala en la mesa y todo puede resultar más intenso para ellos. Aunque algunos son comedores excelentes, es frecuente que obtengamos más negativas que síes con ellos.

¿Por qué aparece esta selectividad alimentaria?

La neurosensibilidad supone reaccionar de forma más intensa a los estímulos y esto incluye los que integramos a través del gusto, el olfato y el tacto (texturas). Los niños sensibles son capaces de distinguir el cambio de marca de un producto alimenticio e incluso todos los ingredientes que componen una nueva receta.

Puede que detecten el pimiento aunque lo hayas triturado e incluso que sepan si algo es recalentado ¡Recuerda que son magníficos detectives! y detectan sutilezas que los demás no perciben.

Además, gestionan con dificultad los cambios y necesitan de una continuidad en sus rutinas. Esto no es un capricho: Si detecto demasiados estímulos, necesito que algunos sean más o menos constantes para no sobreexcitarme. La comida es uno de los instantes que pueden ofrecernos seguridad a las personas altamente sensibles y sensoriales. Sabes qué esperar y puedes relajarte y disfrutar. 

Así que no todos los niños disfrutan de probar cosas nuevas, sino muy al contrario, sienten ansiedad a la hora de probar nuevos alimentos y texturas.

NO ES UN CAPRICHO. Con los años, será capaz de añadir novedad a su vida pero por el momento, gestiona los estímulos con las escuetas herramientas de las que dispone. Tu hijo probará la verdura, el pescado, no temas.

¿Qué hago cuando no quiere probar nada?

Si tu hijo está sano, tiene energía y su estado anímico es bueno, empieza por desactivar tus alarmas. Algunas épocas son más tensas que otras y, especialmente ante los cambios, algunos niños necesitan reducir novedades y se agarran a sabores conocidos que les calmen y les proporcionen los nutrientes necesarios (los niños altamente dotados demandan más sodio, más azúcar y más potasio).

  • No conviertas la comida en una batalla. Tu responsabilidad es aportarle nutrición en cada plato (aunque no se lo coma todo, muéstrale lo que contiene un plato saludable) y acompañarle sin estrés en las comidas. Es preferible que no asocie comer a situaciones estresantes. Te hablé sobre ello aquí.
  • Si salís a comer fuera, no sumes más situaciones excitantes y facilita algo de la carta que ya conozca y acepte.
  • Asegúrate de que come de todos los nutrientes y si no es así, busca sustitutos aceptables. Las cremas de frutos secos (cacahuete, almendras, sin azúcares) son buenos aliados para asegurarnos la proteína sin conflictos y la fruta es una gran opción cuando las verduras están resistiéndose.
  • No pasa nada por repetir comidas. Prueba a pactar un menú semanal y deja que algunas comidas se repitan cada semana o varias veces por semana. Los libros de recetas nos hacen perder la perspectiva: tu casa no es un restaurante de múltiples opciones, piensa en cien años atrás e imagina qué se comía. Y cuántas veces se repetía…
  • No lo presiones. Piensa que necesita calma, continuidad. Coaccionando no vamos a conseguir nada.

¿Por qué observamos selectividad alimentaria en niños con altas capacidades y alta sensibilidad?

Las razones son variadas y, aunque la razón superlativa en la sensorialidad, se suman otras como la perspicacia para captar detalles (te vio sacar el alimento de una caja distinta a la de siempre), la buena memoria para recordar olores sabores o situaciones o incluso su perfeccionismo: igual no tolera una carne quemada o poco hecha, o un plato o vaso manchado.

También podemos observar selectividad alimentaria en niños doblemente excepcionales, es decir, que además de alta capacidad tengan tdah o estén dentro del espectro o, que tengan dificultades de integración sensorial. En este último caso, los problemas con la comida puede necesitar de terapia y ser más complejos.

Yo fui una niña con selectividad alimentaria

Hablé de mi caso de doble excepcionalidad aquí y en mi casa se ha vivido esto desde tiempo atrás. Aunque empecé comiendo muy bien y de todo (incluidas tierra y lombrices), lo que siguió fue difícil para mis padres.

No comía nada que fuese negro y casi me limitaba a comer patatas y jamón serrano. Comer fuera era una odisea y nunca jamás quería una salsa encima de nada. Si metías la cuchara en el yogur ya no podía comerlo porque ‘estaba marraneado’. Y aún hoy sigue siendo difícil.

Hoy no como nada de carne y he probado todas las verduras que existen (así que sí, al final probamos cosas), pero soy incapaz de comerme una tortilla fría o de comer alimentos con textura viscosa (calamares, caracoles… ), al punto de vomitar.

¿Y mis hijos?

Con uno de mis hijos fue especialmente difícil. Al cole tenía que mandar el pavo por un lado y el pan por otro. Si se tocaban, no lo podía comer porque el pan se humedecía. Tardó mucho tiempo en probar un bocata o dejar que el arroz se mezclara con el pollo ¡pero lo hizo! Todo llegó sin presionarlo. Poco a poco ha ido probando cosas nuevas pero ninguno de mis hijos va camino de chef intrépido…

Temporadas en que solo comían pan, bananas y teta. Temporadas en que todo iba con tomate.

Nunca hemos visto un capricho en esto. Su cara no era de reto, sino del disgusto más profundo.

 

¿Tienes en casa un ‘tiquismiquis’? Espero que este artículo te ayude a verlo con otros ojos. Piensa que gracias a aquellos que no se comen cualquier cosa… ¡¡las especies sobreviven!!

 

*Gracias por leer y compartir. En julio cerramos para descansar y terminar la mudanza. Si deseas reservar consultoría para la reapertura de agenda, puedes escribirme a info@mamavaliente.es

 

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2 comentarios sobre “Selectividad alimentaria NO es solo cosa de autismo

  1. Así estamos en casa… Mi hijo, va a cumplir 3 años, es muy selectivo. Siempre ha de ser algo que él pueda manipular con las manos, salvó crema de verduras y sopa, pero nada de guisos, nada de salsas, nada de pescado. En casa se eliminaron hace tiempo todos aquellos productos que no son sanos porque, mi marido y yo tenemos autocontrol, pero el pequeño no. Así que cuando no come, solo hay fruta disponible, cosa que por suerte come de muy buena gana. Espero que con el tiempo y el ejemplo vaya aceptando, pero como tú dices, es algo que le supera, alguna vez que ha probado algo nuevo y no era de su agrado, su expresión lo ha dicho todo… No forzamos y hemos aprendido a no desesperarnos, aunque confieso que nos ha costado. Él está feliz y nosotros de verlo.!

  2. Hola! Mi hijo no es tan extremo, sí come de manera especial muchas cosas, pero yo lo entiendo tanto que no ha sido un problema para mí. Yo sí fui un dolor de cabeza para mi mamá por esto de las comidas, yo detectaba el cambio de marca, o si le habían echado un aliño. No me gustan las salsas, ni cremas, ni aderezos. Sigo sin querer probar muchas cosas. Pero ya de adulta he integrado más alimentos y hay varias cosas que aunque no me gusten las como igual, sin ganas, pero las como. Pero otras cosas simplemente no las soporto, y me dan un asco atroz

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