Altas Capacidades

20 razones por las que las mujeres inteligentes se sienten idiotas

Las mujeres inteligentes rara vez tienen una concepción ajustada de su capacidad. Por diversos sesgos cognitivos y por una educación que en nuestra época penalizaba las respuestas inteligentes como ‘comportamientos de chico’.

Es frecuente que, en la edad adulta, estas mujeres inteligentes sientan que no destacan más que otros miembros de su familia o que sus hijos, que sí han sido detectados. Después de todo, no son directivas de ninguna empresa, no tienen premios destacados ni dobles titulaciones, doctorados o idiomas. En su vida diaria parecen sencillamente sobrevivir en el caos, les falta tiempo para todo y acaban el día agotadas y enfadadas.

Estas son 20 razones por las que las mujeres inteligentes pueden sentirse idiotas y, no obstante, tener una alta capacidad intelectual. Ten presente que una alta capacidad es un potencial que puede llegar a cristalizar si el entorno se presta a ello. No puedes cambiar la educación que recibiste, pero puedes tomar partido en el presente: No has perdido la oportunidad de nada.

*Esto no son indicadores de alta capacidad sino pensamientos manifiestos en mujeres altamente capaces que atribuyen sus éxitos a la suerte y sus fracasos a la ineptitud. Ojalá abran tu mente y la compasión que te tienes.

20 razones por las que las mujeres inteligentes se sienten idiotas

  1. Duras poco en los trabajos. Pese a lo que se suele creer, las personas dotadas a menudo cambian de trabajo por variables de insatisfacción, situaciones injustas que no pueden sostener, aburrimiento, falta de reto o incluso un entorno laboral poco estimulante. Tener el valor de abandonar un trabajo que no te hace brillar no es poca cosa. Y aún así, hay mujeres que brillan en su trabajo y lo abandonan: su visión de éxito no ha de ser la visión popular (el éxito concebido por el hombre).
  2. En tu familia todos parecen muy inteligentes. Algunas mujeres tienen un hermano mayor ‘Que sí que es muy inteligente’, me dicen. Abundan los casos en los que el detectado es el primogénito varón y a su hermana, con buena adaptación en el colegio y poco problemática, no le hicieron ninguna prueba de inteligencia. La inteligencia en las niñas puede quedar encubierta por una fuerte necesidad de pertenecer al grupo y no destacar.
  3. No tienes un gran puesto en tu empresa. Has tomado decisiones laborales que te han dejado en un puesto lejos de la dirección. Que no tengas ese puesto no significa que no puedas optar a él. Las oportunidades de la mujer y sus elecciones familiares pueden poner en jaque los ascensos y la movilidad. No se trata de tu capacidad. Se trata de tus elecciones.
  4. No trabajas bien bajo presión. Te ponen un tiempo límite y la ansiedad te come. Las personas dotadas son perfeccionistas y disfrutan de perderse en el detalle: sin el tiempo necesario pueden perder el interés o boicotear su trabajo. Pensar rápido no es lo mismo que ejecutar rápido. Y al mismo tiempo, muchas personas dotadas tienen una baja velocidad de procesamiento. Simplemente, tienen otros ritmos para funcionar a pleno rendimiento. Más rápido no siempre es mejor.
  5. Eres caótica y desordenada. En realidad, dirías que tienes el orden en tu caos. Tú sabes dónde queda todo, pero otra persona se perdería en tu escritorio. En momentos en los que te sientes regulada y te cuidas mucho, da gusto ver cómo lo tienes todo de ordenado, pero cuando te imbuyes en un proyecto… parece que entraron a robar a tu casa. Tu poder de concentración es grandioso: todo lo que queda fuera de tu interés son detalles (como regar esa planta que se te ha secado).
  6. Se te pasan los plazos, recuerdas cosas que no son importantes y olvidas las que sí deberías recordar. En la universidad tenía una amiga muy inteligente que llegó a primera hora con la mascarilla facial puesta. Se acordó de ponérsela antes de clase, pero no de quitársela. Simplemente cogió la mochila y se fue a clase. Tu memoria es muy buena, pero selectiva. Si no capta tu interés y no te parece significativo, lo sacarás de tu cabeza, de por sí repleta de información que captas sin darte cuenta por tu alto nivel de alerta. Estás diseñada para sobrevivir entre una marea de inputs. Además, algunas mujeres muy inteligentes tienen además otro diagnóstico como TDAH o TEA que les implica tener un pobre manejo del tiempo o una memoria muy dirigida.
  7. Cuando tienes que hablar en público te bloqueas. Crees que controlas un tema pero a la hora de exponerlo tu boca se convierte en un zapato. Tu velocidad mental puede estar muy por encima de tu capacidad verbal y expresiva (que se puede entrenar). A menudo muchas personas inteligentes se comen palabras cuando hablan o las mezclan y confunden. No es porque tu cerebro sea pobre, sino porque su riqueza abruma y tu lengua no puede seguirte el ritmo. El síndrome del impostor te puede dejar con las rodillas temblando ante un salón de actos repleto ¿Qué van a pensar? ¡No soy suficientemente inteligente o dinámica o divertida! Pero esto es solo un sesgo cognitivo, no es real.
  8. Te cuesta hacerte entender. Tienes un pensamiento divergente, no lineal, que conecta ideas de campos muy diversos para crear nuevos y originales resultados. Esto puede hacer que hagas referencia a recursos que los demás no conocen o entienden. Te dicen que eres rara, que no hay quien te entienda o que solo tiene sentido en tu cabeza. Cuidado con el gaslighting, pueden hacerte creer que tu visión es errónea por ser única. Es posible que a la hora de explicarte des muchos detalles y hagas que los demás desconecten e incluso que te saltes partes que los demás necesitan para comprender la historia completa.
  9. Metes la pata a menudo, te adelantas, interrumpes y dices cosas de las que te arrepientes. ¿Recuerdas lo que decíamos sobre velocidad mental? Puede venir acompañada de impulsividad si el tema nos apasiona (y hablas demasiado) o incluso de forma no intencionada (la impulsividad es un indicador propio del trastorno por déficit de atención). También puede ocurrir si hay una doble excepcionalidad con TEA y cuentas más de lo que tenías pensado contar en tu transparencia. Esta aparente torpeza social puede hacerte sentir realmente idiota y desprovista de defensas.
  10. No acabas lo que empiezas, tienes cursos, libros y proyectos a medias. Te pierde la curiosidad y el entusiasmo. Todo te apasiona. Cuando algo te gusta, te lanzas a por ello pero cuando lo dominas, te aburres y puede que no lo concluyas: lo interesante para ti fue el proceso o el descubrimiento en sí, no tanto hacer algo con aquello que conociste. Además, una idea trae otras muchas y tu cabeza parece un armario con muchas puertas abiertas.
  11. Te cuesta mucho tomar decisiones sencillas. Elegir unas cortinas en un juego de la tableta, un sabor de helado en la cafetería o una margarina en el supermercado ¿Por qué me atasco con esto? ¡Debo ser idiota! Realmente tienes un cerebro que capta más información y es capaz de relacionarla y crear predicciones con lo que, a mayor cantidad de datos, mayor cantidad de variables y más difícil es elegir. Tu capacidad para captar sutilezas te hace ver que no es lo mismo elegir gris ceniza que gris marengo.
  12. Te bloqueas emocionalmente a menudo. ¿Dónde queda mi inteligencia emocional? Una persona de alta capacidad intelectual suele tener una destacada asincronía o desigualdad entre las áreas de su inteligencia. Puedes ser una experta en las matemáticas y tener una disincronía emocional. A la vez, procesas todo con gran profundidad y las heridas en tus relaciones te causan grave impacto. Tienes la fuerza para salir, pero tu profundidad emocional puede llevarte muy abajo y nublar el resto de decisiones. Todo para ti es más intenso.
  13. Tienes la sensación de que no sabes nada, incluso de tu campo. Volvemos al síndrome del impostor. Y sumamos ese hambre por conocer: tu necesidad de saber más te va abriendo puertas e hilos de los que tirar. Cuanto más buscas, más información y puertas encuentras. ¡El conocimiento es infinito! Y más te desesperas porque te faltan horas en el día para estudiar sobre todo lo que te gustaría. ¿Te das cuenta de que esta forma de ver la realidad es justo lo contrario a ser idiota?
  14. Cuando te comparas con los demás, sientes que sales perdiendo. De hecho haces comparaciones muy injustas con personas que han alcanzado lo que deseas en más tiempo y con otras circunstancias que no son la tuya. Igual tienes tres hijos y 35 años y te estás comparando con un profesor emérito sin familia que lleva 50 años involucrado en tu pasión. Es injusto del todo. Y es insano. Mide tus logros junto a tus circunstancias.
  15. Te ha costado mucho estudiar de mayor. De pequeña no tenías ni que estudiar para aprobar pero cuando has retomado los estudios o has querido ampliar tu currículo te sientes una inepta ¿Qué ha pasado? Ten presente que el rendimiento de las personas capaces debe ir unido a la motivación. De lo contrario, el desinterés puede hacer que se te haga muy cuesta arriba. Por otro lado, tu capacidad cognitiva te hizo aprobar sin gran esfuerzo con lo que no llegaste a desarrollar técnicas de estudio y métodos que tus compañeros sí que tuvieron que indagar. Aunque parezca mentira, tu inteligencia te dejó en desventaja para estudiar.
  16. Te distraes con una mosca. Captas más estímulos que tu entorno y las luces, ruidos o texturas, pueden sacarte de tu concentración. Es posible que para concentrarte tengas que estar tocando algo o haciendo algo poco sesudo como escuchar música, dibujar o mover un llavero. Al igual que los recibe, también puede ocurrir que tu mente demande estímulo constante y puedas aburrirte con facilidad. A menudo coloreo por puntos para poder escuchar una conferencia de una hora ¿te suena?
  17. Tu vida emocional es un desastre. Tienes pocos amigos, discutes con tu pareja, pierdes los nervios con tus hijos… Regularse no es fácil con una cabeza tan desajustada al entorno y a la cantidad de estímulos recibidos. Rodéate de gente que pueda aceptarte en tu intensidad o que al menos comprenda cómo funcionas. Vas a apreciar entornos selectivos, amistades significativas y descanso mental ante tanto ‘ruido mental’. La inteligencia emocional se puede trabajar: las personas de alta capacidad se distinguen por una alta empatía pero percibir las emociones de los demás no nos asegura que reaccionemos bien a ellas. Todo es mejorable.
  18. Todo te da pereza. Si eres una mujer de doble excepcionalidad puedes sentirte cansada a menudo, es cierto, pero simplemente con una alta capacidad, puedes parecer desmotivada y dejas ver que dejas las cosas para otro día. A veces es justamente tu perfeccionismo el que te retiene para hacer las cosas y otras, necesitas un proyecto que verdaderamente te rete y estimule para volcar toda tu energía. De lo contrario, la reservas. Cosa que me parece muy inteligente.
  19. Destacas en alguna cosa pero en el resto eres un desastre. ¿De verdad creías que las personas inteligentes lo son en todas las áreas? Afortunadamente no. Todos tenemos flaquezas donde nos da la risa y espacios de destello. Puede que tu talento esté concentrado en una sola parcela. Disfrútalo, trabájalo y aprecia que los demás tengan los suyos.
  20. Me hicieron las pruebas de inteligencia y no obtuve un gran resultado. Dejo esta para la última porque puede ser la confirmación más dura. Lo sospechaban en tu familia y aún así… déjame decirte que las pruebas de inteligencia, aunque tienen un alto índice de acierto, también son falibles. Las dobles excepcionalidades o una baja puntuación en la memoria de trabajo o la velocidad de procesamiento pueden hacer caer la puntuación en la escala de CI. La valoración debe hacerla un profesional en el campo y no debe rendirse a un solo test. Los factores ambientales y emocionales pueden afectar a tus resultados. Incluso, aunque no lo creas, una inteligencia muy superior y divergente puede ser penalizada en pruebas estandarizadas.

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