La conciliación familiar en las residencias de artista españolas

Conciliación familiar en las residencias de artista españolas.

Bea Sánchez

 

Hace unos años, en 2015, el periódico El País destacaba en su suplemento de moda cuáles eran las residencias de moda para los artistas. Verdaderamente, la estancia en una residencia se ha convertido en una tendencia cada vez más solicitada en el currículo del creativo. Algunos emplazamientos son auténticas joyas visuales: edificios históricos, conventos aislados en zonas rurales o masías rústicas. Dichas residencias acogen a los artistas en periodos de tiempo variables que pasan desde unos días hasta semanas, meses o un año entero. Durante ese ínterin, los usuarios desarrollan un proyecto que puede o no haber sido financiado parcial o totalmente y se dedican en exclusiva a trabajar en su idea. A estas residencias se le presume una suerte de aislamiento del ritmo diario, o al menos un enclave de concentración para poder alcanzar la mejor versión de uno mismo.

 

Sin embargo ¿son las residencias un espacio abierto a la familia? ¿Cómo podemos conciliar un retiro con los hijos? ¿Un espacio de silencio con bebés? Todos coinciden en la ubicuidad del arte y en la posibilidad de producirlo independientemente de las condiciones de vida (véanse los artistas resilientes), no obstante ciertas demandas laborales en la carrera del artista no parecen casar con la individualidad de la familia y la logística que la crianza y la maternidad conllevan.

 

En 2015 recibí la Beca Daniel Vázquez Díaz de la Diputación de Huelva en unas circunstancias totalmente inesperadas para mí. Cuando inscribí mi proyecto desconocía que estaba en mi segundo embarazo y cuando recibí el premio, desconocía que tenía un embarazo múltiple. Con tres bebés en casa, el ritmo laboral de la carrera artística no tenía pensado frenar para mí. A mi alrededor escuchaba la constante presión autoimpuesta de ser aceptados en residencias y enarbolar complejos proyectos. Yo misma, dejándome llevar por este flujo, mandé mi propuesta a residencias que coincidían con mi fecha de parto. Afortunadamente, declinaron mi proyecto. En cualquier caso, esta situación me llevó a cuestionarme el hueco que una familia numerosa implicada en la creación tiene en este tipo de apuestas profesionales y es así como nace esta investigación de las residencias de artista españolas.

 

Esta posición vital de madre y artista me llevó a contactar con otras creativas en idéntica situación, a conversar con ellas sobre la difícil tarea de la conciliación en un mundo de prevalencia masculina y a buscar remedios y soluciones para mantener la igualdad de oportunidades. A menudo me preguntan si he notado un trato diferente en el mundo del arte por ser mujer. Mi respuesta siempre es no. Sin embargo, sí que he notado diferencias al ser madre, un peldaño añadido en el camino al éxito profesional. Tengo muy presente una frase de Jane Sommer (Smith College) donde comparaba la decisión de un hombre a trabajar en su carrera como una escalera de mano, mientras que para las mujeres es una escalera de caracol: matrimonio, familia, trabajo y comunidad implican una ardua tarea a menudo desoída por aquellos implicados en el arte que demandan el mismo nivel de producción y disponibilidad a un hombre soltero que a una mujer con familia numerosa. No solo es imposible, sino que además es innecesario.

 

La mujer, los hijos, la carrera.

 

Establecer un modelo de desarrollo profesional para una madre en el círculo de las residencias artísticas, no parece pasar tanto por conseguir quien cuide a sus hijos a tiempo completo (o por ofrecer servicio de guardería), sino por tener un sistema inclusivo donde sus hijos puedan formar parte del proyecto artístico y la convivencia en la residencia. Danielle Crittenden aseguraba que aunque el Departamento de Salud y Servicios Humanos ofreciera un sistema de guarderías encabezado por Mary Poppins, el problema para las madres trabajadoras no desaparecería puesto que una madre es conocedora de que lo que su hijo realmente necesita es a ella misma (Crittenden, 2000: 132). Luego, para una mujer que decide hacer familia y que no desea perder el compromiso con su carrera profesional, deshacerse de sus hijos por unos meses no consta como solución real para el problema de la conciliación.

 

En este punto resulta inestimable el papel del padre: si bien el caso de Carolina Bescansa en que llevó a su bebé al Congreso generó tanta polémica como aplausos, la verdadera muestra conciliatoria y de equidad hubiera sido ver a un representante masculino con su bebé, porque sí, los hombres también son padres. Y trabajan. Esta investigación pone su énfasis en el caso de la mujer porque es la que más complicaciones encuentra para desligarse de su familia, sobre todo en periodos de lactancia materna exclusiva, donde una residencia sin hijos no ha lugar.

 

«Es discordantemente sexista decir que las mujeres son «mejores» en el cuidado de los infantes, o más adecuadas para él, que los hombres.» (Ídem: 132)

 

No obstante y de forma generalizada es la mujer la que ejerce renuncia a su puesto de trabajo para emprender la crianza, aunque este trabajo se disponga en un estudio de artista en el propio hogar, sin la estructura temporal propia de un trabajo arquetípico en oficina. Algunas residencias no contemplan remuneración, por lo que trasladar una familia entera forzando a que el cónyuge pida una excedencia en su puesto, no parece una solución sostenible dado que desaparecen las fuentes de sustento.

 

Bajo otro prisma está la posibilidad de invertir la remuneración de la beca residencial en contratar atención vicaria para que una persona cuide de nuestros hijos durante los tiempos de creación. Esto no es una solución real. En primer lugar por el sentimiento de desapego forzado entre una madre y el niño y en segundo lugar por lo infructuoso del asunto a nivel de economía: convertir una ganancia monetaria en una pérdida emocional no compensa y así lo demostró el estudio de Cardozo sobre la secuenciación o diferenciación de tiempos de crianza y trabajo a tiempo completo[1]: creía que al entrevistar a las mujeres que dejaron su trabajo para hacer crianza encontraría mujeres furiosas añorando su puesto y frustradas por no haber conseguido la compatibilización. Por el contrario encontró el enojo en aquellas madres que se había perdido la primera etapa de sus hijos por la decisión de dar prioridad a su puesto (Cardozo, 1996: 55). Con respecto al cuidado de los hijos por terceras personas y su conceptuación machista de las tareas de mujer, Bettie Friedan ya advirtió en el famoso título La mística de la feminidad que los supermercados tenían (y tienen) guardería mientras no la tienen las escuelas, las universidades, los laboratorios o las oficinas del Estado (Friedan, 1974: 444). Poco ha cambiado desde entonces y el modelo de ‘madre ausente’ continúa sin ser el ideal de vida para las familias contemporáneas sanas. Sobre decir que para algunas familias, los costes mensuales de guardería sobrepasan los gastos de alquiler o hipoteca (Valenti, 2004: 82). La reforma del IRPF a través de la Ley 46/2002 trajo el subsidio de 100 euros al mes para las madres trabajadoras por hijo menor de tres años (Bustelo, 2007: 43). Para ello las madres trabajadoras debían estar registradas en la Seguridad Social al menos 15 días al mes, por lo que en nuestro caso, se exigiría estar dada de alta como autónomo y asumir que la guardería supone una media de entre 200 y 300 euros por niño y mes. En los textos por la igualdad y la Ley de la Conciliación (donde apenas aparecen los hombres), se da a entender que «si no hay hijos/as de por medio, no hay nada que conciliar, y si las madres no trabajan fuera de casa, tampoco» (Ídem: 48). ¿Cómo asumir esto desde la perspectiva de la mujer artista, autónoma y con el estudio probablemente en casa? En cualquier caso, esta ley ha seguido perpetuando el estereotipo de género al conceder una ayuda a la madre y no al padre, entendiendo que es ella quien carga con el cuidado de los niños y sobre quien recae el verdadero peso de la conciliación.

 

¿Qué dicen los políticos respecto al tema? En el Debate parlamentario del 13 de mayo de 2003, Navarro Garzón, representante del PSOE decía: «Es imprescindible que cuando una mujer quiera trabajar cuente y tenga la posibilidad de tener una guardería, una escuela infantil donde poder dejar a su hijo» (Ídem: 55), pero lo cierto es que la disponibilidad lleva meses desde su inscripción y un tedioso sistema de puntos. En la situación de localizar una guardería en el lugar donde se conceda la residencia de artista llevaría a acceder a guarderías privadas con matrícula abierta todo el año y de mayor precio. El programa electoral del Partido Popular en 2004, en su apartado ‘La familia protagonista’, decía: «Nadie tiene que verse obligado a elegir entre tener un trabajo y ocuparse de la familia» (Ídem: 49).

 

«Es positivo que las mujeres sean reconocidas por las muchas capacidades que poseen aparte de la maternidad; pero es un hecho indiscutible que la mayoría de las mujeres no encuentran la felicidad ejerciendo su profesión a expensas de la maternidad» (Venker, 2007: 176).

 

En un artículo para la revista Redbook en junio de 1960, Betty Ann Countrywoman escribió un artículo sobre la crianza a pecho donde aseguraba que: «La maternidad es una forma de vida. Permite a la mujer expresar totalmente su personalidad por medio de delicados sentimientos, actitudes protectoras y ese amor solícito de la mujer maternal» (Cardozo, 1996: 89). Siendo esta un estado de expresión vital ¿cómo no darle cabida en la expresión artística, súmmum de la emoción y la sensibilidad? Permitir que el público amante del arte solo reciba el mensaje de una parte de la población, ya no solo masculina, sino sin hijos (es interesante pero aún no existe una palabra para recoger el concepto de persona sin hijos), es una práctica sectorial que nos priva de riqueza.

 

Existe a día de hoy una regresión hacia una crianza natural, sin embargo no está exenta de desnaturalización puesto que, alabando las conexiones humanas, estamos a la par inmersos en una sociedad individualista donde la tribu ha desaparecido por completo. Bajo este modelo social de vidas segmentadas en bloques de pisos a puerta cerrada, pretendemos hacer crianza biológica: queremos criar sin red. Y esto es infructuoso a nivel relacional y a nivel laboral. Es necesario que el apoyo a la maternidad provenga no solo de nuestro círculo más íntimo sino de todo nuestro contexto, abarcando cómo no los espacios de trabajo, en este caso las residencias de artista. Si la maternidad es una fuente de expresión como otra cualquiera, merece ser atendida y aprovechada desde contextos de creación compartidos, donde los hijos no se conceptúen como incordio, sino como bien común. Una residencia con acogida familiar puede convertirse en una ganancia para todos amén de una ganancia para el niño que vivencia esta experiencia única y que formará la mente de este futuro hombre creativo.

 

Las residencias en España

 

«Quienes tuvieron hijos pronto se dieron cuenta de que intentar competir en una carrera diseñada por gente sin ataduras era como correr la maratón con una pesa de cinco kilos en cada pierna» Ann Crittenden.

 

Para la presente investigación, entramos en contacto con 86 residencias del panorama artístico español (residencias de artes plásticas, escultura, laboratorios de arte e incluso de teatro). De estas 86:

  • colaboraron activamente con nosotros 55 proyectos.
  • De dichas residencias 39 han sido específicas con sus regímenes de acogida.
  • De entre ellas, resultaron tener acogida familiar en su programa 23. De estas, algunas no habían experimentado la convivencia con niños, no obstante estaban abiertos o pensaban incluirlo en la próxima convocatoria.
  • 7 residencias nos respondieron que tenían una acogida circunstancial, dependiendo del caso.
  • 9 confirmaron que no acogen familias bajo ninguna circunstancia.

 

Esto es, casi el 59% de los encuestados, contaban con la acogida familiar como algo lógico, un 23% no lo veía factible en su residencia y un 18% fluctuaba según la circunstancia del grupo de residentes o el caso específico de artista o el año de la convocatoria. Los resultados nos parecieron sorprendentes porque, más de la mitad de las residencias consultadas aseguraban tener acogida familiar, más de lo que preveíamos y, sin embargo, pocas de ellas habían experimentado la experiencia. Cuando esto ocurría, nos hablaron de 1 o dos niños. ¿Es el hecho de que acepten familias suficiente para convocarlas?

Obtuvimos dicha información a través de llamadas telefónicas, correos electrónicos o entrevistas a través de redes sociales con los encargados de los programas de residencias pertinentes. Se desarrollaron tres modelos de entrevista distintos: uno específico para aquellos que en sus bases contemplan la acogida familiar, otro para aquellos que no la contemplan y otro para aquellos que no lo dejan claro en sus bases, tras lo cual y dependiendo de la respuesta, enviábamos el primer o segundo formulario ya referido.

Sobra decir que aquellas residencias que sí ofertan acogida familiar han sido las más participativas con el proyecto de investigación, amén de mostrar gran entusiasmo por que este tipo de difusión exista en el mundo del arte.

¿Por qué acoger artistas con familia?

Una vez distinguidas aquellas residencias que sí acogían artistas de aquellas que no lo contemplaban en sus bases, a las primeras se les preguntó el por qué de tomar esta iniciativa. Nos encontramos con dos tipo de respuesta preponderantes: aquellos que lo veían como algo lógico y connatural y aquellos que lo hacían con conocimiento de causa por ser ellos mismos familia. Las respuestas abogaron por favorecer los tiempos de lactancia y primeros años del bebé especialmente con la madre (CACIS). Para un último grupo, la distinción entre familias o artista solo es indiferente dado que los gastos y el espacio son los mismos con independencia de aquellos que «considere familia». Aquellos creadores de residencias con hijos, eran vivamente conscientes de la dificultad de la conciliación familiar y trabajo, de ahí que decidieran abrir su proyecto a familias, entendiendo que la paternidad no es un factor limitante para la creación o el trabajo. Este tipo de residencias coincidían en llamar ilógica e incomprensible a la separación de padres e hijos con el motivo de la creación, dado que además se generaba un ambiente enriquecedor para el propio niño. Algunos nombraron la necesidad de comodidad para el artista, lo cual pasaba por estar acompañado por los suyos pero sobre todo les unía el deseo de no discriminar a los creadores con niños:

 

«Las familias y los niños deben tener un espacio en el mundo de la creación. La vida son los niños también, y los artistas trabajan con la vida. En la medida de lo posible, no queremos discriminar a los padres» (Jiwar Creació y Societat).

 

No para todos existen un orden conciliatorio y de crianza. En algunos casos de residencias abiertas a familias se trata sencillamente de apertura de espacios sin restricciones, metiendo en el mismo saco a los amigos, la pareja, los niños o los perros…

Sin embargo, destacamos ejemplos loables donde existe un expreso deseo de no romper los lazos familiares durante la duración de la residencia. Es el caso de Addaya Centre d’Art Contemporani, donde defienden la importancia de la relación humana al mismo nivel que la parte creativa:

«que un artista pueda venir en familia, también nos da la oportunidad de conocerlos mejor. […] conozco a muchos artistas que no son padres o madres, que tienen problemas de pareja por negarse a tener hijos para no complicar más su carrera y conozco sobre todo mujeres artistas que se han visto desplazadas de posicionamientos de reconocimiento en el circuito a posiciones casi en el olvido por la dedicación al hijo».

¿Cómo son estas familias residentes?

Pese a tener en España un buen número de residencias con acogida familiar, son muy pocos aquellos que emprenden este proyecto. Por lo general, las residencias tienen la experiencia de haber acogido entre uno y tres casos con familia (La Nave del Duende nos habla de un 3% del total). Muchas no han tenido nunca la ocasión de experimentar esta casuística como en el caso de Blueproyect, donde la posibilidad de asistir con su familia nunca ha sido planteada por sus artistas residentes de entre los más de 1000 participantes. Zawplab nos habla de la autolimitación: «Al final la presión social les frena a la hora de aplicar a residencias. Más en el caso de las mujeres. Los cuidados siguen sin ser compartidos en muchas ocasiones, incluso en nuestro marco supuestamente abierto». Nau Coclea y Laboral Centro de Arte tienen mayor experiencia con un margen de entre 8 y 10 casos de familias acogidas (en el caso primero, tras 16 años de rodaje).

«La mayor parte de las becas y convocatorias van destinadas a franjas de edad en las que no tiene conformado una unidad familiar y donde la baja y tardía natalidad influyen». (Laboral Centro de Arte)

Ante la pregunta de si preponderaban mujeres artistas u hombres (padres o madres) en la aplicación a las residencias, nos encontramos con una esperanzadora igualdad, donde además solían asistir ambos cónyuges, si bien la madre era frecuentemente la encargada del cuidado de los niños.

En cuanto al número de niños asistentes, cada una de las familias participantes solían acudir con un solo hijo y tan solo en casos excepcionales encontramos el caso de familia numerosa (Nau Coclea) y eventualmente dos hijos no bebés. En ningún caso se ha concitado el caso de asistir con más de un bebé (o bebés múltiples).

El dato curioso a esta investigación y que debiera hacernos pensar es la procedencia de estas familias pues, tratándose de residencias nacionales, las familias que deciden acogerse a este régimen son internacionales: Ucrania, Checoslovaquia, Israel, Holanda, Estados Unidos, Suecia, Reino Unido, Alemania u otros países europeos, siendo la excepción las familias españolas (Madrid o Barcelona principalmente).

¿Cómo se organiza una residencia con niños?

Por norma general, las residencias con acogida familiar ofrecen alojamiento y espacio de trabajo, siendo la manutención variable según las peculiaridades de la residencia. La falta de financiación no favorece que este tipo de proyectos puedan ofrecer más recursos a la familia.

En las entrevistas nos encontramos con curiosas formas de trabajo para conciliar familia y creación. La residencia AADK Spain, nos cuenta cómo aprovechaban las siestas de tres horas del niño para hacer reuniones dando lugar a que la madre formara parte del equipo: «El niño ha formado parte de experiencias performativas y ha establecido su propia relación con el resto de residentes durante este año». Las residencias con acogida familiar entienden la particularidad y la necesidad de personalización de cada caso por lo que convienen en solventar la logística en espacios y tiempos de la manera más sencilla para todos. Algunos como La Caja Blanca disponen calendarios y alojamiento aptos para la inclusión de los niños. En cuanto a la convivencia con el resto de residentes, Cal Gras nos mostraba un modelo en el que intentaban alojar a la familia en una habitación más aislada, garantizando por un lado el descanso familiar así como el de los demás artistas residentes: «Si lo desean buscamos una persona que se encargue del cuidado de los hijos durante unas horas, con el fin de que los padres puedan concentrarse en su trabajo». De hecho nos cuentan el caso específico de una mamá alemana de ritmo frenético que aprovechó este cuidado del niño durante unas horas a la mañana para trabajar, así como en las horas en que el niño dormía: «En horas intermedias aprovechaba para hacer turismo por la zona». Esta misma residencia nos plantea otro caso donde asistieron ambos padres y se turnaron a la hora de trabajar además de ratos de trabajo conjunto con el niño: «Mientras se trata de bebés resulta más fácil la combinación, pero creo que la edad más difícil está entre que empiezan a andar y los 5 años, cuando reclaman atención y necesitan movimiento».

El Centre d’Art i Natura de Farrera aloja también a los niños en un apartamento no compartido, el ‘Estudi’ para que los posibles llantos nocturnos o los ruidos del día no afecten al trabajo de los demás residentes: «Aunque intentamos evitar los críos en los espacios de trabajo o de residencia compartidos, a la hora de la cena todos […] compartimos mesa, comedor y convivencia. Hasta ahora, después de 20 años de servicio y unas 3000 estancias, solo hemos tenido algún grave problema de convivencia con tres adultos, nunca con hijos/as de artistas».

En cuanto a la pregunta que hicimos sobre el cumplimiento de requisitos y plazas de creación así como de posibles abandonos antes de la finalización de la residencia, nos encontramos con una mayoría de síes en tanto a que todos los artistas con familia terminaron su residencia completa cumpliendo con los plazos estipulados. La Fragua señalaba los ritmos creativos de los padres como menos ambiciosos y Zawplab nombraba algún problema con los plazos. Addaya y Nau Coclea entienden la creación como un proceso sin pauta donde ellos solo exigen compromiso, no resultados. Han observado cambio de planes en los proyectos, de la misma manera que se dan en los proyectos de artistas sin hijos, por lo que no podemos señalarlo como algo significativo.

La familia en una residencia ¿beneficia o perjudica?

En este punto, y hablando siempre de residencias que han experimentado la vivencia con niños, todos los casos coinciden en resaltar los beneficios de la acogida familiar. Algunos como AADK Spain se plantean un proyecto de guardería colectiva para que los padres puedan seguir formando parte de las actividades de la residencia. Algunos de los beneficios de asistir con la familia que nos han referido son:

  • Estabilidad emocional.
  • Orden y eficiencia.
  • Integración.
  • Normalización y realidad.
  • Cambio de dinámica.
  • Conciliación.

Con respecto a esta última, Zawplab hacía una observación muy honesta:

«Favoreces la conciliación pero definitivamente el o la artista está a dos cosas a la vez porque lo que ofrecemos los que acogemos familias en realidad es como una especie de ‘permito que estés aquí con tus hijos’ pero no es ‘elaboro un plan paralelo a tu residencia para que tus hijos estén atendidos en todo momento y tú puedas dedicarte a crear’. En nuestro caso hemos tenido suerte porque los niños se han integrado y somos como una familia con muchos tíos y tías».

Nau Coclea nos escribía diciendo que los niños potencian la creación: «Cuando la pareja del artista no tiene relación directa con el trabajo de creación de su pareja, a menudo los niños aportan a la integración del artista con la gente del pueblo y las familias del entorno (veraneantes, otros artistas, etc…)».

En cuanto a los perjuicios, La Alhoóndiga nos planteaba no obstante la necesidad intrínseca de cuidado de los infantes como un hándicap que, frecuentemente acababa al cargo de la madre con su consiguiente repercusión negativa en el entorno de conversación, intercambio y colaboración. De ahí que tomaran la decisión de invitar a familias tan solo si estas ocupaban el espacio completo o si se trataba de un colectivo con hijos. Idéntica decisión tomó Jiwar a raíz del nivel de ruidos y dinámicas horarias, trasladando a los artistas en familia al ático de la finca: «Los residentes forman parte del programa de residencia pero viven en familia dos pisos más arriba». La Fragua situaba la idoneidad o no de asistir con hijos en las peculiaridades de cada familia, pues existían casos de familias con buen ritmo capaces de conciliar ocio y trabajo y otras donde los padres acusaban verdadera desesperación por no tener el tiempo necesario para desarrollar sus proyectos.

Pese al hándicap de ruidos y horarios, dichas residencias consideran en positivo la asistencia a la estancia con sus hijos:

«No consideramos que en el hecho creativo aporte ninguna ventaja estar separado de la familia. Allá cada cual si así lo decide» (Sierra Centro de Arte)

De hecho, ante la pregunta de si desean mantener abierto este régimen de acogida familiar, salvo un caso que lo prevé difícil por la ausencia de subvenciones, el resto de respuestas fueron ‘sí’, ‘claro’, ‘por supuesto’ y ‘sin duda’, lo que nos da una idea del balance de pros y contras del caso.

¿Existen diferencias en la creación?

Le preguntamos a las residencias si percibían alguna diferencia de producción y creatividad entre los artistas padres y aquellos sin hijos al cargo. En este punto surgió la problemática del tiempo y la sensación de que una residencia se aprovecha más plenamente sin niños (e incluso sin pareja) en tanto a la concentración. Ninguna pasó por alto que el cuidado de un niño requiere tiempo y dedicación, lo cual repercutía en las actividades cotidianas. Sin embargo, la adaptabilidad dependía evidentemente de las características del niño así como de sus padres. Ante la evidencia de tener menos tiempo que un artista sin hijos, Curatoria AIR puntualizaba que eso no significa producir menos o de peor calidad. Addaya nos hablaba del control horario: un artista solo trabaja hasta altas horas y al gusto. Cuando hay un hijo y una pareja, los horarios forman parte de un acuerdo. Sin embargo, aseguraba que la creatividad no se ve afectada.

Otros como Zawplap no perciben diferencia alguna entre creativo con hijo o sin hijo, señalando que seguramente el primero se exija más que el segundo.

Sin embargo siempre existen las particularidades como el caso que nos abrió la entrevista con Nau Coclea y que abajo remito:

«Como excepción, los niños de padres que se han separado recientemente tienen comportamientos más complicados y su madre o padre también y en este sentido sí que baja por lo menos el bienestar tanto del artista como de su o sus hijos. Es un caso excepcional pero no rarísimo, ya que a menudo ha ocurrido que los artistas buscan residencias para ir con los hijos si se acaban de separar y es época de vacaciones escolares. La situación obliga al o a la artista a improvisar y a mezclar a su o sus hijos en las actividades artísticas de una manera poco espontánea que en general complica tanto el bienestar del hijo/a como la creatividad de su padre/madre. Pero el problema viene de la precipitación del momento, y de utilizar la residencia como un refugio frente a la inminencia de la separación. No hay verdadero proyecto artístico para la residencia y por eso no van bien las cosas.»

Las razones para no acoger familias

La compleja logística familiar hace que residencias como Andratx, la contemplen como una circunstancia especial junto a la de artistas discapacitados. Realmente la familia en el mundo del arte es una excepción. Una isla que por momentos genera inspiración y por otros molestia. En algunos casos como en CACIS se ha optado por aceptar como máximo a un niño para, según nos cuentan, «no caer en el llamado ‘turismo rural/cultural’» y otras, directamente han decidido no ofrecer la acogida familiar como una opción. ¿Qué razones nos dieron dichas residencias?

  • Falta de espacio e infraestructuras adecuadas: Ciertos espacios como Pinea Línea de Costa facilitan, por lo limitado del espacio, una cama individual, con lo que no es tan cierto que no deseen acoger familias sino que el espacio no favorece dicha disposición. Villarcangel alega que a los artistas les gusta el silencio y que en la residencia poseen ciertas antigüedades que podrían correr peligro con los niños. Algunos con espacios comunitarios consideran un ‘impedimento’ para los creativos la asistencia de una familia con hijos. Incluso tachan de ‘imposible’ cumplir la finalidad de la residencia.
  • Falta de subvenciones: muchas residencias son proyectos autofinanciados o con subvenciones temporales de instituciones, con lo que alegan que económicamente no pueden hacer frente a la manutención de un grupo familiar. Para Hablarenarte supone duplicar costes contando con escasos recursos.
  • Incompatibilidad generacional: Estudio Nómada nos decía que la edad media de sus residentes está por debajo de los 35 años y que por ende no se trataría de una ambiente agradable para niños.
  • Incompatibilidad de ritmos y ruido: algunas residencias como la de Sa Toronja comprenden varias disciplinas artísticas y entienden incompatibles la labor de por ejemplo un escritor, que precisa de muchas horas al día de tranquilidad, con la coexistencia de un niño pequeño.
  • Deseo de dedicación expresa al proyecto: Algunas como la residencia de la Fundación Antonio Gala conforman tiempos de estancia largos en los que exigen dedicación exclusiva sin compatibilizar «su proyecto creativo con estudios y obligaciones laborales o familiares»
  • Tiempos prolongados: Bilbao Arte nos dice: «Nunca se ha dado la problemática de que una persona becada tenga que trasladarse con su familia. Si se trata de bebés, el tema de los traslados y búsqueda de guarderías resulta muy complicado, si son niños y niñas de edad escolar, al trabajar con años naturales, de enero a diciembre, los procesos de integración escolar hacen inviable esta beca».
  • Falta de demanda: cuando las residencias se dirigen a un perfil de artista joven, no suelen existir casos de necesidad en tanto a conciliación familiar. Ocurre así en Bilbao Arte, donde al estar dirigida la convocatoria a artistas emergentes, la mayoría de los artistas son personas solteras.

No obstante todo lo anterior, les planteamos si existía la posibilidad de abrir su convocatoria a familias en un futuro. Encontramos quienes como TPK, Fundación Gala o la Residencia taller de Grabado electrolítico, nos dieron un rotundo no y quienes ponían su respuesta a disposición de las circunstancias: que existiera una demanda real y una ayuda de fondos públicos (Caracolores House) o que se ampliara la residencia a nivel espacial y presupuestario (Experimentem amb l’art)

Otros como Tabakalera se mostraron convencidos a incluirlo en la siguiente edición.

Conclusiones

La investigación resultó sorprendente en muchos aspectos y respuestas atípicas, así como fueron de gran interés algunas de las medidas tomadas por ciertas residencias para que la conciliación fuera posible. Los encargados de los proyectos fueron muy amables y colaborativos con la propuesta y dieron a la conciliación familiar un alto grado de importancia, pese a que no pudieran contemplarlo en sus programas por diversas razones. El resultado está lleno de anécdotas curiosas y esperamos que resulte un referente de estudio e incite a investigaciones posteriores como la conciliación familiar en residencias de artista en el extranjero. Particularmente, se abre una veta de estudio al conocer que son muy pocas las familias de artista españolas que se acogen al régimen de acogida familiar y que estos espacios están siendo utilizados por artistas internacionales.

Que encuestáramos a las residencias, planteó el problema de la maternidad y paternidad de los artistas en aquellos proyectos que aún no lo habían contemplado y puso sobre la mesa un futuro interesante, haciendo que muchas de las que no la ofrecían, comenzaran a plantearse la acogida familiar dependiendo de las circunstancias.

Pese a que esperábamos encontrar un panorama desolador donde las familias no fueran una opción, tuvimos la grata sorpresa de descubrir que no hay tanto un rechazo sino una falta de demanda por los propios convocados. Aún existiendo limitaciones de fondos y de espacio, son bastantes las residencias que deciden apostar por la creatividad en familia, haciendo esfuerzos de conciliación como cuidado externo, adaptación de horarios y distribución de alojamientos. Casualmente la gran parte de residencias con acogida familiar, son también familias, lo que les hace empatizar con los artistas en etapa de crianza y comprender que la maternidad no es un aspecto limitante de la producción artística . No haberlo experimentado o suponer que los artistas emergentes son demasiado jóvenes para tener hijos de acuerdo a la demografía fueron las razones de peso para aquellas residencias que no lo contemplan ni tienen intención de hacerlo. En nuestras manos está hacer difusión y trabajo por normalizar la familia en el ámbito laborar del arte contemporáneo, exponiendo los beneficios que de estas entrevistas se demuestran.

 

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[1] Cardozo divide la secuenciación en tres fases: la primera es una fase de carrera profesional a tiempo completo. La segunda es una maternidad a tiempo completo y la tercera es la reincorporación al trabajo en una nueva disposición de manera que familia y profesión se complementen más que entrar en conflicto (Cardozo, 2000: 2).

Bibliografía consultada para la investigación:

  • –  Venker, S. (2007): Los 7 mitos de las madres trabajadoras. Madrid: Ciudad de los Libros.
  • –  Crittenden, A. (2001): The Price of Motherhood. Why the most important job in the world is still de least valued. Nueva York: Metropolitan Books.
  • –  Valenti, J. (2014): ¿Por qué tener hijos? Barcelona: Ediciones B.
  • –  Friedan, B. (1974): La mística de la feminidad. Ediciones Júcar: 
Madrid
  • –  Blanca Corujo, O. (1995): El largo camino hacia la igualdad. Feminismo en España 1975-1995 [catálogo exposición]. Ministerio 
de Asuntos Sociales, Instituto de la mujer: Madrid.
  • –  Schwartz, F. (2002): Cambio dos de veinticinco por una de cincuenta. Elogio de las mujeres con experiencia. Aguilar: Madrid.
  • –  Martín Carretero, C. (1999): Informa Aspasia. Las mujeres jóvenes: empleo, educación y familia. Mujeres Jóvenes: Madrid.
  • –  L’Ecuyer, C. (2015): Educar en el asombro. ¿Cómo educar en un mundo frenético e hiperexigente?. Plataforma editorial: Barcelona.
  • –  Rossen Cardozo, A. (1996): Sequencing. Brownstone books: USA.
  • –  Crittenden, D. (2000): What our mothers didn’t tell us. Why happiness eludes the modern woman. Nueva York: Touchstone.
  • –  Pich-Aguilera, R. (2015): ¿Cómo ser feliz con 1, 2, 3…hijos?. Madrid: 
Palabra.
  • –  Bustelo, M.; Lombardo, E. (2007): Políticas de igualdad en España y en Europa. Madrid: Cátedra.
  • –  Crittenden, A. (2004): If you’ve raised kids, tou can manage anything. 
Nueva York: Gotham Books.